Al mediodía, en la hípica Can Vilardebò, en Lliçà de Vall, a la sombra empieza a refrescar. Es un día de otoño y Marta Rosàs Gil-Vernet, de 24 años, pide permiso con naturalidad antes de seguir hablando: «¿Le importa si voy a por el anorak?». Es una amazona que en este 2026 se ha proclamado campeona de España de doma adaptada, y lo ha hecho con una vista que se ha ido apagando desde que era una niña.
Su historia tiene un horizonte que ella misma deja abierto: competir en los Juegos Paralímpicos, un sueño que se perfila quizás para Brisbane 2032. Para llegar hasta ahí cuenta con un caballo al que define como sus propios ojos, con una entrenadora que ha aprendido a mirar de otra manera y con una familia que ha convertido los caballos en un asunto de generaciones.
Una vista que se apaga desde los diez años
Marta tiene una discapacidad visual causada por la enfermedad de Stardgardt, una degeneración macular que reduce progresivamente la vista. Le diagnosticaron la enfermedad a los diez años. Recuerda que de niña podía leer, aunque no mucho, y que después la vista se ha ido debilitando. «Por suerte, yo era una cría y he sabido ir adaptándome», cuenta.
Hoy lo resume en una cifra: «Ahora tengo una reducción del 77% sensorial. Puedo leer en un iPad, por ejemplo, pero debo ampliar mucho el zoom». La enfermedad no es solo cosa suya: también ha afectado a su hermana Jana, dos años menor que ella.
Marta conserva lo que llama un resto visual. Lo explica así: «Tengo un resto visual. Si no está usted muy cerca, no le distingo la cara. La visión periférica funciona más o menos. Tengo una independencia relativamente alta. Identifico una estación de tren por el entorno. Uso estrategias que ni sé explicarle». Hay límites claros, sin embargo: «Ahora bien, para subirme al avión o al AVE, me tienen que ayudar».
Lo que no puede hacer y lo que sí
La vida cotidiana tiene sus fronteras. Marta no puede ir en bicicleta ni conducir. «Vamos a ver, si fuera en bicicleta, dependería completamente de mí misma, y por eso no puedo hacerlo. Y tampoco puedo conducir. Y si voy al super, la cosa se complica: no distingo el producto o la fecha de caducidad», explica. Por eso sus padres la llevan y la traen desde su casa en Sant Cugat hasta la hípica.
Aun así, su currículo desmiente cualquier idea de limitación: es amazona, psicóloga, tiene un máster en Recursos Humanos y por las tardes trabaja como técnica en la unidad de apoyo en Ilunion.
Hay un asunto que le pesa más que la propia vista: la incomprensión. Su madre, Ana, lo llama por su nombre: «Así es la discapacidad invisible: la gente pone en duda tu discapacidad porque no se ve». Marta lo vive en primera persona: «A veces, cuando le digo a alguien que apenas veo nada, muchos dudan. Me ven moviéndome por ahí, y no lo entienden». Y añade: «Y me genera una gran sensación de impotencia».
Barbacon, los ojos de Marta
En la pista, la ecuación cambia. Marta lo dice con una frase corta: «Pues el caballo me ayuda». Y lo desarrolla al hablar de su caballo actual, Barbacon, un precioso alazán de siete años que viene de Alemania: «Barbacon es mis ojos. Sé que no se chocará ni se tirará. Mi confianza en él es absoluta. En la pista somos uno».
Cuando se le plantea la duda de cómo se puede montar con tan poca vista, su respuesta es la misma que da a quienes no entienden su discapacidad: «Es aquello en lo que usted no piensa porque no tiene esta discapacidad… Pero el caballo me ayuda».
Con el tiempo, además, ha ganado soltura: ha pasado de montar con dos o tres caballos a la vez en la pista a manejar ocho o nueve. Esa evolución habla de una relación con los animales que no se limita a un solo ejemplar.
Un entrenamiento que enseña a mirar de otra manera
A su lado, en las sesiones, está su entrenadora, Cristina Wagemans. Para ella, trabajar con Marta ha sido un aprendizaje. «Al principio me asusté. No sabía cómo gestionar esta situación», reconoce.
Con el tiempo, la discapacidad se ha ido integrando en la rutina hasta el punto de olvidarla. Cuenta Wagemans: «Pero ahora, a veces me olvido. Durante la sesión, le hago un gesto a Marta, le digo: ‘Pero mírame’. Y ella me lo recuerda: ‘Es que no te veo’. He aprendido mucho de ella, todos lo hacemos».
Claves de la historia
- Marta tiene 24 años y es campeona de España de doma adaptada en 2026.
- Sufre la enfermedad de Stardgardt, diagnosticada a los diez años, con una reducción visual del 77%.
- Monta a Barbacon, un alazán de siete años procedente de Alemania.
- Su entrenadora es Cristina Wagemans y entrena en Can Vilardebò, en Lliçà de Vall.
- Su sueño es competir en los Juegos Paralímpicos, quizás en Brisbane 2032.
Una familia de caballos
El vínculo de los Rosàs con los caballos viene de lejos. Jordi, el padre de Marta, lo recuerda desde la infancia: de niño se calzaba un gorro de cowboy y se sentaba en un Bambi de juguete en el jardín de la abuela, en Cardedeu.
Con el tiempo, aquel juego pasó a ser real. Jordi y sus tres hermanos recibieron el caballo Sahib, al que él recuerda como «un caballo que tenía un ojo de cada color y estaba loco». Después, Jana recibió otro caballo, descrito como «más normal».
Hoy Jordi traslada aquella pasión a la carrera de su hija. Planea desde su agencia, &Rosàs Agency, proyectos que impulsen la trayectoria de Marta como amazona, ya sea una canción, una frase o una idea.
Qué viene ahora
El título de campeona de España de doma adaptada en 2026 es, para Marta, un paso más en un camino que mira hacia los Juegos Paralímpicos. El sueño se perfila quizás para Brisbane 2032, un horizonte que se presenta como posible y no como un hecho confirmado.
Mientras tanto, la rutina sigue: las sesiones con Wagemans, la confianza ciega en Barbacon, los trayectos desde Sant Cugat hasta la hípica y el trabajo por las tardes en Ilunion. Y, sobre todo, la tarea de explicar, una y otra vez, una discapacidad que no se ve, pero que condiciona cada gesto del día a día.
«La vista es la función de los ojos, pero la visión es la función del corazón.»
Hellen Keller
La frase de Hellen Keller sobre la diferencia entre vista y visión resume el espíritu de una historia en la que una amazona y su caballo se entienden sin necesidad de mirarse.
Por la redacción de GUAY.news.





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