¿Puede una estancia ganadera producir y, a la vez, recuperar el suelo y la vegetación en plena Patagonia? Es la pregunta que se hace desde hace años Fortín Chacabuco, un predio ubicado dentro de la Reserva Nacional Nahuel Huapi, en la provincia de Neuquén (Argentina), que funciona como plataforma de investigación bajo la supervisión de The Nature Conservancy (TNC).
La respuesta, al menos en lo que se refiere al suelo, llegó con números: según Gwendolyn Hulsegge, coordinadora de proyectos de conservación, al comparar las muestras obtenidas en 2014 y en 2019 se registró un incremento del 46% de materia orgánica. El dato aparece junto a otro cambio de calado en la estancia: la cría de ovejas quedó atrás y el campo se reorientó hacia las vacas.
Cómo se llegó a esa cifra
El punto de partida fue 2014. Ese año el predio dividió su extensión en 20 sectores para ordenar los desplazamientos del ganado, una rotación de potreros que, según informó TN, buscaba limitar el tiempo que los animales permanecían en cada zona y dar a la vegetación la oportunidad de recuperarse antes de una nueva entrada. La estrategia se integró en un esquema de manejo holístico que acabó con la permanencia prolongada de los animales en una misma superficie.
El plan corregía un desequilibrio previo, según CREA: los mallines, esas zonas húmedas tan valiosas, sufrían un exceso de pastoreo, mientras la estepa permanecía subaprovechada. Con la rotación, la carga de animales se repartía de otra manera sobre el terreno.
La medición del suelo se apoyó en dos muestras, la de 2014 y la de 2019. De su comparación sale el 46% que cita Hulsegge. Los textos disponibles no detallan el método con el que se midió la materia orgánica, un aspecto que conviene tener presente al interpretar la cifra.
De las ovejas a las vacas
El plan transformador requirió reestructurar el manejo del ganado e interrumpió la cría ovina. La decisión de vender los 1.000 ovinos surgió, según se explica, ante la presión constante de la fauna silvestre y la amenaza del riesgo sanitario regional. No consta en los datos disponibles cuándo se vendieron ni la fecha exacta en que se tomó la decisión.
Entre esos riesgos figura una enfermedad cutánea causada por el ácaro Psoroptes ovis, que destruye el vellón, genera severas lesiones y provoca cuantiosas pérdidas económicas en las ovejas. Según informes del INTA Bariloche, el clima gélido junto a la humedad alta favorece la propagación de este parásito en el territorio, de modo que las majadas ovinas locales sufren un peligro epidemiológico continuo durante largos períodos del año.
Tras desprenderse del ganado menor, el establecimiento reorientó su actividad hacia un rodeo de 100 bovinos. La estancia concentró su estrategia en las razas Angus y Hereford, con mayor peso del Angus. Hulsegge explicó a CREA el motivo de esa preferencia: «El Angus se adapta mejor al frío y es más fácil de manejar».
Un matiz importante: según los textos, el incremento de materia orgánica se refleja en el ajuste entre las evaluaciones de 2014 y 2019, sin que se atribuya expresamente al reemplazo de ovejas por vacunos. Es decir, la mejora del suelo y el cambio de especie conviven en la misma historia, pero la información disponible no establece que uno sea la causa del otro. Tampoco queda claro si los 100 bovinos del rodeo y los 120 vientres que confirmó la vocera del predio en abril de 2025 corresponden a momentos distintos o a categorías diferentes.
Qué abre a partir de ahora
La meta trazada contempla el incremento gradual del plantel vacuno mediante esquemas de reproducción propia. Los textos no indican plazos concretos para lograrlo.
Más allá del rodeo, Fortín Chacabuco sigue siendo un laboratorio al aire libre. TNC evalúa estrategias orientadas a resguardar la vegetación autóctona, los recursos hídricos y las especies autóctonas del territorio, y analiza la condición de la tierra, la vegetación, las fuentes hídricas y las especies invasoras para fundamentar sus decisiones. La organización señala que el diagnóstico del establecimiento excede la métrica del 46%.
La institución impulsa además investigación aplicada junto a otras entidades sobre producción sostenible y cambio climático. En palabras de TNC, «el proyecto mantiene alianzas con investigadores, productores y entidades educativas para estudiar alternativas de manejo en la Patagonia».
Así, la pregunta inicial sigue abierta en parte. El suelo de este rincón del norte patagónico guarda hoy mucha más materia orgánica que hace unos años, y el modelo que combina rotación de potreros, un manejo adaptado a las condiciones locales y seguimiento científico ofrece una vía para producir sin degradar. Lo que resta por afinar, con más datos y más tiempo, es cuánto de esa mejora se debe a cada decisión.
Por la redacción de GUAY.news.





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