El Observatorio Swift de la NASA ha llegado al final de su camino. Tras 22 años en órbita y un intento de rescate que no salió como se esperaba, el telescopio caerá sin control hacia la Tierra el viernes 6 de noviembre o alrededor de esa fecha, según las estimaciones de la Fuerza Espacial de Estados Unidos. Se espera que casi todo el aparato se desintegre al atravesar la atmósfera. Y deja tras de sí un legado científico enorme, con más de 2.000 estallidos de rayos gamma detectados y un archivo de datos abierto a quien quiera usarlo.
Un telescopio diseñado para dos años que duró 22
Swift despegó el 20 de noviembre de 2004 con una misión muy concreta: buscar y estudiar algunas de las mayores explosiones conocidas del universo, los estallidos de rayos gamma y las supernovas. Según explica la NASA, el observatorio fue diseñado para operar durante dos años. Siguió trabajando durante 22 años.
En 2018 fue rebautizado oficialmente como Observatorio Swift Neil Gehrels, en honor a su primer investigador principal, fallecido un año antes. El nombre original viene del vencejo, un ave conocida por su velocidad y agilidad en vuelo. La referencia no es casual: el gran punto fuerte del telescopio era su capacidad de girar con rapidez para dirigir sus instrumentos hacia un fenómeno en cuanto se producía.
Esa agilidad lo convirtió en una pieza clave para otros observatorios. La NASA consideraba a Swift un primer respondiente para telescopios espaciales como el Hubble y el Webb, que seguían sus alertas y aportaban investigaciones más profundas.
Las cifras de una trayectoria científica
El balance final de la misión, según los datos de la NASA y de su equipo, es el siguiente:
- Más de 2.000 estallidos de rayos gamma observados.
- Más de 1.400 explosiones de estrellas estudiadas.
- Observaciones de numerosos cometas, asteroides y agujeros negros.
- Un análisis del cielo completo en rayos X.
- Datos que han contribuido a unos 7.000 artículos científicos publicados hasta la fecha.
Swift recopiló sus últimos datos científicos el 20 de octubre. La NASA dio por finalizada su misión científica cuando la nave pasó a orbitar a menos de 275 kilómetros sobre la superficie terrestre. A esa altura, la mayor resistencia atmosférica impide que el telescopio apunte con precisión a objetivos astronómicos.
Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica en la sede de la NASA en Washington, destacó que Swift formó parte de una revolución en la astrofísica que demostró lo cruciales que son las observaciones de respuesta rápida para toda la comunidad científica.
Un archivo abierto que seguirá dando frutos
La buena noticia es que el trabajo de Swift no termina con su caída. El archivo que ha enviado a la Tierra contiene casi 22 años de mediciones de brillo de todo tipo de erupciones cósmicas y más de 1,5 millones de imágenes de su Telescopio Ultravioleta/Óptico, entre otros datos.
El conjunto completo está disponible públicamente, como parte del compromiso de la NASA con la ciencia abierta y de máxima calidad. Ocupa aproximadamente 12 terabytes, el equivalente en almacenamiento a unas 600 películas de alta definición.
Por eso la NASA espera que la cifra de artículos científicos siga creciendo. Domagal-Goldman lo resume así: «Swift nos deja un extraordinario archivo de observaciones en múltiples longitudes de onda que impulsará nuevos descubrimientos en los próximos años».
Por qué cae: el Sol aceleró el descenso
Swift no tiene motor, así que no puede corregir su rumbo por sí mismo. A cientos de kilómetros de altura la atmósfera es extremadamente tenue, pero el poco aire que queda genera resistencia y frena el telescopio de forma gradual, de modo que va perdiendo altura.
A eso se sumó la intensa actividad solar de los últimos años, que arrastró al satélite hacia abajo más rápido de lo previsto. John Nousek, astrónomo de la Universidad Estatal de Pensilvania que dirigió el equipo de control, lo expresó con claridad: «Sabíamos que este día llegaría desde antes de que se lanzara el Swift. Todo lo que sube tiene que bajar. Y ese final es catastrófico» (traducido del inglés).
Hacia finales de octubre, el telescopio estaba demasiado bajo para seguir observando y sus sistemas fueron apagados.
El rescate que se intentó
Para evitar este final, la NASA encargó en 2025 a la empresa Katalyst Space un rescate de urgencia. El plan consistía en lanzar una nave robótica, llamada LINK, que se acercara al telescopio, lo sujetara con tres brazos robóticos y lo impulsara hacia una órbita más alta. Si todo salía bien, sería la primera vez que un robot de una empresa privada atrapaba un satélite del Gobierno de Estados Unidos, no tripulado y no diseñado para recibir reparaciones en el espacio.
LINK se lanzó en julio desde las Islas Marshall a bordo de un cohete Pegasus XL. Pero tuvo problemas tras el despegue y no logró acercarse a menos de entre 12 y 15 kilómetros del telescopio. La NASA y Katalyst coincidieron en que los riesgos operativos eran demasiado elevados para continuar y el rescate se abortó. LINK volvió a precipitarse a la Tierra en septiembre.
Ghonhee Lee, director ejecutivo de Katalyst, afirmó que su empresa aceptó un desafío de alto riesgo y alta recompensa y que está orgullosa de los hitos alcanzados en el camino. También señaló que el esfuerzo valía la pena de cualquier manera: sirve para avanzar en la tecnología de mantenimiento de naves espaciales, para cumplir plazos de misión sin precedentes y para probar cómo operar satélites con el fin de extender su tiempo en órbita terrestre baja.
Nicky Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, había destacado antes del lanzamiento que la misión demostraría la capacidad de pasar del concepto a la ejecución en menos de un año.
Qué pasará con los restos
La Fuerza Espacial de Estados Unidos sigue la trayectoria del telescopio, igual que la NASA, que mantiene una vigilancia constante para precisar dónde acabarán los restos. La fecha exacta de la reentrada no se conoce con certeza: el descenso puede acelerarse según el clima espacial, porque las tormentas solares hacen que la atmósfera se expanda.
Según Brad Cenko, científico jefe de la misión en la NASA, la mayor parte del satélite se desintegrará durante la caída. Algunas piezas más resistentes, hechas de tungsteno (un material más denso que el plomo), y algunas partes del espejo podrían sobrevivir al reingreso.
Lo más probable es que cualquier resto que sobreviva caiga en el océano. Aun así, no se descarta que algunos fragmentos lleguen a zonas de África, Australia, India, el Sudeste Asiático, Centroamérica y Sudamérica, que están dentro de la franja de posible reingreso.
Qué viene ahora para la astrofísica
El equipo del telescopio vive estos días entre la tristeza y la gratitud. Los científicos aún están determinando cómo cubrir el vacío que deja Swift, que además de observar por su cuenta alertaba a otros observatorios.
Nousek confía en que las lecciones aprendidas gracias a los éxitos de Swift se apliquen a nuevas generaciones de misiones espaciales, para acelerar los descubrimientos sobre el universo (traducido del inglés).
La NASA ha dicho además que la misión de rescate de Swift ayudará a orientar las conversaciones sobre el futuro de otros telescopios espaciales de la agencia. Entre ellos está el Hubble, que lleva más de 30 años en órbita, no tiene motor propio y también pierde altura de forma lenta. La agencia aclaró que, de momento, no tiene planes para elevar su órbita.
Swift se despide, así, con las cuentas claras: dos años de misión prevista, 22 de trabajo real y un archivo público que seguirá alimentando investigaciones.
Un minuto para reaccionar: la rapidez que dio fama a Swift
Bradley Cenko, investigador principal de la misión, explicó el método de trabajo del telescopio: detectaba y localizaba los estallidos de rayos gamma, comunicaba su posición a otros observatorios y giraba sus telescopios para captar el lugar antes de que se apagara el resplandor. Normalmente tardaba alrededor de un minuto, según la NASA.
Esa rapidez dio resultados históricos. En 2005, Swift captó por primera vez el resplandor de un estallido corto, de solo 0,03 segundos. Aquella observación respaldó la teoría de que estas explosiones nacen de la fusión de dos estrellas de neutrones.
Una franja de caída acotada, sin riesgo previsto para las personas
La NASA considera improbable que los fragmentos causen daños a personas. La órbita de Swift está inclinada respecto al ecuador, así que los restos solo pueden caer en una franja del planeta que va desde el centro de México hasta gran parte de Sudamérica, además de amplias zonas oceánicas.
La agencia confirmó en agosto que la reentrada será incontrolada, cuando renunció, junto con Katalyst Space, a que la nave LINK capturase el telescopio. LINK tiene el tamaño de una nevera y es una de las piezas de una misión que la NASA no da por perdida del todo: la sonda iba a realizar algunas pruebas de aproximación para demostrar tecnologías útiles en futuras misiones de servicio en órbita.
La NASA también aprovechará el descenso de Swift para estudiar cómo se comporta la atmósfera superior. Con esos datos quiere mejorar los modelos que permiten predecir la trayectoria de los satélites durante su reentrada.
Curiosidades de esta noticia
¿Sabías que Swift se diseñó para dos años y duró 22?
La NASA lo había diseñado para operar durante dos años, pero siguió estudiando el universo de alta energía durante más de dos décadas, desde su lanzamiento el 20 de noviembre de 2004.
¿Por qué se llama Swift?
Swift significa «vencejo», un ave conocida por su velocidad y agilidad en vuelo. El telescopio lleva ese nombre por su capacidad de girar con rapidez hacia las explosiones cósmicas.
¿Cuánto pesan los datos que deja Swift?
Su archivo público ocupa unos 12 terabytes, el equivalente en almacenamiento a unas 600 películas de alta definición, e incluye más de 1,5 millones de imágenes ultravioleta y ópticas.
¿Por qué sus piezas de tungsteno podrían sobrevivir a la caída?
El tungsteno es un material más denso que el plomo, por lo que algunas piezas hechas con él podrían resistir el reingreso en la atmósfera, según explica el científico jefe de la misión, Brad Cenko.
Por la redacción de GUAY.news.





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