Un equipo de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, ha identificado con ayuda de inteligencia artificial una molécula natural, llamada BRP, que reduce el apetito y favorece la pérdida de grasa corporal en experimentos con animales. Los investigadores la plantean como un posible nuevo camino para tratar la obesidad, aunque por ahora solo se ha probado en laboratorio y en animales.
Lo que se sabe
La BRP debe su nombre a la proteína BRINP2, de la que se origina. Para dar con ella, los científicos desarrollaron un algoritmo llamado Preditor de Peptídeos, capaz de analizar unos 20 mil genes humanos en busca de posibles moléculas con actividad hormonal. El programa rastreó regiones de proteínas que podría cortar la enzima pró-hormônio convertase 1/3, asociada a la producción de hormonas implicadas en el metabolismo y el control del apetito.
La búsqueda se redujo a 373 proteínas, de las que podían surgir 2.683 péptidos distintos. De ellos se seleccionaron 100 candidatos para probarlos con células nerviosas cultivadas en el laboratorio. Entre todos destacó una molécula de 12 aminoácidos: mientras que el GLP-1 triplicó la actividad neuronal respecto a células no tratadas, la BRP la multiplicó por diez.
Después llegaron los ensayos con animales. La BRP se probó en ratones y miniporcos, que recibieron inyecciones antes de comer. En la primera hora tras el pinchazo, el consumo de alimentos cayó hasta un 50 %. En ratones con obesidad, un tratamiento diario durante 14 días produjo una pérdida media de tres gramos, mientras que el grupo de control ganó aproximadamente esa misma cantidad.
Según el estudio, publicado en la revista Nature, la pérdida de peso se produjo casi toda en grasa corporal, con la masa muscular preservada. Además, los animales mejoraron su tolerancia a la glucosa y a la insulina, y no mostraron alteraciones significativas en el movimiento, el consumo de agua, los comportamientos asociados a ansiedad ni la producción de heces.
La BRP parece actuar de forma más específica en el hipotálamo, la región del cerebro que controla el hambre y el metabolismo. Ahí radica la diferencia con la semaglutida, el principio activo del Ozempic, que imita la acción del GLP-1, cuyos receptores se encuentran en el cerebro, el intestino y el páncreas; por eso sus efectos alcanzan también a la digestión y a los niveles de azúcar en sangre. Entre los efectos secundarios conocidos de este tipo de fármacos figura el estreñimiento. Katrin Svensson, profesora ayudante de patología en Stanford y autora sénior del estudio, explicó que, aunque la BRP ha mostrado efectos semejantes a los de la semaglutida sobre el apetito, ambas sustancias funcionan de maneras distintas.
Lo que falta por saber
Los propios investigadores piden prudencia. Los experimentos con animales no permiten determinar si la molécula evitaría las náuseas en humanos, y su seguridad y eficacia en personas aún deben investigarse. «Estamos muy ansiosos por descubrir si es segura y eficaz en humanos», afirmó Svensson. Tampoco se han concretado datos como el número de animales de cada grupo ni si la pérdida de tres gramos fue estadísticamente significativa.
El equipo debe identificar todavía qué receptores celulares activa la BRP y cómo interfiere en el funcionamiento del cerebro y del metabolismo. Otro obstáculo es práctico: los péptidos se degradan con rapidez, de modo que una aplicación terapéutica podría requerir inyecciones frecuentes. Por eso los científicos trabajan en versiones de acción más duradera.
Svensson participó en la creación de una empresa dedicada al desarrollo de la BRP. Si todo avanza, la molécula podría ofrecer beneficios semejantes a los de los medicamentos actuales con menos efectos indeseados, como náuseas, estreñimiento o pérdida de masa muscular, aunque eso no está confirmado en personas. Por ahora, la BRP está lejos de llegar a las farmacias, pero el hallazgo muestra cómo la inteligencia artificial puede acelerar la búsqueda de nuevas vías contra la obesidad.
Por la redacción de GUAY.news.





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