Lo que iba a ser un paseo para celebrar un compromiso acabó convertido en una larga espera contra el reloj. Una pareja que acababa de prometerse caminaba por Keel Beach, en la isla de Achill, frente a la costa oeste de Irlanda, cuando la marea entrante subió con rapidez, les cortó el paso hacia tierra firme y los dejó acorralados contra un acantilado vertical.
Sin salida posible, llamaron a la Irish Coast Guard (Guardacostas irlandés). Lo que siguió fue una operación de unas siete horas, en la que el equipo de rescate tuvo que enfrentarse a un viento de fuerza 8 a 10 y a un mar que lo ponía todo en contra. Al frente de la coordinación estuvo Peter McManamon, voluntario de la Guardacostas, que resumió el desenlace con una frase sencilla.
«Fueron dos personas muy afortunadas.»
Peter McManamon, voluntario de la Guardacostas que coordinó la operación
Un mar que no dejaba salir ni al barco ni al helicóptero
Los primeros recursos que se pensaron para un rescate así no pudieron usarse. El barco neumático rígido de la Guardacostas no pudo hacerse a la mar porque el oleaje lo impedía. McManamon explicó que el viento y las olas no daban margen para intentarlo.
«Soplaba fuerza 8 a 10 en ese momento y las condiciones de las olas no nos lo permitían.»
Peter McManamon
La situación de la pareja empeoraba mientras se evaluaban las opciones. La marea entrante había cerrado la salida por la playa, de modo que cualquier intento de sacarlos tenía que hacerse desde el mar, desde las rocas o desde el aire, y el estado del mar descartaba la primera vía.
Intentar llegar caminando por las rocas
Los guardacostas probaron entonces a llegar a pie, avanzando por las rocas hacia la pareja. Tampoco fue viable. El propio coordinador relató cómo se tomó la decisión de pedir ayuda aérea al ver que el agua avanzaba y que el avance terrestre ponía en riesgo a los propios rescatadores.
«Intentamos caminar por las rocas hacia ellos, pero… las olas estaban entrando y era demasiado peligroso meter a la tripulación, así que se solicitó el helicóptero.»
Peter McManamon
El helicóptero de la Guardacostas llegó, pero tampoco pudo completar el trabajo. La corriente descendente que genera el acantilado era demasiado fuerte para izar a la pareja con el cabrestante, el torno con cable que sube y baja la carga desde la aeronave. Con el mar cerrando el acceso por tierra y agua, y el aire cerrando el acceso por arriba, quedaba una sola vía: bajar desde lo alto.
Rappel por el acantilado y frío en el agua
Escaladores del equipo de rescate en acantilados de la Achill Island Coast Guard descendieron en rappel por la pared hasta llegar a la pareja. El rappel es la técnica por la que el escalador baja deslizándose por una cuerda sujeta en la parte superior, y en este caso permitió llegar hasta la zona donde la pareja estaba atrapada. Para entonces, las aguas ya les llegaban por las rodillas y el frío empezaba a hacer mella.
«Estaban muy fríos; la hipotermia estaba empezando a aparecer.»
Peter McManamon
La hipotermia es el descenso peligroso de la temperatura corporal, y que empezara a aparecer era una de las razones por las que el tiempo de espera importaba. Los rescatadores sacaron primero a la mujer, mientras su prometido esperaba en el agua. Después regresaron a por él.
De lo alto del acantilado a la ambulancia
Ambos fueron llevados a un terreno más alto antes de ser izados con cuerdas a lo largo de 150 metros hasta lo alto del acantilado. Era la última fase técnica de una operación que había empezado horas antes, con el mar como primer obstáculo.
El final de la operación tuvo un último tramo a pie. El terreno escarpado no permitía el acceso de vehículos, así que la pareja caminó dos kilómetros colina abajo hasta una ambulancia. Allí fueron revisados y, finalmente, dados de alta sin necesidad de ingreso hospitalario. Los hechos disponibles no indican si necesitaron atención médica adicional tras esa revisión.
Voluntarios en el centro del debate
El rescate llega en un momento delicado para quienes lo hacen posible. Según el relato de los hechos, a los voluntarios guardacostas se les comunicó que dejarían de cobrar por acudir a emergencias tras una sentencia del Tribunal de Apelación. Esa resolución confirmó un fallo que clasificaba a los voluntarios como «trabajadores» mientras desempeñan sus funciones.
En junio, la Maritime and Coastguard Agency anunció que tendría que «cambiar la forma en que opera el servicio» a raíz de esa confirmación judicial. No constan más detalles sobre la cuantía ni el alcance exacto de la medida, ni cuál será el siguiente paso.
Lo que sí deja claro la historia de Keel Beach es lo que se juega en cada salida: siete horas de trabajo coordinado, escaladores colgados de una pared batida por el viento y una pareja que, gracias a ellos, pudo volver a casa con su compromiso intacto y sin más secuelas que el frío pasado.
Por la redacción de GUAY.news.





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