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Ciencia

Hallan 50 huellas de dinosaurio de 65 millones de años en Michoacán

Vecinos de San Juan de los Plátanos alertaron de unas marcas en un arroyo: el INAH documenta al menos 50 huellas fosilizadas del Cretácico.

Plataforma de roca en un arroyo con huellas fosilizadas de dinosaurio, con especialistas trabajando al fondo

Unos vecinos de San Juan de los Plátanos, una comunidad del municipio de Apatzingán, en Michoacán, notaron hace poco unas marcas inusuales sobre la roca del cauce de un arroyo. Eran grandes, regulares y demasiado extrañas para ser obra de la erosión. Dieron aviso a las autoridades y, según se recoge, las describieron como huellas de «animales gigantes».

Los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han confirmado el hallazgo de al menos 50 huellas fosilizadas de dinosaurios de distintas especies, con una antigüedad de unos 65 millones de años, a finales del Cretácico. Se trata del cuarto sitio con huellas de dinosaurio identificado en Michoacán, un estado donde hasta ahora solo se conocían tres.

El equipo ya trabaja sobre el terreno y el número de pisadas podría crecer, porque todavía quedan espacios por revisar. Lo que sigue es un repaso de lo que se sabe hasta ahora: qué se ha encontrado, cómo se llegó al hallazgo, qué animales pudieron dejar esas marcas y por qué los especialistas le dan importancia.

Qué se ha encontrado exactamente

Las huellas están sobre una plataforma de roca sedimentaria situada en el borde del río, en el cauce de un arroyo de San Juan de los Plátanos. Las fuentes hablan de más de 50 o de al menos 50 pisadas, una cifra que puede aumentar a medida que avancen la excavación, la limpieza y la exploración del lugar.

El área documentada ocupa unos 40 metros cuadrados. Las pisadas miden entre 12 y 48 centímetros de largo y hasta 30 centímetros de ancho. Una de las fuentes ofrece la superficie como «unos 13 pies», sin precisar si es lineal o cuadrada, de modo que la cifra de 40 metros cuadrados es la más consistente con el resto de la información disponible.

Los investigadores señalaron que las impresiones en la piedra pertenecen a dinosaurios carnívoros y herbívoros de talla mediana y grande. Además, las huellas revelan ejemplares de distintos tamaños y edades que transitaron por el lugar, lo que apunta a una zona de paso frecuentada por varios animales a la vez.

Este tipo de registro, en el que se conserva la impresión de la pata sobre el sustrato, es lo que los especialistas llaman icnitas. No son restos óseos del animal, sino el rastro que dejó al caminar sobre un terreno blando que después se endureció y quedó fosilizado.

Cómo se llegó al descubrimiento

Todo empezó con el aviso de los habitantes de la comunidad, que reportaron las marcas a las autoridades. El INAH envió personal especializado para evaluar el sitio y encargó al investigador Raymundo Cervantes Barriga, del Centro INAH Michoacán, la elaboración de un dictamen.

Las primeras revisiones confirmaron que se trataba de pisadas de dinosaurios. El equipo comenzó a documentar y registrar el lugar el 21 de octubre, fecha que sirve de punto de partida para el trabajo de campo.

La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó el papel de los pobladores, cuya intervención permitió activar el trabajo de los especialistas. Recordó que el INAH, que depende de la Secretaría de Cultura del Gobierno federal, deberá estudiar y proteger el sitio para las generaciones futuras. Sobre las huellas, afirmó:

«Estas huellas nos acercan a una historia del territorio mexicano de hace millones de años.»

Claudia Curiel de Icaza, secretaria de Cultura del Gobierno de México

El aviso ciudadano tuvo, por tanto, una consecuencia directa: sin esa alerta, las marcas podrían haber pasado desapercibidas en un cauce expuesto a la intemperie. Desde el primer momento, la intervención de la comunidad se planteó como parte del proceso de documentación.

Qué dinosaurios dejaron estas pisadas

La forma, el tamaño, la cantidad de dedos y la profundidad de las pisadas han permitido una identificación inicial de tres grupos de dinosaurios. Es una identificación preliminar que deberá confirmarse con los protocolos de estudio paleontológico.

  • Terópodos carnívoros de gran tamaño: sus pisadas podrían corresponder a tiranosáuridos y se caracterizan por tener tres dedos. Podían alcanzar hasta 4 metros de altura.
  • Dinosaurios de pico de pato (hadrosáuridos): herbívoros cuyas pisadas presentan tres dedos con extremos redondeados. Podían alcanzar también hasta 4 metros de altura.
  • Raptores (familia Dromaeosauridae): se han hallado marcas con características similares a las que dejaban estos animales, también con tres dedos. Llegaban a medir hasta 2 metros de altura.

Conviene subrayar que la atribución a tiranosáuridos y a hadrosáuridos es una hipótesis de trabajo. Los textos no concretan cuántas especies están representadas en el yacimiento, y el arqueólogo José Luis Punzo Díaz, que participa en los trabajos, lo reconoció así:

«Todavía no se determina cuántas especies se vayan a identificar con los protocolos de estudio paleontológico.»

José Luis Punzo Díaz, arqueólogo

La diferencia entre «dinosaurios de distintas especies» y el número exacto de especies es importante para leer bien el hallazgo. Lo que se ha documentado hasta ahora es la presencia de rastros de animales de distintos tipos y tamaños; la determinación de cada especie queda pendiente.

Qué indica cada tipo de pisada

Según la descripción de los especialistas, las marcas de los tres grupos comparten un rasgo visible: tres dedos. La diferencia está en la forma de esos dedos y en el tamaño y la profundidad de la huella. En los hadrosáuridos, los extremos son redondeados; en los terópodos de gran tamaño, las pisadas podrían corresponder a tiranosáuridos; y las marcas de los raptores presentan características similares a las de estos animales.

Cómo era el lugar hace 65 millones de años

Durante el Cretácico tardío, la región probablemente contaba con cuerpos de agua a los que los dinosaurios se acercaban para alimentarse. Esa presencia de agua explicaría que animales tan distintos, carnívoros y herbívoros, coincidieran en el mismo punto y dejaran sus rastros en el sustrato.

La convivencia de distintos tipos de dinosaurios en una misma zona es precisamente lo que, según Cervantes Barriga, da valor al hallazgo. Para el investigador, su importancia no se limita a la cantidad de pisadas, sino a la posibilidad de estudiar huellas de diferentes dinosaurios en un mismo lugar, algo que permite comparar sus movimientos sobre un mismo terreno.

También se ha señalado que la serie de huellas podría prolongarse varios metros más allá de la zona examinada, algo que los trabajos de exploración deberán comprobar. Por ahora, el perímetro documentado es solo una parte de lo que el yacimiento podría contener.

Cómo se estudian las huellas

El trabajo combina varias técnicas para registrar y analizar un patrimonio frágil que está a la intemperie, a la orilla de un cauce. Cada especialista aporta una parte distinta del estudio.

  • Análisis geológico: el geólogo Jasinto Robles Camacho tomó muestras del sustrato rocoso para estudiar la roca donde quedaron impresas las pisadas.
  • Fotogrametría: la arqueóloga María Fernanda Cabrera encabeza el levantamiento de imágenes de las huellas para analizar su distribución.
  • Moldes: el biólogo y paleontólogo José Luis Ávila está a cargo de elaborar los moldes que registran las características de cada huella.
  • Identificación preliminar: en ella colabora Carlos A. Hernández Luna.

Con estos datos se podrá estudiar la locomoción de los animales, la dirección en la que caminaban y aspectos de su convivencia y comportamiento. Punzo Díaz lo resumió al explicar qué puede aportar la variedad de marcas:

«La locomoción, la dirección de su marcha y, con ello, la convivencia entre especies, el comportamiento y la morfología.»

José Luis Punzo Díaz, arqueólogo

Las pisadas de un mismo lugar permiten reconstruir si los animales se movían en la misma dirección, si caminaban en grupo o si coincidían en el tiempo. Esa es la información que la fotogrametría y los moldes permiten conservar y comparar, incluso cuando el cauce cambie con las lluvias.

Huellas de dinosaurio en México

El INAH tiene registrados poco más de 30 sitios con icnitas (huellas fosilizadas de dinosaurio) en estados como Puebla, Coahuila, Oaxaca, Chihuahua, Sonora, Durango y Michoacán. Una de las fuentes indica que la mayoría de esos sitios se encuentra en el norte del país. En Michoacán se conocían tres: Playa Azul (Lázaro Cárdenas), El Aguaje (Aguililla) y la zona limítrofe entre Tiquicheo y Tuzantla. San Juan de los Plátanos es el cuarto.

Por qué importa este yacimiento

Los especialistas consideran el yacimiento un acontecimiento poco común para la ciencia, por su antigüedad y por su estado de conservación en Michoacán. Cervantes Barriga lo expresó así:

«Hay muchos sitios paleontológicos, pero pocos conservan evidencias con tales temporalidades.»

Raymundo Cervantes Barriga, investigador del Centro INAH Michoacán

La diversidad de tipos de dinosaurios en una misma zona podría ampliar el conocimiento sobre la vida prehistórica en México y aportar pistas nuevas sobre cómo se desplazaban y convivían estas especies. Para la ciencia, cada sitio nuevo permite contrastar lo que ya se sabe sobre la distribución de estos animales en el país.

Hay además un valor educativo y cultural. Cervantes Barriga planteó que el sitio puede motivar a las infancias de las comunidades cercanas a conocer el patrimonio paleontológico de su región, y las autoridades locales y los investigadores destacaron que el lugar impulsará el interés educativo y cultural en la zona.

Qué viene ahora

Los trabajos de documentación, excavación, limpieza y análisis continúan, y los especialistas revisarán nuevas áreas, por lo que el número de huellas podría aumentar. Seguirán los análisis geológicos de las muestras de roca, la fotogrametría y la elaboración de moldes.

La identificación de los grupos de dinosaurios es preliminar y deberá confirmarse con los protocolos paleontológicos. Hasta entonces, la atribución a tiranosáuridos y a hadrosáuridos sigue siendo una hipótesis de trabajo, y tampoco se ha fijado el número de especies.

El INAH busca estudiar y proteger el yacimiento, y el área será resguardada para continuar con los estudios y conservar este patrimonio paleontológico. Para una comunidad que dio la voz de alarma ante unas marcas extrañas en la roca, el aviso ha abierto una ventana a un territorio que existía hace 65 millones de años.

Por la redacción de GUAY.news.

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