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Sociedad

Una psicopedagoga uruguaya crea libros y una web para leer mejor

Mercedes Lafourcade fundó la editorial Basilisa y la plataforma LISA, que adapta textos con IA para niños con dislexia.

Manos de un niño pasando las páginas de un libro ilustrado sobre un pupitre junto a una ventana de un aula.

La psicopedagoga y maestra uruguaya Mercedes Lafourcade ha creado dos herramientas para que leer deje de ser una barrera: la editorial Basilisa, dedicada a libros accesibles para niños y niñas con dislexia o dificultades en el desarrollo de la lectura, y LISA (lectura inclusiva, simplificada y accesible), una plataforma web que utiliza inteligencia artificial para adaptar textos y facilitar su comprensión.

Lafourcade, que además asumió en setiembre la presidencia de la Asociación Uruguaya de Psicopedagogía, trabaja hoy en el ámbito de la atención clínica y dio clase durante varios años como maestra en distintos centros educativos del país. Dedica su tiempo a la editorial y a la plataforma, en la que empezó a trabajar en 2021.

Su propuesta llega en un momento delicado para la lectura en Uruguay. Según los resultados de PISA 2025, divulgados en setiembre, solo el 9 % de los estudiantes uruguayos que hicieron la prueba se situó en el nivel alto de desempeño en lectura, mientras que el 43 % quedó en el nivel más bajo. «Estamos viendo muy bajos niveles de aprendizaje», resume la autora.

Qué cambia

La idea de Basilisa nació en 2017, cuando Lafourcade detectó un vacío en la oferta literaria para personas con dislexia. «Vi una necesidad real de estas personas de acceder a libros acordes a sus intereses, pero que puedan leer con facilidad», explica. Según su experiencia, lo que había era o bien «muy infantil» o bien «muy difícil de leer».

El primer paso fue presentar el proyecto al concurso «Emprendedores en la mira» de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). En ese momento Basilisa todavía no existía como editorial: la docente se presentó solo con la idea. Con la primera financiación se publicó el primer título del catálogo, Milo y Manú. Para las ilustraciones recurrió a «gente amiga» y la mayor parte del dinero se destinó a la impresión.

La ANII le sugirió después presentarse a un programa de «capital semilla» para proyectos de innovación. Con esa nueva financiación y con asesoramiento pudo crear la página web, ampliar el catálogo y seguir formándose.

La adaptación de los libros no se limita a cuestiones visuales como la tipografía, el interlineado o los glosarios. Lafourcade parte de un análisis del propio lenguaje. Seleccionó el vocabulario según la frecuencia de uso de las palabras, su extensión, su estructura silábica y fonológica, y lo familiares o concretas que resultan, priorizando las más fáciles. Los textos tienen un máximo de 15 palabras por frase, evitan las subordinaciones y presentan los acontecimientos en orden cronológico. En el diseño se usa papel blanco para los fondos del texto y una distribución que facilita el seguimiento visual.

Esa mirada se apoya en una idea que la autora repite: «En general, tendemos a pensar que la dislexia es un problema visual». Leer, explica, es un acto «tan extremadamente complejo» que «se necesita ensamblar elementos visuales, funciones auditivas –principalmente–, memoria a corto plazo, memoria a largo plazo, motivación, conocimientos del mundo». Por eso considera que los ajustes solo visuales «no es para nada suficiente».

A quién beneficia

Los títulos de Basilisa están pensados para niños de entre 8 y 11 años y se encuentran en distintas librerías del país. Entre ellos figuran Milo y Manú, Masumi y Naoki, Oba y Ema en el Ártico y Max amable. Usan el formato de libro álbum, con ilustraciones artísticas que acompañan la narración y amplían los conocimientos culturales de los lectores, incluidos espacios geográficos, fauna y vegetación. En la mayoría de los títulos hay dos historias paralelas que, aunque al principio parecen independientes, se encuentran hacia el final y revelan su conexión.

Lafourcade reconoce que no se considera escritora: su experiencia escribiendo historias era «totalmente limitada» y su objetivo principal siempre fue crear textos más sencillos de leer. Los libros, además, cumplen una función de «autoaprendizaje»: incorporan contenido cultural porque, para la autora, las dificultades de comprensión lectora también se relacionan con la falta de vocabulario y de conocimientos previos.

El beneficio no se limita a quienes tienen un diagnóstico. «La accesibilidad [de la lectura] no está limitada a las personas con dislexia, porque las dificultades lectoras aparecen cada vez más», sostiene Lafourcade.

Según su experiencia, el efecto se nota pronto: «Cuando los niños se enfrentan con un texto accesible, leen en forma más fluida y comprenden mejor. Significativamente mejor». Y añade: «Además, como el conocimiento está muy mediado por el código escrito, acceden a un mayor conocimiento». La autora también atribuye a esa experiencia una repercusión en el «nivel de motivación» y la «autoconfianza» de quienes conviven con la dislexia.

Cómo se mide la dificultad de un texto

Del trabajo de Lafourcade salió además una herramienta propia: el índice de dificultad lectora (IDL), un parámetro para medir la complejidad de los textos y adecuarlos a las necesidades de los lectores con dislexia. Contempla variables lingüísticas como la extensión de las palabras, su frecuencia de uso y su estructura silábica, y permite establecer distintos niveles de dificultad para orientar la adaptación de un texto sin perder la información ni el sentido original. La fórmula del IDL está incorporada a la plataforma LISA.

Para comprobar si el método funciona, Lafourcade lo sometió a análisis en el marco de su maestría en investigación biomédica en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, con el apoyo del investigador Juan Valle Lisboa. Analizó textos difíciles y los comparó con versiones «simplificadas». Con un análisis estadístico basado en las estructuras oracionales y en la cantidad de palabras difíciles, concluyó que en todos los casos había una diferencia «estadísticamente significativa».

La plataforma LISA reúne ese trabajo con el uso de inteligencia artificial para adaptar textos y hacerlos más comprensibles.

Por la redacción de GUAY.news.

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