El diario para gente que no quiere amargarse la vida

Resultados al instante. Pulsa Intro para verlos todos.

Leer GUAY.news en…

Traducción automática de Google; el original está en español.

Medio ambiente

Dos ríos navarros recuperan su cauce con muros de madera viva

Igal y Murillo el Fruto renaturalizan sus ríos con bioingeniería para frenar la erosión y favorecer a nutrias y visones.

Orilla de un río con estructura de troncos entrelazados y vegetación joven junto al agua en un paisaje de montaña.

Dos puntos de alto valor ecológico de Navarra están viviendo estos días una profunda transformación. En Igal, en pleno Pirineo navarro, y en Murillo el Fruto, a orillas del río Aragón, los trabajos de renaturalización buscan devolver a los ríos su libertad original, frenar la erosión de sus márgenes y preparar el terreno para el regreso de especies emblemáticas.

La inversión supera los 240.000 euros y se apoya en técnicas de bioingeniería. En lugar de levantar muros de hormigón invasivos, se emplean troncos entrelazados, arbustos flexibles, bosque de galería y plantas acuáticas que trabajan con la propia dinámica del agua. Ambas zonas están catalogadas como Zonas de Especial Conservación (ZEC), una figura de protección que el texto menciona sin detallar sus condiciones.

Las dos actuaciones son distintas, pero comparten una idea: que el agua vuelva a fluir de forma continua y que la naturaleza haga buena parte del trabajo. El objetivo declarado es favorecer el regreso de la nutria, el visón europeo, la trucha, la madrilla y la chipa.

De una presa demolida a una orilla que se desmoronaba

La historia de Igal empieza hace cuatro años, cuando se demolió la presa que cerraba el cauce del río Xabros, afluente del Salazar. Al desaparecer la barrera artificial, el río recuperó su fuerza natural, profundizó su lecho y empezó a erosionar con severidad sus márgenes.

Aquella erosión tuvo una consecuencia concreta: la desembocadura del barranco de Las Huertas quedó descolgada, es decir, en un nivel más alto que el nuevo lecho del río. Es un efecto habitual cuando un cauce se encaja y los afluentes quedan colgados sobre él, y obliga a rehacer el encuentro entre ambos. Sin esa corrección, el agua de la confluencia no puede incorporarse al cauce principal de forma ordenada.

Las obras actuales responden a esa dinámica. El texto señala además que la erosión estaría agravada por el cambio climático, aunque no aporta datos que respalden esa relación en el caso concreto de Igal. El propio hecho de demoler la presa explica el sentido de la intervención: una vez liberado el río, hay que ayudar a que se asiente de forma estable sin volver a encorsetarlo.

Cómo se sujeta una orilla con troncos vivos

La pieza central de Igal es un muro Krainer de entramado vegetal. La orilla derecha del Xabros se sujeta mediante una estructura de troncos de madera entrelazados, asentada sobre una escollera de un metro. La escollera es la base de piedra que da peso y firmeza a la obra, mientras que los troncos disipan la fuerza de la corriente y, al mismo tiempo, quedan integrados en el paisaje en lugar de imponerse a él.

La estructura no se queda en madera inerte. Las márgenes se repoblarán con bandas de arbustos flexibles junto a la corriente, capaces de doblarse con las crecidas sin romperse, y con un bosque de galería en la vega, ese corredor de árboles propio de las riberas. La vegetación estabiliza el terreno con sus raíces y actúa, además, como termorregulador natural del agua: la sombra de los árboles ayuda a mantenerla más fresca, algo que agradecen peces como la trucha.

La bioingeniería consiste precisamente en eso: utilizar plantas y materiales naturales como elementos estructurales. La obra se refuerza con el tiempo a medida que la vegetación crece, en lugar de degradarse como un muro convencional. Esa es la diferencia de fondo entre ambas soluciones: un muro de hormigón resuelve el problema con un elemento rígido y fijo, mientras que el entramado vivo está concebido para cambiar y consolidarse junto al río.

Un nuevo paso para el barranco de Las Huertas

La segunda parte de la actuación en Igal resuelve el problema del barranco descolgado. Se excava el cauce de Las Huertas y se sustituye el viejo paso por un marco de hormigón armado que funciona como nuevo paso hidráulico, es decir, la estructura por la que el agua cruza bajo o sobre un camino o una obstáculo para seguir su curso.

Los datos de diseño muestran que la obra se ha pensado para los episodios extremos: está calculada para avenidas extraordinarias a 25 años, de hasta 1,5 metros cúbicos por segundo. Dicho de otro modo, el nuevo paso se dimensiona para el caudal de una crecida de periodo de retorno de 25 años, y no para las lluvias habituales.

Aquí conviven, por tanto, dos lógicas. En el punto donde el barranco cruza se opta por una infraestructura de hormigón armado, porque allí se necesita una capacidad hidráulica garantizada. En las orillas, en cambio, se apuesta por soluciones vegetales y de madera, porque lo que se busca es integrar la obra en el río.

Murillo el Fruto: balsas para el visón europeo

A unos kilómetros de ese escenario pirenaico, en la ribera del río Aragón, la actuación se concentra en el Soto de Escueral. Allí se perfecciona el complejo de balsas que se creó en 2024 con el fin de ampliar el hábitat del visón europeo y de la herpetofauna local, el conjunto de anfibios y reptiles de la zona.

Los primeros llenados dieron una lección práctica: el suelo filtraba agua con demasiada rapidez. Las lagunas no retenían el caudal como debían, un problema serio para un humedal pensado para sostener fauna también en periodos secos. Las balsas se habían construido, pero su funcionamiento real solo pudo comprobarse al llenarlas.

La solución consiste en aumentar en 30 centímetros el grosor de las arcillas compactadas del fondo de las balsas, de manera que retengan el agua durante más tiempo. Se trata de corregir y afinar una obra ya existente, no de empezar de cero.

Aliviaderos, acequia y plantas que depuran

La intervención en Murillo el Fruto incluye también la renovación de los aliviaderos y desagües del complejo, los elementos que permiten regular el nivel del agua y evacuar el exceso con seguridad. Sin ellos, una balsa que se llena en exceso no tiene por dónde desaguar de forma controlada.

Además, se atiende una petición de los regantes locales: impermeabilizar la acequia que alimenta las balsas. La acequia es el canal que lleva el agua desde su origen hasta el complejo. Que la petición de quienes usan el agua para regar se incorpore a la obra muestra que el proyecto no se plantea de espaldas al uso agrícola del agua en la zona.

La actuación se culminará con la plantación de especies vegetales acuáticas que oxigenan y depuran el agua de forma natural. Es el último paso previsto y, de nuevo, apuesta por soluciones naturales: las propias plantas mejoran la calidad del agua en la que vivirán los animales.

Las claves de las dos obras

  • Dónde: Igal (río Xabros, Pirineo navarro) y Murillo el Fruto (Soto de Escueral, río Aragón), en la Comunidad foral de Navarra.
  • Inversión: más de 240.000 euros.
  • Técnica: renaturalización y bioingeniería, con muro Krainer, arbustos flexibles, bosque de galería y plantas acuáticas.
  • Especies beneficiadas: nutria, visón europeo, trucha, madrilla y chipa, además de anfibios y reptiles.
  • Protección: ambos espacios son Zonas de Especial Conservación (ZEC).

Cronología de las actuaciones

La secuencia de hechos que consta en la información disponible comienza con la demolición de la presa de Igal, hace cuatro años. Después, en 2024, se creó el complejo de balsas de Murillo el Fruto. Los primeros llenados de esas balsas revelaron las filtraciones que motivan la actuación actual. Por último, los trabajos de renaturalización de ambas zonas se están desarrollando estos días.

  • Hace cuatro años: demolición de la presa que cerraba el cauce del río Xabros, en Igal.
  • 2024: creación del complejo de balsas en Murillo el Fruto.
  • Actualidad («estos días»): ejecución de los trabajos de renaturalización y bioingeniería en Igal y Murillo el Fruto.

Qué falta por saber y qué viene ahora

Lo que sigue en Murillo el Fruto está claro: terminar la intervención con la plantación de especies acuáticas en las balsas. Las obras de Igal se describen como en curso, sin que conste un plazo de finalización.

Tampoco hay datos sobre cuántos visones u otros animales viven hoy en estos tramos, así que el éxito de la renaturalización no puede medirse todavía con cifras de población. Lo que sí se conoce es el propósito: que el agua fluya de forma continua y que los cauces ofrezcan de nuevo refugio a especies que dependen de ellos.

Tampoco se indica qué entidad promueve ni financia las obras, ni quién las ejecuta, más allá de los operarios que trabajan sobre el terreno. Esos datos no constan en la información disponible.

Queda por ver, con el paso de los años, cómo responden las orillas a las crecidas y si las balsas retienen el agua en los periodos secos. Esa es la prueba real de una obra pensada para que el río recupere su libertad y la naturaleza vuelva a ocupar su sitio.

Por la redacción de GUAY.news.

¿Qué te ha parecido?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Los comentarios se moderan (de forma automática con IA y por una persona) conforme a nuestras normas de la comunidad. Protección de datos. Responsable: WEBSITESYSEO S.L. Finalidad: publicar y moderar tu comentario. Legitimación: ejecución del contrato y, en su caso, tu consentimiento. Destinatarios: no se ceden datos salvo obligación legal; encargados con contrato. Derechos: acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación y portabilidad en info@guay.news. Más información.