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Medio ambiente

Pergelisol: tres claves del suelo helado que guarda el carbono

El pergelisol guarda el doble de carbono que la atmósfera. Así trabajan los científicos para entenderlo y protegerlo.

Bosque boreal sobre suelo helado en Alaska, con árboles dispersos y tundra en un día despejado

Bajo buena parte del norte del planeta hay un suelo que lleva helado miles de años. Se llama pergelisol, aunque mucha gente lo conoce por su nombre en inglés, permafrost. Ocupa cerca del 15 % de las tierras del hemisferio norte y casi nadie lo ve. Sin embargo, guarda algo enorme: unos 1,5 billones de toneladas de carbono, más o menos el doble del que hay ahora mismo en la atmósfera.

Ese suelo se está derritiendo, y eso pesa en el clima. Pero esta historia también tiene una cara constructiva: cada vez se sabe más sobre cómo funciona. Hay investigadores que preparan mapas para decidir qué zonas proteger primero. Hay propuestas para gestionar los incendios forestales de otra manera. Y hay esfuerzos para que los próximos informes climáticos de la ONU lo reflejen mejor. Para cuidar algo, primero hay que entenderlo. Estas son tres claves para hacerlo.

Qué es el pergelisol y por qué importa

El pergelisol es la capa de suelo que permanece congelada. La definición técnica es sencilla: basta con que un material esté helado durante dos años seguidos para que cuente como pergelisol. Pero la mayor parte del que existe hoy no se formó hace dos años, sino durante la última edad de hielo. Por eso, dentro hay materia orgánica que lleva congelada, y prácticamente encerrada, miles de años.

Mientras sigue helado, ese material está quieto. El problema llega cuando sube la temperatura. Al derretirse la capa, los microbios pueden empezar a descomponer esa materia orgánica. En el proceso liberan dióxido de carbono y metano, dos gases de efecto invernadero potentes que impulsan el cambio climático. Es como abrir un congelador que llevaba cerrado miles de años: lo que había dentro empieza a descomponerse.

Aquí aparece lo que los científicos llaman un bucle de retroalimentación. Más calor derrite más pergelisol. Más pergelisol derretido libera más gases. Y más gases calientan todavía más el planeta. Cada vuelta del círculo empuja la siguiente. Por eso, lo que ocurre en el suelo helado del Ártico afecta al clima de todo el planeta.

Los datos ya muestran el cambio. La subida constante de las temperaturas globales ha reducido en torno a un 12 % la superficie del pergelisol ártico desde 1850. Y el ritmo se ha acelerado en los últimos 50 años.

Tres cosas que conviene saber

1. Es un punto ciego en las previsiones del clima

Los informes climáticos de la ONU se apoyan en modelos: programas que simulan cómo evolucionará la temperatura del planeta. Son herramientas muy útiles, pero tienen huecos. Solo una minoría de los modelos que se han utilizado en esos informes tiene en cuenta la pérdida gradual del pergelisol. Es decir, la mayoría ni siquiera incluye que este suelo se va derritiendo poco a poco.

Hay un segundo hueco, más llamativo. Ninguno de esos modelos incluye el deshielo y el colapso bruscos que pueden producirse tras una ola de calor o un incendio. En esos casos, el suelo no se derrite despacio, sino de golpe. Y si eso no aparece en las simulaciones, la consecuencia es clara: probablemente se está subestimando cuánto y con qué rapidez se va a calentar el planeta.

La lectura positiva es que el punto ciego ya está identificado. Hay esfuerzos para que los futuros informes de la ONU recojan la creciente evidencia científica sobre el pergelisol. Así avanza la ciencia: se detecta lo que falta y se corrige. Con previsiones más completas, las decisiones sobre el clima podrán tomarse con datos más cercanos a la realidad.

2. Los incendios aceleran el deshielo

El fuego forma parte del ciclo de vida natural de los bosques boreales, los grandes bosques del norte, como los de Alaska. Arden de vez en cuando y vuelven a crecer. Pero los incendios son cada vez más intensos por culpa del cambio climático. Y hay un detalle clave: el fuego puede acelerar el deshielo del pergelisol que hay bajo esos bosques.

La cifra ayuda a entender la escala. Este efecto podría liberar a la atmósfera el equivalente a 80.000 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono para finales de siglo.

Hoy, en las zonas remotas de Canadá y Alaska, la norma general es dejar que los incendios sigan su curso mientras no amenacen zonas habitadas. Pero algunos investigadores proponen replantearlo. Creen que merece la pena estudiar cómo combatir estos incendios para salvar el carbono atrapado en los bosques y en el pergelisol que hay debajo.

Para eso, primero hay que saber dónde actuar. En el Woodwell Climate Research Center, un centro de investigación climática, están elaborando un mapa del riesgo de incendio y de la vulnerabilidad del carbono en toda Alaska. La idea es señalar dos cosas a la vez: las zonas donde es más probable que el fuego se propague y las que albergan los tipos de pergelisol que liberarían más emisiones.

Porque, sí, no todo el pergelisol es igual. Existe un tipo llamado yedoma, especialmente profundo y denso en carbono, que se formó a finales del Pleistoceno. Saber dónde está cada tipo permite priorizar. El mapa sirve justo para eso.

El mapa es solo el principio. Una vez localizadas las zonas prioritarias, queda decidir qué hacer. Sobre la mesa hay dos caminos:

  • Aumentar las quemas prescritas, fuegos controlados que se provocan a propósito. Los pueblos indígenas llevan miles de años haciéndolo, entre otras cosas para reducir el peligro de grandes incendios.
  • Dedicar recursos a la detección temprana y a apagar los fuegos antes de que crezcan.

Las dos opciones comparten algo: pasan de esperar a ver qué hace el fuego a planificar dónde y cómo intervenir. Y una de ellas se apoya en un conocimiento tradicional que se practica desde hace miles de años.

3. Las cuentas del carbono son más enrevesadas de lo que parecen

En el pergelisol hay unos 1,5 billones de toneladas de carbono, aproximadamente el doble del que hay en la atmósfera. Se sabe que su deshielo puede liberar gases de efecto invernadero e impulsar el cambio climático. Hasta ahí, la cuenta parece simple. Pero no lo es, y en esa complejidad también hay una parte esperanzadora.

Otros efectos del deshielo y de la recuperación tras los incendios podrían compensar parte del carbono perdido. Un ejemplo: a medida que suben las temperaturas, las plantas pueden desplazarse poco a poco hacia el norte y arraigar en lugares donde antes no podían crecer. Al crecer, esas plantas absorben carbono de la atmósfera y vuelven a guardar, al menos en parte, lo que se había emitido.

Eso no significa que el problema se resuelva solo. Significa que las predicciones son muy complejas. Cuánto carbono pierde el pergelisol y cuánto recupera una zona concreta depende de una larga lista de factores. Entre ellos:

  • La gravedad de los incendios que han acelerado el deshielo en cada lugar.
  • El clima y el entorno de la zona.
  • El tipo de pergelisol que está en juego.

Los investigadores trabajan para entender mejor este ecosistema. Y ocurre algo curioso: cuanto más se aprende, más complicado parece el panorama. Lejos de ser un fracaso, eso indica que la ciencia está afinando la imagen y dejando atrás las cuentas simplistas.

Qué viene ahora

El pergelisol seguirá siendo un tema central en la ciencia del clima, y los próximos pasos ya se ven. En Alaska, el mapa de riesgo de incendio y vulnerabilidad del carbono del Woodwell Climate Research Center ayudará a decidir dónde concentrar los esfuerzos. Después llegará el debate práctico: más quemas prescritas, más detección temprana o ambas cosas.

En paralelo, hay esfuerzos para que los futuros informes de la ONU incluyan lo que ya se sabe sobre este suelo helado. Si los modelos incorporan tanto el deshielo gradual como los colapsos repentinos tras olas de calor e incendios, las previsiones serán más completas.

Y queda mucho por estudiar sobre cómo responde el ecosistema: cuánto carbono pueden recuperar las plantas que avanzan hacia el norte, cómo influye la gravedad de cada incendio y qué peso tiene cada tipo de pergelisol, como la yedoma. Son preguntas difíciles, pero ya hay investigadores buscando las respuestas.

El pergelisol lleva miles de años guardando carbono en silencio. Ahora recibe la atención que necesita. Conocerlo mejor es la mejor forma de protegerlo.

Una historia contada desde el terreno

Mucha gente sabe que el pergelisol se está derritiendo y que importa para el clima, y poco más. Estas tres claves salen de un trabajo de campo concreto. El periodista James Temple publicó dos reportajes en profundidad sobre este suelo helado.

Para hacerlo viajó a los bosques boreales de Alaska. Llegó en helicóptero a zonas salvajes y apartadas. Su objetivo era entender cómo puede afectar el pergelisol al clima, tanto ahora como en el futuro.

Cada reportaje mira el problema desde un ángulo distinto. El primero sigue los esfuerzos para hacer frente a los incendios, cada vez más intensos, que amenazan el pergelisol. El segundo explica cómo los investigadores intentan desenredar la maraña de posibles efectos sobre el clima. Juntos ofrecen una imagen más completa de este suelo que casi nadie ve.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el pergelisol?

Es la capa de suelo congelado que hay bajo cerca del 15 % de las tierras del hemisferio norte. Técnicamente, basta con que un material esté helado dos años seguidos, pero la mayor parte del pergelisol actual se formó durante la última edad de hielo.

¿Por qué su deshielo afecta al clima?

Al derretirse, los microbios descomponen la materia orgánica que llevaba congelada miles de años y liberan dióxido de carbono y metano, gases de efecto invernadero que aceleran el calentamiento.

¿Cuánto carbono guarda el pergelisol?

Unos 1,5 billones de toneladas, aproximadamente el doble del carbono que hay en la atmósfera.

¿Qué se puede hacer para protegerlo?

En el Woodwell Climate Research Center preparan un mapa del riesgo de incendio y de la vulnerabilidad del carbono en Alaska. Entre las opciones que se plantean están más quemas prescritas y la detección temprana para apagar los fuegos antes de que crezcan.

Por la redacción de GUAY.news.

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