En el norte de Rumanía, en la región de Maramureș, hay un camposanto donde nadie parece tener prisa por llorar. Es el Cementerio Alegre de Săpânța, un lugar en el que las cruces de madera, pintadas de azul, celebran la vida de quienes descansan bajo ellas en lugar de lamentar su ausencia.
Las tumbas combinan arte popular, humor y poesía. Cada una luce una escena pintada de la vida del difunto y un epitafio breve escrito en primera persona, como si el propio fallecido se dirigiera a quien se detiene delante de su lápida. Hoy el recinto reúne más de 800 cruces pintadas y, según el texto que sirve de base a este reportaje, recibe cientos de miles de visitantes al año.
Este viaje por el cementerio sigue el orden de su propia historia: del joven tallista que empezó a trabajar la madera a los 14 años al lugar que hoy aparece en las rutas de otoño por el este de Europa, en torno al Día de Todos los Santos.
1935: un escultor campesino decide pintar la vida
Todo arranca con Stan Ioan Pătraș, un escultor campesino de Săpânța. Desde los 14 años tallaba cruces para la iglesia del pueblo, un oficio que dominaba mucho antes de que su nombre quedara ligado al camposanto.
En 1935 tomó una decisión que lo cambiaría todo: incorporar en las lápidas escenas pintadas de la vida de cada difunto, acompañadas de un epitafio en primera persona. Aquella idea convirtió un cementerio rural en un álbum de retratos populares.
Las escenas, talladas en relieve, muestran a los difuntos en sus quehaceres cotidianos: pastores con sus rebaños, mujeres que tejen o cocinan, campesinos que aran la tierra y barberos que cortan el cabello. No hay solemnidad de mármol, sino oficios, gestos y herramientas de una comunidad campesina.
Debajo de cada imagen aparece un poema breve, escrito en el dialecto local, que resume con humor los rasgos, virtudes o defectos de la persona. Quien lee los versos siente que es el propio muerto quien le habla.
Azul de Săpânța y versos que hacen sonreír
El fondo de cada lápida es siempre azul, un tono que ha acabado bautizado como azul de Săpânța. Según las oficinas de turismo, representa la esperanza y la libertad. Sobre ese azul, aseguran, se distribuyen otros colores con significados propios.
El tono de los epitafios es irónico y cercano. Uno de los más citados, recogido por distintas publicaciones especializadas, es el de una suegra: «Debajo de esta pesada cruz / yace mi suegra, pobre / traten de no despertarla / porque si vuelve a casa / me arrancará la cabeza».
Otros versos son más serenos. El propio Pătraș esculpió y pintó su cruz antes de morir, y según la traducción recogida por el sitio Romanian Monasteries, su epitafio dice así:
«Desde que era un niño pequeño / me llamaron Stan Ion Pătraș / escúchenme, buena gente / lo que voy a decir no son mentiras / en todos mis días de vida / no deseé mal a nadie / pero hice el bien que pude / a quien me lo pidiera / ay, pobre mundo el mío / qué difícil fue vivir en él»
Stan Ioan Pătraș, epitafio de su propia cruz
Esa cruz se encuentra hoy frente a la entrada principal de la iglesia.
Claves del cementerio
- Lugar: Săpânța, región de Maramureș (Rumanía).
- Cruces: más de 800 pintadas en el Cementerio Alegre.
- Color: fondo azul, el azul de Săpânța, símbolo de esperanza y libertad.
- Formato: escena pintada y poema en primera persona, en dialecto local.
De 1975 a 1977: el aprendiz recoge el testigo
Según el sitio oficial de turismo de Rumanía, Pătraș trabajó en el cementerio durante cuatro décadas, hasta su muerte en 1977. En los dos camposantos del pueblo talló cerca de 700 cruces de roble.
La tradición no se apagó con él. Dumitru Pop Tincu, su aprendiz más reconocido, la continúa desde 1975 y dejó su propia impronta en el estilo de las nuevas cruces. Gracias a ese relevo, el cementerio siguió creciendo con una mano distinta pero con el mismo espíritu.
La antigua vivienda y taller del escultor se transformó en un museo, la Casa Memorial Stan Ioan Pătraș, situada a unos 300 metros del cementerio. Allí puede entenderse mejor el oficio de quien dio forma a este lugar.
De los dacios a las víctimas del siglo XX
La manera de entender la muerte en Săpânța tiene, según el texto, raíces antiguas. Los dacios consideraban que morir no era un final trágico, sino el paso a un encuentro con su dios supremo, Zalmoxis, y creían en la inmortalidad del alma. Esa forma de vivir la muerte habría perdurado incluso tras la conquista romana, especialmente en las regiones más al noroeste del país.
Con el paso de las décadas, el repertorio de escenas se ha ampliado. Hay lápidas dedicadas a víctimas de accidentes de tráfico, a personas que murieron durante el régimen comunista y a rumanos que emigraron a Europa occidental y fallecieron lejos de su tierra natal.
Así, las cruces no retratan solo los oficios campesinos, sino también los cambios sociales del país. El cementerio funciona como una crónica popular escrita en madera, con la ironía como lenguaje común.
Hoy: un destino de otoño para el visitante
El texto presenta el cementerio como un destino de turismo cultural muy buscado por quienes viajan por el este de Europa en otoño. Lo describe como una propuesta que combina arte popular, humor y memoria colectiva, y calcula que lo visitan cientos de miles de personas al año.
La entrada cuesta 10 leus rumanos, unos 2 euros. Los niños de 7 a 14 años pagan 5 leus y los menores de siete años entran gratis. El horario habitual es de 08:00 a 20:00 todos los días, aunque puede variar.
Llegar desde España requiere algo de logística. Rumanía forma parte de la Unión Europea, por lo que los ciudadanos españoles no necesitan visado. No hay vuelos directos desde España a esta región: lo más habitual es volar a Bucarest, con conexiones directas desde Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Alicante y Sevilla, y tomar después un vuelo interno a Baia Mare o Cluj-Napoca.
Desde Baia Mare, a 80 kilómetros de Săpânța, el trayecto en coche lleva aproximadamente una hora y media. Desde Cluj-Napoca, por carretera, entre cuatro y cinco horas. Sighetu Marmației, a unos 19 kilómetros, funciona como base habitual para recorrer la región, con taxis y excursiones locales hacia el cementerio.
Por la redacción de GUAY.news.





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