La labor del servicio de fisioterapia del hospital Infanta Elena de Huelva demuestra cada día que la sanidad va mucho más allá de la aplicación de técnicas mecánicas y ejercicios pautados. En las salas de rehabilitación, donde se atiende a personas con diferentes patologías y lesiones tras accidentes, el apoyo emocional y la empatía son tan importantes como la propia recuperación muscular. Los profesionales combinan la capacidad técnica y los conocimientos en salud con una atención profundamente humana, teniendo en cuenta las realidades sociales, las posibilidades económicas y los entornos de cada persona que cruza la puerta.
Historias de superación y confianza tras los accidentes
Uno de los casos que refleja esta intensa labor es el de Manuel, un paciente de 41 años que sufrió un grave accidente de moto en el que se fracturó las dos muñecas y ambos fémures por dos partes. Tras pasar cinco días en cuidados intensivos en Portugal, su único objetivo era recuperarse para volver a disfrutar de sus hijas, de 4 y 9 años. Me fracturé las dos muñecas, el fémur derecho y el fémur izquierdo por dos partes, recuerda Manuel, quien destaca que, aunque el impacto fue muy fuerte, su cabeza salió ilesa. Para él, el ambiente en el centro hospitalario es tan cercano que bromea con haberle chafado el cumpleaños a su mujer con el suceso, mientras mantiene la ilusión de volver a bañarse en la playa aunque sea con muletas.
Otro testimonio es el de Luis, de 76 años, un observador de campo que ha recorrido Doñana de punta a punta y que ingresó en el servicio con una gran dependencia tras un accidente. Tuve un accidente que me ha dejado mucha dependencia, tanta que no puedo coger siquiera un vaso de agua, explica. Luis confiesa que entró con miedo, pero que la actitud de los profesionales, que le brindaron todo su cariño antes de afrontar la rehabilitación, le cambió por completo la perspectiva.
La empatía como herramienta clínica fundamental
Los profesionales insisten en que el éxito de la terapia radica en ver al paciente como un ser humano que necesita ayuda y no como un simple expediente médico. Agustín Moya, un fisioterapeuta con diecisiete años de trayectoria en el centro, señala que lo verdaderamente relevante es el cara a cara con las personas, adaptándose a sus realidades. El vínculo es tan estrecho que el propio Moya atiende ahora, dos décadas después, a pacientes de etapas anteriores de su vida.
Por su parte, compañeras como Isabel Romero inciden en que la recuperación exige muchísimo tiempo y un trato muy individualizado, advirtiendo de que es habitual que los pacientes sufran baches y se vengan abajo cuando los avances se estancan. En esos momentos, la escucha, la paciencia y el contacto diario resultan indispensables para que cada sesión termine con una sonrisa, tal y como experimenta Cristina, una paciente que arrastraba un sobrepeso de unos cinco kilogramos debido a un linfedema y cuya calidad de vida ha mejorado gracias al empeño constante de su terapeuta, quien llega a investigar técnicas nuevas fuera de su horario laboral.
Autonomía y reconocimiento de una disciplina esencial
El enfoque multidisciplinar abarca desde el dolor hasta los aspectos respiratorios, neurológicos y traumatológicos. Virginia Boza y otros miembros del equipo recuerdan que su labor ayuda a recuperar la confianza y la esperanza en volver a hacer lo que el cuerpo realizaba antes sin pensar. Asimismo, Carmen Brioso destaca el objetivo final de dotar a los pacientes de autonomía y de ayudarles a adaptarse a su nueva situación vital, celebrando además que los fisioterapeutas se hayan consolidado plenamente dentro del espacio clínico con el respeto de toda la comunidad médica.
Este modelo de atención integral en Huelva pone de relieve que la sanidad pública alcanza sus mejores cotas cuando el rigor técnico se da la mano con la cercanía humana, convirtiendo la rehabilitación en un espacio de esperanza y reconstrucción personal.
Por la redacción de GUAY.news.





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