Circula estos días la idea de que coger en brazos a los gatos hace más sociables y maduros a los adultos que lo hacen. La ciencia cuenta algo distinto. Quienes salen ganando son, sobre todo, los gatos. Los gatitos que se manipulan con frecuencia entre la segunda y la séptima semana de vida tienden a ser más amigables y menos temerosos. Además, alcanzan antes la madurez.
Lo explica Juliane Bräuer, doctora en Psicología y directora del laboratorio DogStudies del Instituto Max Planck de Geoantropología. Bräuer ha repasado en un análisis divulgativo lo que se sabe hoy sobre la conducta felina y en qué se diferencia de la de los perros. Su conclusión deja una frase que cualquier persona con gato entenderá: estos animales son «mucho más sociables de lo que esperaba».
Es una buena noticia para quien convive con un gato o piensa en adoptar uno. El contacto de las primeras semanas deja huella en el carácter del animal. Y quien acaricia a su gato también recibe algo a cambio. Otros trabajos de psicología relacionan ese contacto con la calma, el apego y la reducción del estrés, siempre que se respete el ritmo del animal.
Las semanas que marcan el carácter de un gato
Los gatos tienen fama de independientes. Pero su relación con las personas es más compleja de lo que parece. La investigación científica apunta a que el contacto durante las primeras semanas de vida resulta determinante para su comportamiento futuro.
Bräuer destaca que la socialización temprana influye de forma significativa en el vínculo que los gatos desarrollan con las personas. Hay una franja especialmente importante: la que va de las dos a las siete semanas de vida. Lo que ocurre en ese periodo cuenta mucho.
Según la investigadora, los gatos manipulados con frecuencia durante esas semanas muestran tres diferencias claras:
- Tienden a ser más amigables.
- Son menos temerosos.
- Alcanzan la madurez antes.
Dicho de forma sencilla: tocar, coger y manipular a un gatito a menudo en esa etapa le ayuda a crecer más cómodo con las personas. Es una ventana corta, de unas cinco semanas. Por eso importa tanto lo que pasa en las casas, protectoras y criaderos donde nacen los gatos.
Eso no significa que todos los gatos vayan a salir iguales. Bräuer recuerda que unos ejemplares son más sociables que otros. Las preferencias individuales de cada animal pesan. Igual que pesan en la relación que los gatos mantienen entre ellos.
Esa es otra idea que la investigadora quiere desmontar en parte. Aunque los gatos conservan su reputación solitaria, también pueden establecer relaciones sociales con otros gatos. Influyen la comida disponible, el refugio y la posibilidad de encontrar pareja. Y también el carácter de cada uno. Algunos se acicalan entre ellos y se reconocen mediante señales olfativas. Incluso hay investigaciones sobre las sustancias químicas que les permiten identificar a individuos conocidos.
Un animal que se domesticó a sí mismo
Para entender por qué los gatos se comportan como lo hacen, Bräuer mira a su origen. Descienden del gato montés africano. Empezaron a acercarse a los asentamientos humanos hace entre 10.000 y 5.000 años.
Nadie fue a buscarlos. Según la investigadora, los gatos no fueron domesticados directamente por las personas. En cierto modo, se domesticaron a sí mismos. En las aldeas había ratones y ratas, y esa comida fácil favoreció que se quedaran cerca de los humanos.
Al principio, su función era práctica: controlar las plagas que amenazaban las reservas de alimentos. Solo después desarrollaron comportamientos afiliativos hacia las personas, es decir, conductas de acercamiento y de vínculo. Esa evolución ayudó a construir los lazos afectivos que hoy se ven en cualquier casa con gato.
Esta historia explica en parte su fama. El gato llegó a la vida humana por interés propio y a su ritmo. El perro tuvo otro recorrido. Por eso, cuando se comparan ambos animales en un laboratorio, las diferencias no siempre significan lo que parece a primera vista.
Lo que la ciencia sabe ya de su mente
Bräuer reconoce que todavía se sabe relativamente poco sobre las capacidades cognitivas de los gatos. El motivo tiene su gracia: a diferencia de los perros, no siempre muestran motivación suficiente para participar en los experimentos. Y eso complica interpretar bien los resultados.
Aun así, la investigación ya ha dejado datos claros sobre cómo se relacionan con las personas:
- Reconocen a sus dueños y distinguen su voz de la de personas desconocidas.
- Suelen responder orientándose hacia el sonido, en lugar de comunicarse directamente.
- Pueden seguir los gestos humanos para localizar comida escondida.
- Muestran apego hacia sus cuidadores en experimentos diseñados para estudiar los vínculos afectivos.
- Juegan con personas, con otros animales y con objetos.
También hay matices. Los gatos no siempre buscan ayuda humana cuando se enfrentan a un problema que no pueden resolver. Y los experimentos en los que deben tirar de una cuerda para conseguir comida no permiten sacar conclusiones definitivas sobre si entienden la relación de causa y efecto.
Aquí Bräuer insiste en un punto clave. Que un gato responda de forma poco evidente no demuestra que tenga menos capacidad. Puede que, sencillamente, no le apetezca colaborar. La falta de motivación es una posibilidad que la investigadora considera fundamental al evaluar los resultados experimentales.
Su balance es optimista. Existe un conocimiento científico cada vez mayor sobre estos animales. Y lo que aparece en los estudios desmiente buena parte del tópico del gato frío y distante. Así lo resume la investigadora:
«Mucho más sociables de lo que esperaba».
Bräuer añade que los gatos a veces se comportan como perros, pero también tienen formas propias de relacionarse. Mirar hacia una voz conocida en lugar de acudir corriendo puede ser, a su manera, una respuesta.
Y a las personas, ¿qué les aporta el contacto con su gato?
La idea que circula pone el foco en los humanos. En ese terreno, lo que hay son estudios sobre los rasgos que comparten quienes prefieren a los gatos o buscan su contacto, y sobre los efectos de ese contacto. No dicen que coger a un gato haga a nadie más maduro, pero sí cuentan cosas interesantes.
La psicóloga Patricia Pendry explica que las personas emocionalmente sensibles tienden a formar lazos más estrechos con los gatos, aunque estos animales suelen ser más reservados y sutiles. Es decir, el vínculo con un gato pide atención a los pequeños gestos.
El psicólogo Samuel D. Gosling se fija en la curiosidad:
«Las personas a las que les gustan los gatos tienden a estar más abiertas a la experiencia que el resto. Este tipo de perfiles está abierto a nuevas ideas y experiencias, compartiendo con sus amigos felinos esa gran curiosidad por el mundo que les rodea».
Verónica West, por su parte, habla del espacio propio. «Las personas a las que les gustan los gatos aprecian su espacio personal por encima de lo que lo hacen otras personas. Además, valoran más aquellas relaciones que no requieren de una atención constante», explica. Según West, quienes prefieren a los gatos se manejan mejor con interacciones de baja intensidad y con un afecto más sutil.
Los especialistas en comportamiento animal señalan también que las personas que acarician más a sus perros y gatos tienden a ser más empáticas y sensibles. Les resulta más fácil ponerse en el lugar de su animal y entender sus emociones. Por eso suelen darse cuenta antes de cuándo está feliz, nervioso o asustado.
El contacto tiene además una parte física. Acariciar a un animal de compañía induce la liberación de oxitocina, conocida como la hormona del apego, tanto en la persona como en el animal. Esa respuesta se asocia con sensación de seguridad y calma, y refuerza el vínculo.
Hay trabajos científicos que respaldan esta línea, sobre todo con perros:
- Un estudio exploratorio publicado en 2017 en Frontiers in Psychology relacionó los niveles de oxitocina y cortisol de dueños de perros y de sus animales con sus patrones de comportamiento.
- Una revisión sistemática publicada en 2022 en el International Journal of Psychophysiology concluyó que las interacciones positivas entre personas y perros parecen tener una importante asociación con la reducción del estrés, aunque todavía hacen falta más estudios.
Por eso muchas personas buscan a su animal de forma espontánea después de un día complicado o en momentos de ansiedad. Acariciarlo puede convertirse en una forma natural de regular las emociones.
Qué viene ahora: cariño, sí, pero al ritmo del gato
Todo esto tiene una condición importante. Los especialistas recuerdan que la frecuencia de las caricias no determina por sí sola la calidad del vínculo. Acariciar más a un gato no significa quererlo más.
Cada animal tiene su personalidad. Algunos perros y gatos buscan contacto todo el rato. Otros prefieren interacciones más breves. Respetar esas preferencias es imprescindible para una relación sana. Un contacto impuesto o excesivo puede tener el efecto contrario y aumentar el estrés y la incomodidad, tanto en las personas como en los animales.
La clave, según los especialistas, está en hacerlo de forma adecuada. Eso supone leer las señales del gato y buscar una interacción positiva para los dos. Ahí se ve de verdad el cariño de quien lo cuida.
Para quien tenga gatitos en casa, el mensaje de Bräuer es práctico. Entre la segunda y la séptima semana de vida, el contacto frecuente ayuda a que el animal crezca más amigable y menos temeroso. Pasada esa etapa, el vínculo se sigue construyendo con paciencia y respeto.
En el laboratorio queda trabajo por delante. Bräuer subraya que todavía se sabe relativamente poco sobre la mente de los gatos y que su falta de interés por los experimentos complica las cosas. Aun así, el conocimiento crece. Y cada nuevo dato apunta en la misma dirección: el gato que parece ignorarte probablemente te está escuchando.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo conviene coger y manipular a un gatito para que sea más sociable?
Según Juliane Bräuer, el periodo entre las dos y las siete semanas de vida es especialmente importante. Los gatos manipulados con frecuencia en esas semanas tienden a ser más amigables y menos temerosos, y alcanzan antes la madurez.
¿Coger en brazos al gato hace más maduros a los adultos?
No es lo que dice la investigación. El efecto descrito por Bräuer se refiere a los gatitos. Sobre las personas, los psicólogos relacionan el gusto por los gatos con rasgos como la sensibilidad emocional o la apertura a nuevas experiencias.
¿Los gatos reconocen a sus dueños?
Sí. Reconocen a sus dueños y distinguen su voz de la de personas desconocidas, aunque suelen responder orientándose hacia el sonido en lugar de comunicarse directamente. También pueden seguir gestos humanos para encontrar comida escondida.
¿Es bueno acariciar mucho al gato?
Acariciar a un animal de compañía induce la liberación de oxitocina en la persona y en el animal, pero la frecuencia no determina la calidad del vínculo. Un contacto impuesto o excesivo puede aumentar el estrés, así que hay que respetar las señales del gato.
Por la redacción de GUAY.news.





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