La Navidad llegó a Río de Janeiro antes de tiempo. Cincuenta y cinco nuevos Papá Noel se reunieron junto a la estatua del Cristo Redentor para celebrar el final de su formación en la Escola de Papai Noel do Brasil, una cita con la que se abre simbólicamente la temporada navideña en la ciudad.
Vestidos con trajes rojos y barbas blancas, los graduados cantaron villancicos durante el trayecto en el tren de la montaña de Corcovado, que los llevó hasta las inmediaciones de la estatua. Los últimos escalones los subieron a pie, ya con el monumento a la vista.
Una graduación a los pies del Cristo Redentor
El acto tuvo lugar un martes junto al Cristo Redentor, uno de los símbolos más reconocibles de Brasil. Allí, tras completar el ascenso, los alumnos asistieron a una ceremonia que incluyó una bendición y la entrega de diplomas, con la que quedó oficialmente cerrada su formación.
La escena, con medio centenar de Papá Noel de rojo y barba blanca cantando villancicos en lo alto de Corcovado, resume el espíritu de la escuela: dar a esta figura navideña un oficio aprendido, con técnica y con cuidado por los detalles.
Entre los asistentes estaba Marinezio Teixeira de Oliveira, conductor de camiones, que forma parte de un grupo particular: el de los graduados que vuelven a la escuela para obtener un segundo certificado. Su caso muestra que el curso no se agota en una sola edición para quienes le toman gusto.
Cómo se ha llegado hasta aquí
La escuela nació en 1993, hace 33 años, de la mano de los actores Limachem Cherem y Conrado Freitas, junto con la diseñadora de vestuario Fátima Tavares Cherem. El primer aula fue el sótano de la casa de Cherem, en el barrio de Vila Isabel, en Río de Janeiro. De aquel espacio doméstico ha salido una institución que, en tres décadas, ha formado a más de 1.000 Papá Noel y a unas 300 Noeletes, el equivalente femenino de la figura.
El curso es gratuito y está abierto a hombres de 50 años o más con cabello y barba naturalmente blancos o grises. Dura un mes, con clases los martes por la tarde, y su programa va bastante más allá de ponerse el traje: incluye clases de actuación, improvisación, dicción, postura, maquillaje, vestuario y cuidado de la barba. También se enseña lengua de signos brasileña, una herramienta que permite a los Papá Noel comunicarse con personas sordas.
La mezcla de perfiles de sus fundadores explica el enfoque. Dos actores aportan el trabajo de escena, la voz y la improvisación, y una diseñadora de vestuario cuida la imagen y el atuendo. El resultado es una formación pensada para que cada Papá Noel sepa moverse, hablar y mirar al público como lo haría un profesional.
Muchos de los graduados son jubilados que encuentran en este oficio una fuente de ingresos extra. Trabajan en centros comerciales, hospitales y fiestas, es decir, allí donde la figura de Papá Noel es bienvenida y donde un buen intérprete marca la diferencia.
Qué viene ahora
Con el diploma en la mano, los nuevos graduados se preparan para difundir el espíritu navideño por todo Brasil. La temporada, que en Río arrancó simbólicamente con esta ceremonia junto al Cristo Redentor, les espera con agenda de visitas a centros comerciales, hospitales y celebraciones de todo tipo.
Para algunos, como Marinezio Teixeira de Oliveira, no será la última vez que pisen las aulas de la escuela: quienes regresan para conseguir un segundo certificado demuestran que el aprendizaje de este oficio admite más de una vuelta. La fundación de 1993 en un sótano de Vila Isabel ha dado lugar a una tradición propia, con sus ritos, sus villancicos y su graduación anual en lo alto de Corcovado.
Por la redacción de GUAY.news.





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