Perder el pelo es uno de los efectos más visibles y más temidos de la quimioterapia. Para amortiguar ese golpe, el Centro Oncológico Integral Canario, dependiente de los Hospitales Universitarios San Roque, en Las Palmas de Gran Canaria, ofrece un tratamiento de hipotermia capilar conocido como «Scalp Cooling». Su responsable es la oncóloga médica Carmen Murias, y el centro lo presenta como una terapia pionera.
La técnica consiste en enfriar de forma controlada el cuero cabelludo antes, durante y después de la administración de los fármacos oncológicos. El objetivo es que menos medicación llegue a la raíz del cabello y que, con ello, aumenten las posibilidades de que el pelo permanezca tras el tratamiento.
Los especialistas son cautos: siempre puede haber pérdida de cabello durante la quimioterapia, y el resultado depende de cada paciente. Aun así, las cifras que maneja el centro explican el interés que ha despertado la terapia.
Hasta un 90 % es el nivel de efectividad que se atribuye al tratamiento
Cómo funciona el frío sobre el folículo
El mecanismo es sencillo de explicar. Al aplicar frío intenso en la cabeza, los vasos sanguíneos que alimentan los folículos pilosos se contraen. Esa contracción reduce de forma drástica el flujo de sangre en la zona y limita que los medicamentos quimioterapéuticos alcancen la raíz del cabello.
Dicho de otro modo, el folículo recibe menos sustancias nocivas y, por tanto, tiene más posibilidades de resistir. No se trata de proteger el pelo con una barrera externa, sino de cambiar durante unas horas lo que le llega por dentro: menos sangre y, con ella, menos fármaco.
El enfoque se limita al cuero cabelludo. Los fármacos oncológicos se administran con normalidad y siguen su curso en el resto del organismo; el frío solo actúa sobre la zona en la que se aplica el gorro.
El gorro, la máquina y el protocolo
En la práctica, la paciente se coloca un gorro ajustado de silicona conectado a una máquina que hace circular un líquido refrigerante a temperatura constante. Sobre el gorro se fija una cubierta aislante de neopreno, sujeta con una cinta en la barbilla, de modo que se ajuste correctamente y la temperatura no varíe durante la sesión.
-4 ºC es la temperatura constante del líquido refrigerante
El enfriamiento no se limita al rato en que se administra la quimioterapia. El protocolo tiene tres fases, que el centro describe así:
- Antes: media hora de preenfriamiento con el gorro puesto.
- Durante: el enfriamiento se mantiene a lo largo de la sesión de quimioterapia.
- Después: hasta 150 minutos de postenfriamiento, según el tipo de quimioterapia.
Esa última duración no es fija: varía en función del fármaco que reciba cada paciente, de ahí el «hasta». Es un detalle importante, porque quien se plantee la terapia debe contar con que la estancia se alarga en la unidad por encima de lo que dura la propia infusión.
Los números del tratamiento
Los datos que ofrece el centro permiten situar bien las expectativas. Por un lado está la efectividad de «hasta un 90 %»; por otro, la caída de cabello que se registra con la terapia, que según el equipo se sitúa entre el 10 % y el 40 %.
Entre un 10 y un 40 % es la caída de cabello que se registra con la terapia
La propia doctora Murias lo resume así:
«Conseguimos eliminar la alopecia total, y alcanzamos niveles de caída de entre un 10 y un 40 %. El éxito depende mucho del tipo de cabello de cada paciente, de la cantidad y densidad del cabello y también de la tolerancia y el tiempo de exposición al tratamiento».
Carmen Murias, oncóloga médica responsable de la terapia
La información disponible no detalla cómo se relacionan exactamente la cifra de efectividad y la de caída, así que conviene leerlas como lo que son: un techo de resultados muy favorable en el mejor de los casos y una horquilla de pérdida más realista para el conjunto de pacientes. Lo que sí está claro es que la terapia no promete conservar todo el cabello a todas las pacientes.
Más de 300 mujeres con cáncer han pasado por las máquinas desde la puesta en marcha del tratamiento
Esa cifra da una idea del recorrido que ya acumula la terapia en el centro, aunque los datos disponibles no aclaran si se refiere solo a este hospital o a un ámbito más amplio.
De qué depende que funcione
Los especialistas insisten en que no todas las pacientes responden igual. Los factores que citan son tres: el tipo de cabello, su cantidad y densidad, y la tolerancia al frío junto con el tiempo de exposición al tratamiento. Es decir, influyen tanto las características de cada persona como la capacidad de aguantar el protocolo completo.
La tolerancia no es un asunto menor. Pasar media hora de preenfriamiento, toda la sesión y hasta 150 minutos de postenfriamiento con el cuero cabelludo a baja temperatura exige cierto aguante, y esa experiencia influye en que el tratamiento se complete tal y como está diseñado.
Quién puede usarla y quién no
La terapia tiene un perfil de uso concreto y también limitaciones. Según el equipo, está estudiada para pacientes con cáncer de mama o ginecológico. Una de las doctoras del centro lo explica así:
«En general esta terapia está estudiada para pacientes con cáncer de mama o ginecológicos y hay que tener en cuenta que no se puede utilizar con pacientes con algún tipo de enfermedad del frío tales como el fenómeno de Raynaud. Tampoco para los enfermos de cáncer linfático».
Doctora del Centro Oncológico Integral Canario
Las contraindicaciones señaladas son, por tanto, dos: las enfermedades del frío, como el fenómeno de Raynaud, y el cáncer linfático. Corresponde al equipo oncológico valorar en cada caso si la terapia es una opción para la paciente.
Cuidados tras la sesión
Terminado el tratamiento, el centro da unas recomendaciones para ayudar a conservar el cabello:
- No usar secador de pelo durante las 24 horas siguientes.
- No recogerse el cabello.
- Usar un champú neutro.
Más allá del pelo: autoestima y vida normal
El equipo sanitario defiende que el valor de la terapia no se agota en lo estético. El diagnóstico de cáncer ya supone un fuerte impacto emocional, y la caída del cabello es uno de los efectos secundarios más evidentes y problemáticos de la quimioterapia. El tratamiento busca minimizar ese impacto sobre la autoestima y la identidad de las personas con cáncer y reducir el estrés que conlleva.
Para los profesionales del centro, el éxito se mide precisamente ahí: en que las pacientes no se vean obligadas a modificar sus vidas por el cáncer. Lo expresan con un ejemplo concreto:
«Tenemos pacientes que no han tenido que pasar por el trance de tener que contarles a sus hijos que tienen un tumor. Que se miran al espejo y se reconocen y que han podido seguir con su vida normal a pesar de haber pasado por un proceso de quimioterapia».
Equipo oncológico de los Hospitales San Roque
Es una forma de recordar que, en oncología, la calidad de vida durante el tratamiento importa tanto como el propio tratamiento. Conservar buena parte del cabello puede ayudar a que una paciente mantenga su rutina y decida a quién y cómo cuenta su enfermedad.
Lo que aún no está claro
Con todo, la terapia llega con matices que no conviene perder de vista. No garantiza conservar el cabello, funciona de manera desigual según la paciente, tiene contraindicaciones claras y se ha estudiado para determinados tipos de cáncer.
Tampoco constan, en la información disponible, la fecha de la puesta en marcha del tratamiento en el centro, la fecha de publicación de la información ni los próximos pasos previstos. Tampoco se especifica el alcance de las más de 300 mujeres tratadas, ni si la cifra de efectividad y la de caída corresponden a los mismos casos.
Qué se puede concluir
Lo que sí muestra la experiencia de Las Palmas es que existe una vía para reducir uno de los efectos más duros de la quimioterapia, con más de 300 mujeres que ya han pasado por las máquinas. Quien se plantee la terapia debe consultarlo con su oncólogo, que valorará si encaja con su tipo de tumor, su tratamiento y su estado de salud.
Por la redacción de GUAY.news.





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