Cuando Luis se desplomó en el suelo del bar La Esquinita, en la calle Regueiro de Vigo, Iker estaba jugando en el local. Tiene ocho años. No se quedó paralizado: salió a la calle, intentó llamar la atención de los conductores, paró a los coches y entró en el bar de al lado, donde sabía que estaba una persona que podía ayudar. Allí entró con una frase que la médica Pilar Rúa recuerda al detalle: «Por favor, mi papá está muerto en el suelo».
Aquella noche, poco antes de las nueve, se alinearon varias piezas: un niño que supo a quién buscar, una médica de familia que veía un partido de fútbol en un bar contiguo, dos clientas que trabajan como enfermeras, dos policías fuera de servicio y un desfibrilador que llegó desde la comisaría. Luis, hostelero y padre de Iker, permanece ingresado en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. Sobrevivió.
Este es el perfil de un niño al que su madre, su médica y su colegio ya consideran un héroe.
Quién es Iker: el hijo de los dueños de La Esquinita
Iker es hijo de Luis y Rosy, la pareja que regenta el bar La Esquinita, en la calle Regueiro de Vigo. Rosy y Luis son copropietarios del local. Es un niño de ocho años que, como otros hijos de hosteleros, pasa buena parte de su tiempo en el negocio familiar. Esa noche jugaba allí mientras sus padres atendían a la clientela.
Los hechos que constan apenas permiten dibujar más rasgos suyos, pero sí uno decisivo: Iker sabía exactamente dónde estaba la persona que necesitaba. Conocía que en el bar contiguo se encontraba Pilar Rúa, su médica de cabecera, con quien tiene muy buena relación. Rúa ejerce en el centro de salud Pintor Colmeiro y es muy conocida en el barrio donde se crio el niño.
Ese conocimiento cotidiano del vecindario, que en medio del susto a un adulto le podría haber pasado inadvertido, fue la primera pieza de la cadena que acabó salvando a su padre.
Lo que ocurrió aquella noche en la calle Regueiro
Todo empezó con una caída. Luis se desplomó en el suelo del bar y, en el golpe, se hizo un corte y sangró por una ceja. Rosy trató de reanimarlo ella misma y, mientras lo hacía, envió a Iker a pedir auxilio.
El niño salió a la calle. Intentó llamar la atención de los conductores y paró a los coches. Después entró en el bar contiguo, donde estaba Pilar Rúa viendo por televisión el partido entre el Barcelona y el PSG, porque su marido es del Barça. Fue ahí donde pronunció la frase que cambió la noche.
La médica acudió de inmediato, acompañada de dos clientas del bar que trabajan como enfermeras en el Hospital Povisa. Se sumaron a la reanimación. Luis había entrado en parada cardiorrespiratoria y presentaba signos de falta de oxígeno: estaba cianótico, es decir, con la piel morada por la falta de oxígeno en la sangre, según el relato recogido.
Cronología de la noche
- Poco antes de las nueve: Luis se desploma en el bar La Esquinita.
- Rosy intenta reanimarlo y manda a Iker a buscar ayuda.
- Iker para coches en la calle y entra en el bar contiguo, donde está Pilar Rúa.
- La médica y dos enfermeras empiezan las maniobras de reanimación.
- Luis sufre una segunda parada y un policía fuera de servicio corre a la comisaría a por un desfibrilador.
- Tras las descargas, Luis respira y es trasladado en ambulancia al hospital.
Cómo se hizo la reanimación: médica, enfermeras y policías
La médica logró sacar a Luis de la primera parada, pero se produjo una segunda. En ese punto las dos enfermeras se ofrecieron a relevarla en las maniobras, pero Pilar Rúa siguió insistiendo ella misma en la reanimación.
Mientras tanto, dos policías que se encontraban fuera de servicio colaboraban en la escena. Uno de ellos salió corriendo hacia la comisaría, situada a unos 300 metros, y regresó minutos después con un desfibrilador externo automático, conocido como DEA. Un DEA es un aparato portátil que analiza el ritmo cardíaco de la persona y, si lo considera necesario, administra una descarga eléctrica; por eso puede usarlo alguien que no es médico siguiendo sus indicaciones.
Las descargas del aparato dieron resultado: el paciente comenzó a respirar. La médica pidió silencio a todo el público del bar, porque el desfibrilador «le hablaba» cada vez que realizaba una descarga y necesitaba oír sus indicaciones. Luis fue atendido hasta la llegada de la ambulancia, que lo trasladó al hospital.
Ya dentro de la ambulancia, Pilar Rúa coincidió con un técnico sanitario que, meses antes, había salvado a un bebé. Es un detalle que la propia médica relata y que redondea una noche en la que varios profesionales, algunos fuera de servicio, coincidieron en el mismo lugar.
Lo que dicen los protagonistas
Rosy, la madre de Iker y esposa de Luis, no tiene dudas sobre quién fue el protagonista. «El héroe fue el niño, yo también hice la reanimación, pero paré porque mi marido se estaba poniendo morado. Entonces vino la doctora y unas enfermeras de Povisa y comenzaron las maniobras», explica.
También describe lo vivido con crudeza: «Mi marido volvió en sí. Fueron momentos muy difíciles porque él se iba y volvía. Con el desfibrilador, consiguieron estabilizarlo».
«La reacción del niño es impresionante, es un campeón, un crack, comprobó que estaba muerto, avisó y si tuviese más fuerza, habría hecho las maniobras.»
Pilar Rúa, médica de familia
Rúa añadió una reflexión sobre lo ocurrido: «Es bueno que en los colegios enseñen a los niños para que no tengan miedo a hacer las comprensiones». Es una frase que sitúa la hazaña de Iker en un marco más amplio, el de la formación en primeros auxilios desde edades tempranas.
Por qué su rapidez marcó la diferencia
Según relató Rosy, los médicos le dijeron que el niño había hecho mucho: gracias a su respuesta inmediata, su padre se salvó de padecer un daño cerebral, algo que, según esa misma cita indirecta, afecta al 95 % de los infartados cuando pasa mucho tiempo sin oxígeno. Se trata de un dato trasladado por la madre, no de una cifra verificada de forma independiente, y así debe leerse.
La médica Pilar Rúa coincide en que la actuación del niño fue clave en el rescate. Iker comprendió que su padre necesitaba ayuda urgente y salió a buscarla sin perder tiempo. Esa decisión fue la que permitió que, en cuestión de minutos, hubiera una médica, dos enfermeras y un desfibrilador junto a Luis.
Rúa fue más allá y planteó que enseñar primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar en los colegios puede ayudar a los niños a reaccionar ante emergencias y a perder el miedo a pedir ayuda o a intervenir.
Claves del caso
- Luis, de ‘La Esquinita’, entró en parada cardiorrespiratoria dentro de su propio bar.
- Hubo dos paradas: la médica logró sacarlo de la primera y la segunda obligó a usar el DEA.
- El desfibrilador llegó desde la comisaría, a unos 300 metros, traído por un policía fuera de servicio.
- Iker, de 8 años, salió a la calle, paró coches y llegó a la médica de cabecera.
Qué viene ahora: un padre ingresado y un niño héroe en su colegio
Luis permanece ingresado en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. No consta más información sobre su evolución, así que cualquier pronóstico queda por ahora en manos del equipo médico que lo atiende.
Lo que sí consta es el efecto de lo ocurrido en el entorno de Iker: según la información disponible, se ha convertido en el héroe de su colegio de Vigo. Un niño de ocho años que una noche de octubre echó a correr por la calle Regueiro y consiguió que su padre siguiera con vida.
Por la redacción de GUAY.news.





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