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Medio ambiente

Tres insectos palo nuevos en Australia y por qué importan

Tres especies nuevas de insecto palo en Australia, entre ellas el insecto más pesado del país: 40 cm y 44 gramos.

Insecto palo gigante de color marrón camuflado entre ramas y hojas de una selva tropical

Un insecto palo bien camuflado puede pasar horas delante de un biólogo sin que este lo vea. Por eso todavía se describen especies nuevas de fásmidos, el grupo al que pertenecen. Son tan buenos escondiéndose que la ciencia lleva siglos mirándolos sin verlos del todo.

Australia acaba de dar tres buenos ejemplos. En el estado de Queensland, en el norte del país, varios equipos de investigación han identificado tres especies de insecto palo que no figuraban en ningún catálogo. Una vivía en una selva tropical amenazada. Otra llevaba alrededor de 50 años clasificada con un nombre equivocado. La tercera, de 40 centímetros y 44 gramos, es el insecto más pesado registrado hasta ahora en Australia.

Son hallazgos llamativos por el tamaño de los animales, pero su valor va más allá de la curiosidad. Poner nombre a una especie es el primer paso para estudiarla, protegerla y entender qué papel cumple en los bosques. Y, de forma indirecta, también en los cultivos.

Tres especies que se escondían en Queensland

Dos de ellas aparecen en un trabajo publicado en la revista científica Austral Entomology. El estudio revisa ejemplares del género Anchiale mediante análisis genéticos y comparaciones anatómicas. Sus resultados muestran hasta qué punto el camuflaje y el parecido entre especies complican la identificación de estos insectos, incluso en zonas que se han estudiado mucho.

Anchiale mabiensis, la especie de una selva pequeña

La primera se llama Anchiale mabiensis y procede de la selva de Mabi, en Atherton Tablelands, al norte de Queensland. Es un ecosistema tropical considerado críticamente amenazado. Según los datos recogidos por los investigadores, en 2021 apenas quedaban 1.050 hectáreas, repartidas en fragmentos aislados dentro de un paisaje dominado por terrenos agrícolas.

Todo apunta a que este insecto palo gigante es endémico de ese hábitat. Es decir, que no vive en ningún otro sitio. Su futuro queda así unido al de los últimos reductos de esa selva. Al estar fragmentada, es especialmente vulnerable a los animales asilvestrados, a las plantas invasoras y al pastoreo.

Braxton Jones, entomólogo de la Universidad de Sídney, subraya el valor del hallazgo:

«Estos descubrimientos demuestran la importancia de proteger los ecosistemas amenazados y documentar la extraordinaria biodiversidad de Australia antes de que perdamos especies sin haber llegado siquiera a descubrirlas».

La identificación de A. mabiensis deja otra lección: incluso un bosque pequeño puede albergar especies que la ciencia aún no conoce.

Anchiale robusta, 50 años con otro nombre

El caso de Anchiale robusta es muy distinto. Este gran insecto no estaba escondido en un lugar remoto. Se había observado y documentado desde al menos 1976. Sus huevos se atribuían a Ctenomorphodes briareus, una especie que en 2007 pasó a llamarse Anchiale briareus.

La revisión genética y el examen minucioso de su anatomía han demostrado que aquellos ejemplares pertenecen en realidad a una especie distinta, aunque muy emparentada con A. briareus. Las diferencias son lo bastante claras como para separar las dos líneas evolutivas, también desde el punto de vista reproductivo. El nombre da una pista: «robusta» alude a su mayor tamaño respecto a su especie hermana.

«La taxonomía a menudo se parece un poco al trabajo detectivesco», explicó Jones. Y añadió: «Incluso entre algunos de los insectos más fotografiados y registrados de Australia, seguimos encontrando especies que han escapado al reconocimiento científico».

Acrophylla alta, el peso pesado

La tercera especie la han identificado científicos de la Universidad James Cook en la meseta de Atherton, una zona montañosa y húmeda situada a unos 50 kilómetros al suroeste de Cairns. Pertenece al género Acrophylla y se llama Acrophylla alta, en referencia a la altitud de su hábitat.

Mide 40 centímetros de longitud y pesa 44 gramos. Con esas cifras, es el insecto más pesado registrado hasta ahora en Australia, por encima de otros miembros de su género y de otros insectos nativos. No tiene el récord mundial: según Guinness World Records, ese puesto corresponde a una especie de weta gigante, un ortóptero endémico de Nueva Zelanda que ha llegado a pesar hasta 71 gramos.

El profesor Angus Emmott, investigador de la Universidad James Cook, cree que su tamaño puede estar relacionado con el clima de la zona: «Su masa corporal probablemente les ayuda a sobrevivir en condiciones más frías, y es por eso por lo que se han convertido en este gran insecto a lo largo de millones de años».

¿Cómo se le había escapado a la ciencia un animal así? Emmott lo explica por su hábitat, restringido y poco accesible: «Están restringidos a una pequeña zona de selva tropical de gran altitud y viven en lo alto del dosel. Así que, a menos que haya un ciclón o un pájaro que lo derribe, muy poca gente los ve».

Los huevos, la pista que lo aclara todo

El camuflaje de los fásmidos va mucho más allá de parecerse a una ramita. Algunas especies imitan hojas con nervaduras, manchas de hongo o bordes mordisqueados. Otras se mecen al moverse, como si las empujara la brisa. Muchas pasan el día quietas y solo se activan de noche, cuando comen.

Para la ciencia, eso tiene una consecuencia práctica: distinguir una especie de otra a simple vista es complicado. Dos insectos casi idénticos pueden ser especies distintas que no se reproducen entre sí. Hoy los investigadores combinan varias herramientas:

  • Análisis genéticos.
  • El estudio de los huevos, que en muchos fásmidos tienen formas y texturas características, parecidas a semillas.
  • Mediciones minuciosas de la anatomía.

Con ellas se descubre a veces que lo que se creía una sola especie de distribución amplia es en realidad un grupo de especies parecidas, cada una confinada a su propio rincón.

En Queensland, los huevos fueron decisivos. Los de A. mabiensis tienen un tono marrón parecido al café. Son menos brillantes y alargados que los de especies próximas y presentan unos anillos internos en la cubierta que no se habían visto hasta ahora en otros insectos palo. Los de A. robusta son aún más oscuros: muy brillantes al ser depositados, con el tiempo adquieren una textura irregular y mate.

También en el caso de Acrophylla alta los huevos fueron clave. Además del ejemplar adulto, los científicos de la Universidad James Cook recolectaron huevos que permitieron confirmar que se trataba de una especie no descrita.

Qué hacen los insectos palo por el bosque

Con su aspecto tranquilo, cuesta imaginar que estos herbívoros pinten mucho en un bosque. Pintan bastante. Los fásmidos comen hojas y, al hacerlo, participan en el reciclaje del bosque. Sus excrementos, pequeños gránulos secos, caen al suelo y aportan nutrientes que los microorganismos aprovechan con rapidez. Se han estudiado casos de insectos herbívoros que modifican la disponibilidad de nitrógeno en el suelo forestal, y los fásmidos encajan en ese papel.

Además, son comida. Aves, reptiles, pequeños mamíferos y arañas grandes los incluyen en su dieta. Cada especie de insecto palo forma parte de una red de depredadores y presas. Si una especie local desaparece sin que nadie la haya descrito, ese eslabón se pierde sin dejar rastro en los registros científicos.

Luego está su relación con las plantas de las que se alimentan. Algunas especies son selectivas y otras comen de todo. Conocer esas preferencias ayuda a entender cómo se organiza la vegetación de un lugar.

Y hay un valor añadido: cada descripción funciona como un pequeño indicador de la riqueza de una zona. Cuando aparece una especie desconocida, a menudo hay más sin descubrir cerca: otros insectos, plantas, ranas. Los fásmidos no son los únicos protagonistas, pero son una buena señal de lo mucho que queda por catalogar.

Por qué importa también a los cultivos

Describir formalmente una especie parece un trámite académico, pero abre puertas. Con un nombre científico, otros investigadores pueden localizar poblaciones, comparar ejemplares y seguir su evolución. Sin él, el animal no existe a efectos de estudio.

Ese conocimiento sirve también para la agricultura, aunque de forma indirecta. La mayoría de los insectos palo no son plaga. Pero hay casos documentados de especies que se han vuelto problemáticas fuera de su lugar de origen o que, en ciertas zonas, causan daños en plantaciones de eucalipto.

Saber con exactitud de qué especie se trata es el primer paso para entender cómo se comporta: qué come, cuándo se reproduce y cuánto se desplaza. Confundir dos especies parecidas, como ocurrió con A. robusta y A. briareus, puede llevar a conclusiones erróneas sobre cualquiera de ellas.

Hay otro detalle curioso. Algunos fásmidos se reproducen sin machos, mediante partenogénesis. Eso permite que una sola hembra fundadora establezca una población, algo importante cuando se estudia cómo una especie coloniza territorios nuevos.

Lo que queda por descubrir

Los fásmidos reúnen miles de especies conocidas, repartidas sobre todo por zonas tropicales y subtropicales. También hay representantes en regiones templadas, incluida la península ibérica. Cada cierto tiempo, los equipos de investigación publican descripciones de especies nuevas. A veces salen de expediciones a selvas remotas. Otras, de cajones de museo donde esperaban ejemplares etiquetados con un nombre equivocado.

Nadie sabe con precisión cuántas especies quedan por describir, y las estimaciones varían bastante según quién las haga. Lo que sí parece claro es que las zonas tropicales, sobre todo el sudeste asiático, Nueva Guinea y la cuenca amazónica, esconden mucho por conocer.

Muchos hallazgos recientes proceden de bosques tropicales presionados por la tala o por su conversión en tierras agrícolas. Los insectos palo suelen tener áreas de distribución diminutas y dependen de un tipo de vegetación muy concreto. Una especie puede vivir en una sola montaña. Si ese bosque se fragmenta, no tiene adónde ir. Es lo que ilustra la selva de Mabi, con sus 1.050 hectáreas repartidas en fragmentos.

En esa tarea también cuentan los aficionados. La cría de insectos palo en terrarios es una afición extendida. Algunos criadores intercambian ejemplares y registran observaciones minuciosas sobre ciclos de vida y alimentación. Bien documentados, esos datos pueden complementar el trabajo de los laboratorios.

En Australia, el trabajo sigue. El equipo de la Universidad James Cook continuará estudiando la biología y la ecología de Acrophylla alta para entender mejor cómo se ha adaptado a su entorno. Cada nuevo nombre en el catálogo recuerda lo poco que se ha mirado entre las ramas y anima a seguir buscando.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el insecto más pesado de Australia?

Es Acrophylla alta, un insecto palo identificado por la Universidad James Cook en la meseta de Atherton (Queensland). Mide 40 centímetros y pesa 44 gramos. El récord mundial lo tiene una weta gigante de Nueva Zelanda que ha llegado a pesar hasta 71 gramos, según Guinness World Records.

¿Por qué siguen apareciendo especies nuevas de insecto palo?

Porque su camuflaje es tan bueno que pasan desapercibidos incluso para los expertos, y especies casi idénticas pueden ser distintas. Hoy se distinguen con análisis genéticos, el estudio de sus huevos y mediciones de su anatomía. Algunas, como Acrophylla alta, viven en lo alto del dosel de selvas de montaña, donde muy poca gente las ve.

¿Qué aportan los insectos palo a los bosques?

Comen hojas y sus excrementos aportan nutrientes al suelo que aprovechan los microorganismos. Además, son alimento de aves, reptiles, pequeños mamíferos y arañas grandes, y sus preferencias alimentarias ayudan a entender cómo se organiza la vegetación.

¿Son una plaga para los cultivos?

La mayoría no lo son. Hay casos documentados de especies problemáticas fuera de su lugar de origen o que causan daños en plantaciones de eucalipto en ciertas zonas. Identificar bien cada especie es el primer paso para entender qué come, cuándo se reproduce y cuánto se desplaza.

Por la redacción de GUAY.news.

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