La parroquia de Guldriz, en el municipio de Friol, organizó un acto para reconocer la labor de Antonio López Valcárcel, don Antonio, a quien todos conocen así. Vecinos, compañeros y familiares se reunieron en la iglesia para una misa y, después, en una comida compartida. Lo que se celebraba era una trayectoria de 55 años de dedicación a la comunidad.
El homenaje tiene un rasgo que lo distingue: el protagonista no lo esperaba. Según quienes lo prepararon, la iniciativa se mantuvo en secreto para que don Antonio no sospechara nada, y eso explica la emoción con la que reaccionó. El acto reunió a muchísima gente, procedente de casi todas las parroquias que el sacerdote atendió a lo largo de su vida.
La fecha exacta de la celebración no consta en la información disponible, pero sí el modo en que se organizó: con la colaboración de numerosos vecinos, tanto en los preparativos como en la comida posterior. La propia organización resume el sentimiento general con una frase sencilla: «Cincuenta y cinco años es toda una vida».
Una sorpresa preparada en secreto
Don Antonio llegó al acto sin contar con él. «Fue muy bonito. Yo no contaba con eso, fue casi una sorpresa», explica el sacerdote al recordar la jornada. La organización confirma que se emocionó mucho y que se encontró muy dichoso al ver que los vecinos invitaban también a su familia, para que pudiera comprobar el aprecio que le tienen.
Esa invitación a los familiares fue, según quienes prepararon el homenaje, uno de los gestos que más pesaron. No se trataba solo de agradecer una trayectoria, sino de que los suyos la vieran reflejada en las personas que llenaron la iglesia y en quienes participaron después en la comida.
«Se emocionó mucho y se encontró muy dichoso de que nosotros, como vecinos, invitáramos a su familia y que pudieran ver el aprecio que realmente le tenemos.»
Organización del homenaje
Llegada a Friol en 1972 y diez parroquias atendidas
La historia de don Antonio en Friol arranca en marzo de 1972. Tenía entonces 28 años y llegó acompañado por su hermana. Antes de instalarse en el municipio había ejercido durante cuatro años y medio en otras parroquias de As Nogais, de modo que su camino pastoral ya había empezado cuando puso rumbo a Guldriz.
Con el paso del tiempo, su labor se fue ampliando hasta abarcar 10 parroquias. Ese dato explica por qué el homenaje congregó a vecinos de tantos lugares distintos: cada una de esas comunidades guarda su propia relación con él, y buena parte de ellas estuvo representada en la iglesia de Guldriz.
El propio sacerdote lleva la cuenta de su recorrido con precisión: «Hace para marzo 59 años de sacerdote», señala. El texto no aclara a qué año se refiere ese cómputo, de modo que la cifra se recoge tal como la dio él, sin fijar la fecha de referencia.
55 años de dedicación a los vecinos, motivo del homenaje.
10 parroquias atendidas a lo largo de su trayectoria.
4 años y medio de ejercicio en otras parroquias de As Nogais antes de llegar a Friol.
Un domingo de misa y una comida compartida
La jornada empezó en la iglesia, con una misa, y continuó con una comida compartida. El menú, según la organización, fue una pulpada con carne asada y demás. La comida sirvió para que los asistentes compartieran la celebración fuera del templo, en un ambiente que el homenaje buscaba cercano y sin grandes discursos.
Los datos disponibles señalan que numerosos vecinos colaboraron tanto en los preparativos como en el banquete posterior. Esa participación explica la forma del acto: no fue una iniciativa de una sola persona ni de un solo colectivo, sino el resultado del trabajo conjunto de la comunidad.
La afluencia fue otro de los rasgos destacados. Acudió muchísima gente, procedente de casi todas las parroquias que el sacerdote llegó a atender. La organización lo resume así:
«Muchísima gente, vino de casi todas las parroquias que él atendió.»
Organización del homenaje
Menos misas por motivos de salud
La actividad pastoral de don Antonio se ha reducido por motivos de salud. Fue el obispo quien le pidió que descansara y quien nombró a otro sacerdote para atender esa labor. «Me dijo el señor obispo que descansara y entonces nombró otro sacerdote para allá», relata él mismo.
Descansar no significa desaparecer. Los domingos sigue acudiendo a celebrar la misa junto al cura de la parroquia, mientras que el resto de la semana ya no oficia. «Los domingos voy a celebrar la misa con el cura y los otros días, pues ya no celebro», resume.
Sobre cómo le tratan sus feligreses, don Antonio no tiene dudas: «Me tratan bien, con respeto, con educación». Y añade una reflexión sobre el origen de ese buen trato: «Para eso lo hemos inculcado siempre los sacerdotes, y por lo tanto, ellos aprendieron, porque tienen buenas cualidades para reflexionar y para darse cuenta de todo».
«No lo merezco»: la humildad del homenajeado
Preguntado por el reconocimiento, el sacerdote lo recibe con una modestia que no suena a fórmula. «No lo merezco, porque no soy tan presumido para desear tantas cosas», afirma. Para él, lo esencial está en otro plano, el de su relación con Dios y con los fieles.
«Lo importante es que Dios me lo agradezca y me dé fortaleza para seguir ejerciendo la fe, esperanza y caridad que siempre he encargado a mis feligreses.»
Antonio López Valcárcel, sacerdote
La respuesta resume el tono de toda la jornada: un homenaje cálido, en el que el protagonista prefiere mirar hacia lo que sigue pidiendo a sus feligreses antes que hacia lo que ya ha hecho.
Las colmenas y la plaga de velutinas
Fuera del altar, don Antonio dedica su tiempo libre a la apicultura. Es una afición de peso en su vida: «Algún año he cuidado más de cien colmenas», cuenta. El dato sitúa en otro plano el trabajo que realizaba junto a las abejas, durante años en los que la actividad se mantuvo a gran escala.
Esa afición ha sufrido un golpe duro. «El año pasado las velutinas me las mataron a todas», lamenta, en referencia a la avispa asiática. De más de cien colmenas en algunos años, pasó a no tener ninguna: la plaga acabó con todo lo que tenía.
El sacerdote no se queda en el lamento y reclama una respuesta pública: «No sé cómo la Administración no hace otros esfuerzos para eliminar o tratar de eliminar esa plaga». Es la única nota de queja en una jornada, por lo demás, de agradecimiento.
Don Antonio en cifras
- 55 años de dedicación a los vecinos, motivo del homenaje.
- Llegada a Friol en marzo de 1972, con 28 años y acompañado por su hermana.
- 4 años y medio previos en otras parroquias de As Nogais.
- 10 parroquias atendidas a lo largo de su trayectoria.
- Más de cien colmenas cuidadas en algún año, perdidas el año anterior por las velutinas.
Qué significa el homenaje y qué queda por delante
Según la organización, el acto refleja el cariño que la comunidad profesa a don Antonio. El emotivo recibimiento, la invitación a su familia y la asistencia de vecinos llegados de casi todas las parroquias que atendió son, para quienes lo organizaron, la prueba de ese afecto repartido por todo el entorno.
La información disponible no aporta valoraciones de expertos ni más alcance del homenaje. Tampoco constan próximos pasos, nuevas fechas ni compromisos derivados del acto. Lo que queda documentado es un día dedicado a reconocer, en vida y rodeado de los suyos, la labor de una persona que lleva décadas acompañando a sus vecinos.
Por la redacción de GUAY.news.





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