Cuando un terremoto derrumba un edificio, el tiempo corre en contra de quienes quedan atrapados y, a menudo, los huecos entre los escombros son demasiado estrechos para cualquier persona o máquina. Investigadores de Australia proponen una solución poco habitual: cucarachas excavadoras gigantes equipadas con dispositivos electrónicos y guiadas a distancia con un mando de videojuegos. Las llaman «Paraborgs» y, por ahora, el trabajo está en fase experimental.
Los resultados se han publicado en la revista Advanced Science y proceden de laboratorios de la Universidad de Queensland y de la Universidad de Nueva Gales del Sur. La idea es combinar un insecto vivo con tecnología electrónica para que pueda desplazarse por espacios difíciles y apoyar labores de rescate. La fecha de publicación no consta en el texto de partida.
Antes: rescatistas que no llegan a todas partes
Hasta ahora, las operaciones de búsqueda y emergencia dependen de equipos humanos, perros y máquinas que se topan con un límite evidente: los lugares inaccesibles. Entre los restos de una estructura colapsada hay galerías minúsculas por las que no cabe un rescatista, y es justo ahí donde puede haber personas con vida esperando ayuda.
Los insectos con electrónica no son una novedad absoluta. Según el material de partida, se utilizaron cucarachas ciborg en labores de búsqueda y rescate tras el terremoto de Myanmar de 2025. El texto no precisa el alcance de aquella intervención ni ofrece más detalles sobre ella. Lo que añade este nuevo trabajo es una pieza más ambiciosa: no solo localizar a las víctimas, sino también asistirlas desde el primer momento.
Ahora: una cucaracha con mochila electrónica
El protagonista es una cucaracha excavadora gigante, que pesa unos 40 gramos y puede cargar más de la mitad de su propio peso. Para convertirla en un pequeño dispositivo, el equipo instaló sobre su cuerpo una mochila electrónica con electrodos conectados a las antenas y a la parte trasera. Con esa conexión, los investigadores dirigen sus movimientos mediante un mando de videojuegos: pueden hacerla avanzar, girar o detenerse. El texto no indica cuánto pesa el animal una vez equipado con la mochila, solo el de la especie.
Los «Paraborgs» trabajan en equipo y se reparten las tareas. Algunos insectos llevan cámaras para localizar a las víctimas. Otros transportan un inyector con un mecanismo de resorte que dispara una jeringa con medicamento. La función de ese inyector sería brindar asistencia médica de emergencia, siempre bajo supervisión humana. Así, el grupo combina la búsqueda con una posible primera atención a la persona encontrada.
Las pruebas se hicieron en laboratorio, con dianas de silicona y piel de cerdo, y no en seres humanos. En un circuito de 2,5 metros, el sistema completó sin fallos los 25 intentos de recorrido. La inyección dio en el blanco en el 72 % de los casos. Son cifras prometedoras para un prototipo, aunque todavía lejos de lo que exigiría una situación real de emergencia, donde el terreno, la oscuridad y la presencia de polvo no se pueden reproducir del mismo modo en un laboratorio.
25 de 25 recorridos completados sin fallos en un circuito de 2,5 metros, según las pruebas de laboratorio descritas.
72 % de inyecciones que dieron en el blanco en las pruebas con dianas de silicona y piel de cerdo.
El factor humano: cómo se sentiría la persona atrapada
Hay un detalle que distingue este proyecto de otros: el equipo ha pensado en cómo se sentiría la persona atrapada. Ver aparecer entre la oscuridad y el polvo una cucaracha cargada de electrónica podría provocar temor o desconcierto. Por eso, entre las propuestas para hacer su llegada menos intimidante figuran incorporar luces, distintivos de emergencia y un pequeño altavoz que transmita un mensaje tranquilizador.
El mensaje propuesto es «la ayuda está en camino». Según el texto, se trata de una propuesta del equipo investigador y no de una declaración de una persona identificada. El objetivo, según el material de partida, es hacer el dispositivo más comprensible para las víctimas, no solo mejorar su tecnología.
Lo que falta por resolver
Los propios autores insisten en no adelantar acontecimientos. T. Thang Vo-Doan, director del laboratorio de biorrobótica de la Universidad de Queensland, lo resume así:
«No estamos sugiriendo que sea un dispositivo médico listo para usarse hoy en personas».
T. Thang Vo-Doan, director del laboratorio de biorrobótica de la Universidad de Queensland
Antes de participar en rescates reales, los científicos deberán resolver varios desafíos técnicos, médicos y regulatorios. Entre ellos, garantizar la comunicación dentro de estructuras colapsadas, determinar qué medicamentos utilizar y en qué dosis, y definir un marco regulatorio que permita evaluar su seguridad.
Los investigadores calculan que podrían hacer falta entre cinco y diez años de desarrollo y pruebas para que estos insectos se incorporen de forma habitual a los equipos de rescate. El texto no aclara si ese plazo es una estimación pública del equipo o procede de otra fuente. Mientras tanto, el proyecto sigue explorando cómo podrían ayudar en lugares de difícil acceso.
Si supera todas esas etapas, la propuesta abriría una nueva posibilidad para las operaciones de búsqueda y emergencia: llegar a personas atrapadas allí donde hoy no llega nadie.
Por la redacción de GUAY.news.





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