Detectar el alzhéimer décadas antes de que el paciente note el primer olvido es uno de los grandes retos de la medicina. En Vigo, un grupo de investigadores del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur ha patentado un método que apunta en esa dirección: un análisis de saliva capaz de detectar el deterioro cognitivo, que puede desembocar en alzhéimer o en otras demencias.
Según los responsables del hallazgo, esta prueba podría permitir identificar la enfermedad hasta 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Con una simple muestra de saliva, explican, podría predecirse si una persona hoy sana desarrollará alzhéimer en el futuro. El verbo importa: se habla siempre en condicional, porque se trata de un método recién patentado y no de una prueba lista para los hospitales.
Qué ha logrado el equipo de Vigo
El trabajo lo han desarrollado investigadores del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, en un laboratorio del equipo investigador gallego. Han identificado tres biomarcadores presentes en la saliva y relacionados con las conexiones entre neuronas, es decir, con las sinapsis, los puntos por los que las células del cerebro se comunican entre sí.
Un biomarcador es una sustancia que puede medirse en el organismo y que indica si está ocurriendo un proceso determinado. En este caso, las tres proteínas identificadas reflejan el estado de esas conexiones neuronales, que son precisamente las que se deterioran cuando avanza la enfermedad.
Para medir esas proteínas emplean las técnicas conocidas como ELISA. Lo explica una de las investigadoras, Andrea Pérez: «Usan unas técnicas que se denominan ELISA para medir estas proteínas con más especificidad». Esa especificidad es clave en cualquier prueba diagnóstica, porque permite distinguir con más claridad la señal que se busca del ruido de fondo, es decir, de las demás sustancias presentes en la muestra.
El comportamiento de las tres proteínas sigue un patrón que los investigadores consideran revelador. Dos décadas antes de que el paciente pierda la memoria, una de ellas ya aparece en niveles bajos. Las otras dos, por su parte, van descendiendo a medida que avanza el daño. Esa evolución escalonada es la que abre la puerta a usar la saliva como una ventana temprana al estado del cerebro.
Tres proteínas, tres momentos. Una de ellas ya aparece en niveles bajos dos décadas antes de la pérdida de memoria. Las otras dos descienden conforme el daño avanza. Por eso el seguimiento de varias proteínas, y no de una sola, es el eje del método.
Cómo se ha llegado hasta aquí
La idea de buscar en una muestra tan sencilla como la saliva señales de una enfermedad neurodegenerativa responde a un problema conocido: el alzhéimer suele detectarse cuando el daño ya es evidente, con la memoria afectada y la vida cotidiana alterada. Para entonces, buena parte de las conexiones entre neuronas se ha deteriorado.
Por eso la atención de este equipo se ha centrado en proteínas ligadas precisamente a esas conexiones, que podrían dar la voz de alarma mucho antes de que aparezcan los síntomas. Una muestra de saliva es indolora, barata de recoger y fácil de repetir en el tiempo, tres ventajas frente a otras pruebas más invasivas o costosas.
Mientras la investigación avanza, la rehabilitación cognitiva sigue siendo una de las herramientas disponibles. En los talleres de este tipo se trabaja para mantener vivos los recuerdos y ejercitar la memoria, algo que ayuda a ralentizar el avance del alzhéimer. Detectar antes la enfermedad permitiría, precisamente, empezar antes con este tipo de apoyos y con las terapias que existan.
«Cuanto antes lo detectemos más fácil será dar terapia».
Andrea Pérez, investigadora
Esa es, en el fondo, la razón de ser de un diagnóstico precoz: ganar tiempo para actuar. La frase resume el planteamiento del equipo, que sitúa la detección temprana como condición para que cualquier terapia llegue en el momento en que puede tener más efecto.
Qué significa el hallazgo
El alcance de la propuesta se entiende mejor si se compara con la situación actual. Hoy el alzhéimer se diagnostica, en la mayoría de los casos, cuando los síntomas ya son visibles. El método de Vigo plantea invertir ese orden: buscar señales biológicas en la saliva décadas antes, cuando el paciente todavía no nota nada.
Ese cambio tiene además una dimensión práctica. Una prueba basada en una muestra de saliva permitiría repetir el análisis con el paso de los años sin las molestias de otras técnicas, lo que daría una vigilancia continuada y no un único diagnóstico.
Qué viene ahora
El objetivo declarado del grupo es ambicioso y cercano a la vida diaria: desarrollar un test similar al de la covid para que la prueba pueda hacerse en casa. Sería un cambio notable en la forma de vigilar la salud cerebral, porque cualquiera podría comprobar su situación sin pasar por una consulta especializada.
Por ahora, ese horizonte es una meta y no un calendario: no se han dado plazos ni fases concretas para llegar a un producto de uso doméstico. El método está patentado, un paso importante para proteger la invención y poder desarrollarla, pero el camino de cualquier prueba diagnóstica, desde el laboratorio hasta la farmacia, exige comprobar su fiabilidad con muchas más personas.
Lo que sí ofrece ya este trabajo es una pista esperanzadora desde Galicia: que unas pocas proteínas de la saliva, medidas con técnicas precisas, podrían avisar con dos décadas de antelación de lo que hoy solo se descubre cuando la memoria empieza a fallar.
Por la redacción de GUAY.news.





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