«Fue una gran sorpresa».
Míriam Salas-Altès, coautora del estudio
Así resume Míriam Salas-Altès, doctoranda en la Universitat Rovira i Virgili y en el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA), su reacción ante lo que escondía la Cova de la Font Major, en Espluga de Francolí, en el nordeste de España. Es coautora del estudio publicado en la revista Antiquity que describe el hallazgo de 280 grabados paleolíticos, arte rupestre de la Edad de Hielo, en una cavidad que lleva décadas recibiendo visitantes.
El conjunto está considerado uno de los mayores de arte en cueva de la península ibérica. Entre los 280 grabados hay 55 figuras de animales, entre ellas caballos, ciervos y al menos un oso, una representación poco habitual. También aparecen formas menos fáciles de reconocer, como líneas paralelas y un grupo inusual de bucles.
280 grabados paleolíticos, de los que 55 son figuras de animales.
Una cueva muy visitada que guardaba un secreto
Lo más llamativo del caso es que la cueva no era ningún territorio desconocido. Fue excavada por primera vez en 1957 y desde entonces han pasado por ella, probablemente, miles de personas. Durante décadas ha sido un destino turístico en el nordeste de España. Los grabados se descubrieron por primera vez en 2019.
Hay varias razones que explican que pasaran tanto tiempo desapercibidos. En una cueva oscura, los grabados son más difíciles de localizar que las pinturas, porque no aportan color y dependen de cómo incida la luz sobre la roca. Llevar un casco con luz frontal puede no bastar para iluminar del todo las marcas.
A ello se suma un problema añadido: las paredes están llenas de grafitis modernos. Para un ojo no entrenado resulta complicado distinguir los trazos paleolíticos de las pintadas recientes. Algunos visitantes grafitearon las paredes sin saber que estaban dañando arte de la Edad de Hielo. Hoy el acceso turístico a la cueva está limitado precisamente para proteger los grabados.
Cronología del hallazgo
- 1957: primera excavación de la Cova de la Font Major.
- 2019: se descubren por primera vez los grabados paleolíticos.
- Semana de publicación del artículo: se publica en la revista Antiquity el estudio que describe el hallazgo de los 280 grabados.
Entre la primera excavación y el descubrimiento de los grabados median, por tanto, las décadas en que la cueva fue visitada como destino turístico. El estudio se publicó cuando el trabajo de descripción del conjunto ya estaba realizado.
Por qué el hallazgo es tan raro en esta zona
El valor del descubrimiento tiene que ver también con su ubicación. Hasta ahora, la mayor parte del arte rupestre paleolítico de la zona se había encontrado en la región franco-cantábrica, que abarca la frontera entre España y Francia. Según Salas-Altès, este tipo de arte es muy poco habitual en esta parte de España: antes solo se habían encontrado dos figuras de cueva en Cataluña.
Con 280 grabados, la Font Major rompe esa escasez y se sitúa entre los grandes conjuntos de arte en cueva de la península ibérica. El estudio, publicado en Antiquity, describe el hallazgo y deja abierta una pregunta básica: para qué usaron la cueva los primeros humanos. No está claro si fue como refugio, para prácticas rituales o con otro fin.
Lo que queda por descubrir
El trabajo no ha terminado. Salas-Altès quiere seguir investigando para descifrar los 280 grabados y comprender la historia de la presencia humana en la cueva. Además, algunas galerías están llenas de sedimento, y abrirlas podría revelar más arte rupestre.
Así, una cueva visitada durante décadas y excavada hace casi setenta años sigue ofreciendo sorpresas a quienes la estudian con otros ojos. Los grabados estaban ahí, a la vista pero casi invisibles, esperando a que alguien los reconociera entre las marcas de la roca y las pintadas modernas.
Por la redacción de GUAY.news.





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