Los ojos biónicos han dejado de ser una promesa de laboratorio para empezar a parecerse a una herramienta clínica. Investigadores de distintas partes del mundo han desarrollado implantes electrónicos capaces de devolver parte de la visión perdida, y el más avanzado de ellos, el Prima, ya cuenta con autorización para su uso en 30 países europeos.
El avance lo analiza Tim Jackson, profesor de Investigación Retiniana del King’s College London, en un texto publicado el 29 de octubre de 2026 en The Conversation. Su repaso permite entender de dónde venimos, por qué los primeros intentos se quedaron cortos y hacia dónde apuntan ahora los grupos que trabajan en la visión artificial.
La noticia tiene un matiz que conviene subrayar desde el principio: el Prima se ha probado en un estudio reducido, y el análisis no detalla cuántos pacientes participaron. Aun así, el dato que se desprende de los resultados, un 81 % de pacientes con visión central funcional recuperada, explica por qué este dispositivo se considera el más prometedor de los últimos años.
Más de dos décadas de implantes contra la ceguera, centrados en la retina
Los esfuerzos por combatir la ceguera con implantes acumulan más de dos décadas de historia. Casi desde el principio se centraron en la retina, la capa de células sensibles a la luz situada en la parte de atrás del ojo. Cuando esa capa falla gravemente, puede producirse la pérdida total de la visión, y de ahí que sustituir su función con electrónica fuera la primera idea.
Dos de los primeros sistemas fueron el chip subretiniano de la empresa alemana Retina Implant AG y el Argus II. Ambos recorrieron caminos distintos, pero compartieron un final parecido: el primero cerró por falta de progreso médico, y el segundo, pese a contar con la autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos, no logró resultados sólidos.
Conviene entender qué significaba, en la práctica, ese punto de partida. Los implantes de esta primera generación no buscaban reproducir la visión completa, sino devolver alguna percepción a personas que la habían perdido por enfermedades de la retina. Esa meta, más modesta que la de restaurar una imagen nítida, ya era difícil de cumplir.
2013: la FDA autoriza el Argus II, con una cámara y 60 electrodos
El Argus II combinaba una cámara con un chip estimulado por 60 electrodos. En 2013, la FDA lo autorizó, un hito para un campo que llevaba años buscando su primer producto con aval regulatorio.
El chip subretiniano de Retina Implant AG, por su parte, planteaba una intervención especialmente exigente. La cirugía duraba aproximadamente ocho horas e incluía abrir un hueco en el cráneo, detrás de la oreja, para alojar un receptor de energía. Ese receptor se conectaba al implante mediante un cable colocado debajo de la piel.
El resultado para los pacientes era modesto. Quienes llevaban el chip de Retina Implant AG percibían destellos de luz que correspondían vagamente a la forma del objeto que miraban: una señal útil, pero lejos de una imagen reconocible.
Qué ofrecían los primeros implantes
- Destellos de luz que sugerían vagamente la forma de los objetos, no imágenes.
- Cirugías largas y complejas, de unas ocho horas en el caso del chip de Retina Implant AG.
- Un receptor de energía alojado detrás de la oreja y un cable bajo la piel.
- Fallos con el tiempo: muchos chips dejaban de funcionar, posiblemente por los movimientos rápidos del globo ocular o por la corrosión causada por el líquido salino de su interior.
Por qué fallaban: movimientos del ojo y líquido salino
El problema de durabilidad era, según el análisis, el más serio de esta generación. Muchos chips fallaban con el tiempo, y se apuntan dos causas posibles: los movimientos rápidos del globo ocular y la corrosión provocada por el líquido salino que rodea al dispositivo en el interior del ojo.
Ninguna de las dos explicaciones aparece como certeza en el texto, pero ambas señalan el mismo límite: un dispositivo que debe funcionar durante años dentro de un órgano en movimiento y en contacto con un medio líquido necesita resolver al mismo tiempo la estabilidad mecánica y la resistencia química. Esa dificultad permite entender por qué los chips de la primera etapa no llegaron a consolidarse.
2019: se abandonan el chip de Retina Implant AG y el Argus II
En 2019 ambos dispositivos fueron abandonados. Los problemas de durabilidad, unidos a unos resultados visuales limitados, pesaron más que el mérito de haber abierto el camino. El caso del Argus II ilustra que una autorización regulatoria no garantiza por sí sola un producto con futuro.
Esa lección marcó la siguiente etapa de la investigación. Las líneas posteriores dejaron de centrarse exclusivamente en la retina y empezaron a explorar otros puntos del sistema visual, con la idea de que el problema podía abordarse desde más de un lugar.
La nueva vía: estimular el cerebro en lugar del ojo
Una de las líneas de investigación más activas consiste en enviar de forma inalámbrica energía e información visual desde una cámara externa a un chip implantado en la zona del cerebro donde se procesa la visión. En este enfoque, el implante no sustituye la retina, sino que trabaja más adelante en la cadena.
Esta técnica tiene una ventaja potencial de peso: podría beneficiar también a pacientes cuya ceguera tiene origen en el nervio óptico, y no solo en la retina. La empresa belga ReVision Implant trabaja con esta metodología.
Jackson advierte, según el contexto del análisis, de que aún no está claro qué nivel de detalle puede alcanzarse con este enfoque, dado que se pierde el procesamiento natural de la retina. Es decir, la ventaja de llegar a más pacientes convive con una incógnita técnica que todavía no tiene respuesta.
Dos vías, dos problemas
- Implante retiniano: ha demostrado límites de durabilidad y resultados visuales limitados en sus primeros modelos.
- Implante en la zona cerebral de procesamiento visual: podría ayudar a quienes tienen afectado el nervio óptico, pero aún no se sabe qué nivel de detalle puede alcanzar.
El Prima: gafas con infrarrojos y un chip bajo la retina
El dispositivo más avanzado de los mencionados es el Prima. Usa unos anteojos especiales que transmiten imágenes y energía, mediante señal infrarroja, a un chip colocado quirúrgicamente debajo de la retina. Está autorizado para su uso en 30 países europeos, aunque el texto no precisa la fecha de esa autorización ni el organismo que la concedió.
Se probó en pacientes con degeneración macular relacionada con la edad de tipo seco (DMAE), una de las principales causas de ceguera en el mundo. Según el estudio reducido, los pacientes lograron leer letras, números y palabras, y en el 81 % de los casos el implante restauró una visión central funcional.
81 % de los pacientes con DMAE seca tratados con el Prima recuperó visión central funcional, según el estudio reducido citado en el análisis.
El contraste con los dispositivos anteriores es notable. Donde antes había destellos difusos, ahora hay lectura. Además, el Prima ya incorpora aumento óptico para sus usuarios, una función que anticipa cómo la tecnología puede ir más allá de reponer lo perdido.
Un mercado mayor y un debate ético
La DMAE afecta a una población mucho más amplia que las enfermedades retinianas hereditarias tratadas por los dispositivos anteriores. Según el análisis, ese mayor potencial de mercado hace al Prima considerablemente más atractivo para los inversores que sus predecesores.
Esa misma característica abre, sin embargo, un debate ético. Los pacientes con DMAE suelen conservar buena visión periférica, por lo que tienen mucho que perder si la intervención, que conlleva riesgos quirúrgicos reales, sale mal. Ganar visión central funcional no compensa de forma automática el riesgo de dañar la que aún se conserva.
Es un dilema distinto al de quienes lo habían perdido todo: aquí el implante se ofrece a personas con una visión parcial que valoran lo que les queda.
Octubre de 2026 y más allá: visión térmica, células madre y lo que viene
El horizonte inmediato incluye a ReVision Implant, que lanzará su primer ensayo clínico en humanos en octubre de 2026. El texto no aclara si ese ensayo ya se ha iniciado, dado que coincide con el mes de publicación del análisis.
Más lejos queda la idea de que la visión artificial supere los límites del ojo humano. Un prototipo con capacidad de imagen térmica y visión nocturna fue probado en primates, aunque no constan la institución, la fecha ni los resultados. Para Jackson, estas posibilidades serán relevantes solo cuando la visión artificial básica alcance un nivel de madurez mucho mayor al actual.
En paralelo avanzan las terapias con células madre, que se encuentran en las primeras etapas de ensayos en humanos con el objetivo de regenerar las células retinianas perdidas por enfermedad. Enfrentan obstáculos en cuanto a la supervivencia de las células y su integración en el ojo.
Según Jackson, si esas terapias lograran crear nuevas células retinianas funcionales, podrían, con el tiempo, superar completamente a los implantes electrónicos. Por ahora, los ojos biónicos siguen siendo la apuesta más cercana para quienes han perdido la vista, con el Prima como su mejor carta.
Cronología de un campo en marcha
- Hace más de dos décadas: comienzan los esfuerzos por combatir la ceguera con implantes, con foco principal en la retina.
- 2013: la FDA autoriza el Argus II.
- 2019: se abandonan el chip subretiniano de Retina Implant AG y el Argus II.
- Octubre de 2026: ReVision Implant lanzará su primer ensayo clínico en humanos.
Por la redacción de GUAY.news.





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