Durante mucho tiempo, a muchos pacientes se les transmitió la idea de que las mejoras tras un ictus solo eran posibles durante el primer año. La II Jornada de Salud y Neurorrehabilitación Robótica, organizada por el Hospital Quirónsalud Bizkaia y Gogoa Mobility Robots, planteó justo lo contrario: la recuperación no termina necesariamente al cumplirse los doce meses del accidente cerebrovascular.
El mensaje central del encuentro es que la robótica, la inteligencia artificial, la neuromodulación y la realidad virtual permiten seguir ganando capacidades físicas y cognitivas, incluso en pacientes considerados crónicos. Y que esa mejora se apoya en una combinación de tecnología, trabajo multidisciplinar y participación del propio paciente y de su familia.
El problema: secuelas invisibles y poca información
La apertura corrió a cargo de Íñigo Uriarte, divulgador y superviviente de ictus, conocido en redes sociales como @Ictuencer. Compartió su experiencia personal y resumió el punto de partida con una frase: «La vida después de un ictus es diferente y muchas de las secuelas son invisibles».
Uriarte reclamó más atención a las consecuencias cognitivas y emocionales del ictus, que a menudo quedan fuera del foco cuando se piensa solo en la movilidad. También denunció la falta de información que reciben muchos pacientes y familias tras el alta hospitalaria, y reivindicó un acompañamiento psicológico temprano y continuado.
Esa idea atravesó toda la jornada: el ictus debe entenderse como una condición cuyas consecuencias pueden durar años, y no solo como un episodio agudo que se resuelve en el hospital.
La respuesta: tecnología al servicio del profesional
Durante la inauguración, Irune Cachorro, directora médica del Hospital Quirónsalud Bizkaia, destacó el compromiso del centro con una atención cada vez más integral. Según explicó, esa atención incorpora disciplinas y recursos para abordar la recuperación física y también las necesidades cognitivas, emocionales y sociales derivadas del daño neurológico.
En ese marco, la incorporación de exoesqueletos, sistemas de neuromodulación y otras tecnologías avanzadas está transformando la rehabilitación. Una mesa redonda con expertos de la fisioterapia, la ingeniería, la neuropsicología y la empresa dejó claro cómo se entiende ese papel: la tecnología no sustituye al profesional sanitario, sino que amplía sus capacidades.
Según los expertos, la robótica permite repetir movimientos de forma intensiva y controlada. La inteligencia artificial facilita el análisis preciso de la evolución funcional, y los sistemas de monitorización ofrecen información objetiva para adaptar cada tratamiento a las necesidades reales de cada persona.
Aitor Gutiérrez, ingeniero e investigador en IA en Tekniker, subrayó el potencial de la inteligencia artificial para personalizar terapias y mejorar la monitorización de los pacientes. Rocío del Pino, neuropsicóloga clínica e investigadora de Ikerbasque y Biobizkaia, destacó el papel de la tecnología para extender la rehabilitación física y cognitiva más allá de la consulta, llegando incluso al domicilio del paciente.
Las pruebas: datos objetivos y un caso real
Una de las principales aportaciones de estos sistemas es la capacidad de obtener datos objetivos sobre la evolución de cada paciente. Carlos Fernández, cofundador y CEO de Gogoa Mobility Robots, lo explicó así: «Pasamos del ‘te veo mejor’ a saber exactamente cuánta fuerza ha ganado una persona o cómo ha mejorado su patrón de marcha».
El testimonio más emotivo de la jornada fue el de Pedro Luis Merelas, paciente de la unidad de neurorrehabilitación robótica del hospital. Sufrió un ictus en 2023 y aseguró que durante mucho tiempo le hicieron creer que las mejoras solo eran posibles durante el primer año.
Merelas utiliza el exoesqueleto de marcha HANK en su rehabilitación. Relató que este tratamiento le ha permitido mejorar aspectos de la marcha y recuperar confianza en sus capacidades más de dos años después del episodio. Junto a él participó en la mesa Sara García, fisioterapeuta y responsable de la Unidad de Neurorrehabilitación Robótica del hospital.
Es un caso individual, no un estudio con cifras, pero ilustra lo que los ponentes defendieron: que seguir trabajando años después del ictus tiene sentido y que ahora existen herramientas para medir los avances.
Los límites y lo que se puede aprender
La jornada no presentó cifras de eficacia ni resultados de ensayos clínicos, y los propios expertos insistieron en que la tecnología es un complemento del equipo sanitario, no un sustituto. Tampoco se anunciaron nuevos pasos ni plazos concretos.
Lo que sí quedó fijado fue una lista de demandas. Los participantes coincidieron en la necesidad de modelos asistenciales más integrales que incluyan al paciente y a su entorno familiar como parte activa del proceso terapéutico. Entre las principales peticiones destacaron itinerarios de seguimiento más claros, acceso a apoyo psicológico desde las fases iniciales y mejor coordinación entre los profesionales implicados.
La lección que deja el encuentro es doble. Por un lado, que el límite de los doce meses no es una barrera para la recuperación. Por otro, que medir con datos objetivos, personalizar la terapia y acompañar al paciente durante años puede devolver autonomía y calidad de vida. La jornada concluyó precisamente con una reflexión sobre la necesidad de ese acompañamiento prolongado.
Por la redacción de GUAY.news.





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