Un equipo de la Fundación Parque Jaime Duque ha documentado durante meses el crecimiento de Lulú, una cría hembra de cóndor andino nacida en el páramo El Almorzadero, en el departamento colombiano de Santander. Las últimas imágenes, difundidas a finales de septiembre, muestran sus primeros vuelos junto a sus padres.
El seguimiento se ha hecho desde la Reserva Natural La Piedra del Cóndor. Los investigadores han registrado la aparición de las primeras plumas, cómo la cría ejercitaba las alas antes de lanzarse al aire y cómo los dos progenitores se turnaban para alimentarla.
Un macho que llegó tarde
La historia empezó el 26 de diciembre de 2025. Ese día, Carlos Grimaldos, zootecnista y responsable del monitoreo del cóndor andino en la fundación, vio a un macho posarse en una piedra y desaparecer segundos después dentro de una cueva. Había llegado tarde, hacia las once de la mañana, y no volvió a salir.
«Había algo que no cuadraba».
Así lo pensó Grimaldos en aquel momento. Solo cabían dos explicaciones: que el ave estuviera incubando o criando. A finales de enero de 2026, un sobrevuelo con dron confirmó el nido y permitió ver a un polluelo muy pequeño.
Desde entonces, el equipo ha observado a la familia siempre que ha podido. No es fácil: por la forma del nido, la cría solo se deja ver cuando los padres llegan con comida y ella se asoma a la entrada. Según Grimaldos, el macho es el que está más pendiente de ella.
Ya vuela con la bandada
Los investigadores confirman ahora que Lulú ya vuela junto a sus padres y se ha integrado en la bandada de cóndores de esa zona de Colombia.
«Estamos felices de que ella siga explorando y conociendo su territorio. Invitamos a que sigamos conservando a nuestra insignia, ya que es la que cuida, protege y limpia nuestros páramos».
Las poblaciones del cóndor andino han caído de forma alarmante en las últimas décadas en toda su área de distribución, que abarca Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile.
Trabajo con los vecinos del páramo
La principal amenaza para la especie son los conflictos con las personas, que durante años han creído, por error, que los cóndores atacan al ganado. Por eso, uno de los ejes del proyecto de conservación de la fundación en El Almorzadero es el trabajo con los habitantes del páramo.
A los vecinos se les explica que el cóndor no ataca a vacas, ovejas ni cabras, salvo que se trate de animales enfermos o muy pequeños. Su papel en el ecosistema es el de carroñero: limpia el páramo de restos de animales muertos.
Por la redacción de GUAY.news.





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