Recuperar las poblaciones de elefantes y de ballenas puede ayudar al clima, pero no es la solución por sí sola. Es la conclusión de un estudio publicado el 19 de octubre en la revista Current Biology, liderado por Andrew Abraham, de la Universidad del Norte de Arizona, en Estados Unidos. El trabajo revisa lo que se sabe sobre la relación entre estos grandes animales y el almacenamiento de carbono, y deja un mensaje en dos partes: sus beneficios son reales, pero todavía hay mucho que medir.
Qué hacen los elefantes por el carbono
Los elefantes cumplen funciones importantes en el ciclo del carbono, según la revisión. Dispersan semillas y favorecen la recuperación de los bosques, y eso ayuda a que haya más árboles capaces de retener carbono.
Además, al controlar el crecimiento de la vegetación, los elefantes podrían reducir el riesgo de incendios, que liberan carbono a la atmósfera. Es una función discreta, pero puede pesar en el balance final de un ecosistema.
El estudio también recoge la cara menos amable: con su alimentación, los elefantes pueden destruir árboles. Por eso los autores insisten en que su efecto no es simple ni igual en todos los lugares.
Esto encaja con el papel que se atribuye a estos animales como ingenieros del ecosistema. Dispersan semillas, abren caminos en la vegetación y ayudan a mantener la biodiversidad de los lugares donde viven.
El papel de las ballenas, en vida y después
En el caso de las ballenas, el estudio señala varias vías. Sus cuerpos almacenan carbono durante toda su vida. Sus excrementos, además, aportan nutrientes que favorecen el crecimiento del fitoplancton, unos organismos que absorben dióxido de carbono.
Cuando mueren, sus cuerpos pueden hundirse en el océano. Así, parte de ese carbono queda fuera de la atmósfera. Es una cadena que empieza con el animal vivo y continúa cuando muere.
Lo que todavía no se sabe
Los autores subrayan que sigue habiendo incertidumbre sobre cuánto carbono pueden almacenar estos animales, dónde lo hacen y en qué periodos de tiempo. Por eso piden más estudios y seguimientos a largo plazo para calcularlo con precisión.
Un dato clave es el plazo. Los efectos de la recuperación de grandes animales podrían tardar entre 50 y 100 años en manifestarse. Es un horizonte muy largo para un problema que exige actuar ya.
Por qué conviene recuperarlos igualmente
Los investigadores consideran que recuperar las poblaciones de estas especies es fundamental para frenar la pérdida de biodiversidad y evitar extinciones. En eso no hay discusión en el estudio: proteger a elefantes y ballenas tiene sentido por sí mismo.
La situación de los elefantes lo refleja. WWF recuerda que existen tres especies, dos africanas (de bosque y de sabana) y una asiática, y que las tres están protegidas y recogidas en la Lista Roja de la UICN. El elefante indio y el africano de sabana figuran como «en peligro», y el de bosque, como «en peligro crítico de extinción».
Según WWF, el comercio ilegal de marfil y la destrucción de su hábitat son sus grandes amenazas. Cuidar a estos animales ayuda a la biodiversidad, y si además suma al clima, mejor.
El riesgo de venderlos como solución climática
Aquí está la advertencia central. Los autores creen que promover estas iniciativas solo por sus beneficios climáticos es una estrategia de «alto riesgo».
Una de las razones es que vincular su conservación con créditos de carbono podría llevar a dar prioridad a los beneficios climáticos sobre la salud de los ecosistemas. Es decir, que el negocio del carbono acabara decidiendo cómo se protege a los animales.
Si la promesa climática no se cumple en el plazo esperado, además, la conservación podría quedarse sin su argumento principal. Por eso los investigadores prefieren defenderla por lo que sí está claro: la biodiversidad.
Qué viene ahora
Los investigadores piden más estudios y monitoreos a largo plazo para determinar cuánto carbono pueden capturar y almacenar los animales. Con esos datos, las decisiones de conservación y de política climática se apoyarían en cifras sólidas y no en suposiciones.
El mensaje final es de equilibrio. La recuperación de estos animales puede contribuir a afrontar a la vez la crisis de biodiversidad y la del clima. Pero, según el estudio, no sustituye a la reducción urgente de las emisiones ni al abandono de los combustibles fósiles.
- Los elefantes dispersan semillas y favorecen la recuperación de los bosques.
- Al controlar la vegetación, podrían reducir el riesgo de incendios que liberan carbono.
- Las ballenas almacenan carbono en vida y sus excrementos alimentan al fitoplancton.
- Los efectos de recuperar grandes animales podrían tardar entre 50 y 100 años en notarse.
- Hacen falta más estudios para saber cuánto carbono capturan realmente.
Promover estas iniciativas exclusivamente por sus beneficios climáticos es una estrategia de «alto riesgo».
La idea que deja el estudio es sencilla. Cuidar a elefantes y ballenas merece la pena por la biodiversidad, y el clima puede salir ganando. Pero la tarea de bajar las emisiones sigue siendo cosa nuestra.
Cuántos elefantes quedan y dónde están en peor situación
Las cifras de WWF ayudan a entender por qué la recuperación de estos animales es urgente. Los elefantes de bosque han perdido el 90 % de su población. Los de sabana han desaparecido un 60 % en el último medio siglo. Y de los elefantes asiáticos quedan menos de 40.000.
Dentro de ese grupo hay un caso especialmente delicado: los últimos mil elefantes de Borneo. La Lista Roja de la UICN de 2024 los clasifica «en peligro». WWF señala como amenazas la deforestación, el furtivismo de marfil y los conflictos con los agricultores.
También hay un dato que corrige una idea extendida: entre un 25 % y un 33 % de los elefantes africanos son de bosque, según la organización. Es decir, una parte importante de la población africana vive en la especie que figura como «en peligro crítico de extinción».
WWF recuerda además que el Día Internacional del Elefante se celebra cada 12 de agosto. Es una fecha pensada para recordar que el marfil de los colmillos ha convertido al elefante africano en una de las grandes víctimas del tráfico de especies.
Gigantes que se comunican con las pisadas y viajan por la realidad virtual
Hay otro motivo para cuidar a estos animales: son mucho más sofisticados de lo que parece. Aunque se les imagina como animales que hacen un ruido ensordecedor al caminar, en muchas ocasiones el oído humano apenas percibe sus pisadas. Y, según investigadores que han estudiado el asunto, esas pisadas sirven para comunicarse.
Los científicos usaron herramientas desarrolladas para vigilar terremotos y descubrieron que los elefantes generan sobre el terreno fuerzas de un tamaño significativo. Beth Mortimer, de las universidades de Oxford y Bristol, explica que las fuerzas producidas por las llamadas de los elefantes son comparables a las de una caminata rápida. Eso significa que esas llamadas pueden viajar a largas distancias a través del suelo.
Los elefantes crean además distintas «firmas sísmicas» según lo que estén haciendo: caminar, correr, resoplar o gruñir. Incluso los resoplidos y gruñidos generan vibraciones de muy baja frecuencia. Detectan esas vibraciones sobre todo con las patas, y su sistema auditivo les permite percibir infrasonidos que el oído humano no capta. Se ha observado que huyen a terrenos más elevados antes de la llegada de tsunamis lejanos.
Quien quiera acercarse a estos animales sin salir de España puede hacerlo en A Coruña. La exposición inmersiva «Hábitats. Naturaleza extendida» llega a la sede de Afundación y propone un viaje por nueve ecosistemas con realidad aumentada y virtual. Recrea a escala real ballenas, elefantes y leones con los que las familias pueden interactuar con unas gafas virtuales.
La experiencia la han diseñado los hermanos Noela y Carlos Seijo, fundadores del estudio audiovisual gallego Maxina, y la produce Cidade da Cultura. El Observatorio de la Cultura de la Fundación Contemporánea la ha reconocido como una de las mejores propuestas de arte digital en España. Agotó entradas en los tres primeros meses en el Museo del Centro Gaiás y ya la han visitado más de 11.000 personas.
Podrá visitarse desde el jueves 24 de abril hasta el 13 de septiembre, de lunes a sábado, festivos incluidos. La entrada cuesta 3,5 euros y se compra en Ataquilla. Cada sesión dura unos 30 minutos, con cuatro por la mañana y seis por la tarde.
Los elefantes más veteranos guardan el mapa del agua
Una investigación publicada en la revista Science propone una nueva forma de proteger a la fauna: no basta con contar animales, también importa su edad. Es la llamada «conservación de la longevidad». Según el trabajo, los individuos más viejos aportan más a la reproducción, a la transmisión de información y a la resistencia del grupo frente a los problemas.
En el caso de los elefantes, las hembras de más edad pueden recordar zonas de agua o de alimento que vieron mucho tiempo atrás. Esa experiencia, que no aparece en un censo, ayuda a las crías a sobrevivir en las sequías.
La ballena de Groenlandia, el mamífero que más vive
Entre los cetáceos hay un récord de longevidad. Según diversos estudios, la ballena de Groenlandia supera los 200 años de esperanza de vida, lo que la convierte en el mamífero más longevo. Puede medir entre 14 y 18 metros y pasar de las 80 toneladas.
Un estudio apunta a que cuenta con un mecanismo para corregir los errores del ADN que pueden desembocar en cáncer. Vive en el Ártico, protegida del frío por una gruesa capa de grasa.
Curiosidades de esta noticia
¿Sabías que los excrementos de las ballenas ayudan al clima?
Aportan nutrientes que favorecen el crecimiento del fitoplancton, unos organismos que absorben dióxido de carbono.
¿Cuánto tardarían en notarse los efectos de recuperar grandes animales?
Según el estudio, podrían tardar entre 50 y 100 años en manifestarse, así que no sustituyen a recortar emisiones ya.
¿Cómo pueden los elefantes reducir los incendios?
Al controlar el crecimiento de la vegetación, podrían reducir el riesgo de incendios que liberan carbono a la atmósfera.
¿Qué pasa con una ballena cuando muere?
Su cuerpo puede hundirse en el océano y mantener parte del carbono que almacenó fuera de la atmósfera.
Por la redacción de GUAY.news.





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