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Sociedad

Un desconocido paga la comida de 27 personas con discapacidad

Un comensal anónimo pagó el almuerzo de 27 personas con discapacidad de un centro comunitario de Incheon, en Corea del Sur.

Grupo de personas sentadas en un restaurante de barbacoa con una mesa llena de platos y parrillas

Un grupo de 27 personas de un centro comunitario para personas con discapacidad de Incheon, en Corea del Sur, se llevó una sorpresa al pedir la cuenta tras comer en un restaurante de barbacoa: un cliente que ya se había ido la había pagado entera. Fueron 600.000 wones, unos 420 dólares, y el desconocido no dejó ni su nombre.

La historia la cuenta Kim, voluntaria del centro, que la define como una jornada que no olvidará. El gesto, dice, les recordó que «todavía hay mucha gente cálida» a su alrededor.

Una jornada de salida que acabó con sorpresa

El grupo estaba formado por personal del centro y por residentes con discapacidad de Incheon. La salida la organizaron el personal y los voluntarios del Jemulpo-gu Hanmaum Community Welfare Center. Por la mañana visitaron varios lugares de la ciudad, entre ellos el Parque del Lago Cheongna, y después fueron a almorzar a un restaurante de barbacoa del distrito de Seohae, en Incheon, una ciudad situada al oeste de Seúl.

Según el relato de Kim, salieron de casa con ilusión para pasar el día fuera. Nada hacía pensar que la comida terminaría de otra manera que con el trámite habitual de pagar. Pero al llegar ese momento descubrieron que la cuenta había subido de forma inesperada.

La explicación estaba en un comensal que había terminado de comer y se había marchado antes que ellos. Ese cliente había añadido a su pedido más de 100 dólares en carne de vacuno premium, con lo que el total pasó de 410.000 a 600.000 wones. Y lo había pagado todo, sin decir nada más.

Un gesto anónimo, y un restaurante que se sumó

Quien impulsó la ayuda fue una sola persona, y no se sabe quién es. Según lo que oyeron en el restaurante, quiso hacer algo significativo después de ver entrar a un grupo de una instalación de bienestar a comer. Kim cuenta que supieron también que esa persona había vivido en Hawái, en Estados Unidos, aunque ese dato no está confirmado: el propio dueño del local asegura que el cliente solía cenar allí de vez en cuando, lo que no encaja del todo con esa versión.

El dueño del restaurante sí entendió a tiempo lo que ocurría. Aprovechó para regalar al comensal una botella de vino y, además, aplicó un descuento a la cuenta del grupo de 27 personas. No consta de cuánto fue esa rebaja.

Para Kim, lo más difícil fue no poder dar las gracias. «Fue decepcionante que ni siquiera pudiéramos saber el nombre de la persona que hizo esto», reconoce. No hubo ocasión de agradecérselo en persona ni de conocer más detalles que los pocos que dejó caer el propio restaurante.

Lo que se sabe y lo que no

Lo que consta

  • El grupo tenía 27 personas, entre personal del centro y residentes con discapacidad.
  • La cuenta final fue de 600.000 wones, frente a los 410.000 de la comida sin el pedido adicional.
  • El comensal añadió más de 100 dólares en carne de vacuno premium, y pagó la cuenta completa antes de irse.
  • El dueño del restaurante regaló una botella de vino al comensal y aplicó un descuento al grupo.

Lo que no consta o no está confirmado

  • El nombre y la identidad del comensal, y que haya vivido en Hawái.
  • El nombre del restaurante y del dueño.
  • La fecha de la visita y la de publicación de la noticia.
  • El cambio de moneda usado para expresar la cuantía en dólares.
  • La cantidad del descuento que aplicó el restaurante.
  • El nombre completo de Kim y su cargo exacto, más allá de voluntaria del centro.

Lo que queda de aquel almuerzo

Kim lleva años como voluntaria y asegura que ver algo así tiene un valor especial. «He servido a esta comunidad durante mucho tiempo, pero ver a alguien hacer una buena acción por personas con las que no tenía ninguna relación fue una experiencia especial», cuenta.

Para el grupo, el significado fue más allá de la comida: «Lo que recibimos no fue solo una comida», resume. Y añade que fue «una experiencia valiosa que nos recordó que todavía hay mucha gente cálida a nuestro alrededor».

Con el desconocido sin identificar, a Kim solo le queda un deseo: «Espero que la gratitud de los 27 llegue a esa persona». Mientras tanto, la historia se ha ido contando precisamente por eso, porque el protagonista no quiso reconocimiento y, aun así, dejó huella en quienes compartieron mesa sin saberlo.

Por ahora no hay información sobre próximos pasos, ni sobre si el centro, el restaurante o el comensal tienen previsto algo más. El único hecho cerrado es el que recogen las cifras: una cuenta de 600.000 wones pagada por alguien que no quiso ser identificado.

Por la redacción de GUAY.news.

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