Un equipo de científicos españoles, liderado por el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, ha identificado tres biomarcadores en la sangre que podrían ayudar a comprender cómo se recupera una persona tras un ictus y a valorar la evolución de cada paciente durante la rehabilitación. El hallazgo, publicado en la revista Scientific Reports, se presentó en el Congreso Nacional de la SERMEF, a las puertas del Día Mundial del Ictus, que se celebra el jueves 29 de octubre.
Es un primer paso: las propias investigadoras subrayan que todavía no se puede usar para predecir la recuperación de un paciente concreto. Pero abre una vía interesante para que, en el futuro, una sencilla muestra de sangre aporte información complementaria a la que ya recogen los médicos.
Lo que hay que saber
- Quién está detrás. El trabajo se enmarca en el estudio SMARRTS, liderado conjuntamente por el Grupo de Enfermedades Neurovasculares del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR) y la Unidad de Neurorrehabilitación y Daño Cerebral del hospital catalán, en colaboración con otras instituciones españolas. Lo firman, entre otras, Anna Rosell, responsable del grupo neurovascular del VHIR, y Susana Rodríguez González, especialista en Medicina Física y Rehabilitación de Vall d’Hebron y miembro de la SERMEF.
- Cómo se hizo el estudio. Los investigadores analizaron a 62 pacientes que habían sufrido un primer ictus, junto con 43 personas sanas como grupo de control. Las evaluaciones se hicieron justo antes de empezar la rehabilitación y se repitieron al mes, a los tres meses y a los seis meses del episodio. Combinaban extracciones de sangre con pruebas funcionales de movilidad, velocidad, fuerza muscular y capacidad para realizar actividades cotidianas.
- Qué se buscaba. El análisis se centró en cuatro moléculas relacionadas con la angiogénesis, los procesos de reparación cerebral y la neuroplasticidad (la capacidad del sistema nervioso central para reorganizar sus conexiones tras una lesión): uPA, endostatina, GDF-10 y uPAR. El objetivo, explican las autoras, «es estudiar si determinadas moléculas sanguíneas reflejan procesos de reparación cerebral y neuroplasticidad, así como su relación con la evolución de los pacientes durante la rehabilitación».
- Tres candidatas destacan. De las cuatro moléculas, la endostatina, el GDF-10 y el uPAR fueron las que mostraron mayor potencial para estudiar la recuperación. Sus niveles presentaron patrones significativos a lo largo del seguimiento.
- Qué relación se observó. Según las investigadoras, «los pacientes con niveles más elevados de GDF-10 y uPAR antes de iniciar la rehabilitación presentaron posteriormente peores resultados en determinados parámetros, como la velocidad de marcha, la fuerza muscular o la función motora del brazo». Por otro lado, «una mayor disminución de endostatina durante el primer mes se relacionó con una mayor mejoría posterior en determinadas capacidades motoras y de fuerza». Y «un aumento de GDF-10 se asoció con una mejor evolución de la función del brazo, la autonomía cotidiana y la capacidad de caminar».
- Cómo se mide hoy la recuperación. Las autoras recuerdan que, «actualmente, los médicos rehabilitadores valoran la recuperación mediante escalas clínicas y pruebas funcionales que miden la movilidad, la fuerza, la marcha y la autonomía». La idea no es reemplazar ese método, sino completarlo: «el objetivo a largo plazo es explorar si una sencilla muestra de sangre podría aportar información complementaria a la evaluación clínica convencional».
- Una advertencia importante. Las investigadoras son claras sobre el alcance: «Las asociaciones observadas no demuestran que estos biomarcadores causen una determinada evolución ni permiten todavía utilizarlos para predecir individualmente la recuperación de un paciente».
En conjunto, el estudio ofrece pistas sobre qué ocurre en la sangre mientras el cerebro intenta repararse, aunque aún queda camino por recorrer antes de que llegue a la consulta.
Por la redacción de GUAY.news.





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