El diario para gente que no quiere amargarse la vida

Resultados al instante. Pulsa Intro para verlos todos.

Leer GUAY.news en…

Traducción automática de Google; el original está en español.

Ciencia

Recrean el vidrio romano que cambia de color con receta antigua

Investigadoras de Sheffield reproducen el vidrio dicroico de la Taza de Licurgo con ingredientes de la Roma antigua.

Vaso de vidrio verdoso sostenido con pinzas junto a un horno de fundición en un taller de vidrio.

Una taza que se ve verde opaca a la luz del día y se vuelve roja cuando se ilumina por detrás: así es la Taza de Licurgo, un cáliz romano del siglo IV que lleva décadas fascinando a científicos y arqueólogos. Ahora, investigadoras de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, han conseguido reproducir ese efecto con una receta que solo emplea ingredientes disponibles para los artesanos de la Roma antigua.

El trabajo lo ha desarrollado Lisa Hollands, especialista en tecnología del vidrio, en colaboración con Caroline Jackson, arqueóloga experta en vidrios romanos. Su resultado no es un simple parecido: según los datos disponibles, la nueva técnica reproduce con mayor precisión las tonalidades de la pieza original que los métodos modernos.

Lo que se sabe

La Taza de Licurgo es un cáliz romano del siglo IV que forma parte de la colección del Museo Británico desde 1958. Su decoración retrata a Dionisio, dios del vino, castigando a Licurgo, rey de Tracia que se opuso a su culto, atrapándolo entre vides. Pero lo que ha hecho famosa a la pieza es su comportamiento ante la luz: se ve verde opaca cuando la luz se refleja en su superficie y adquiere un tono rojizo cuando la iluminan por detrás.

Ese fenómeno es el del llamado vidrio dicroico. Según la explicación que se maneja, se cree que los artesanos romanos incorporaron nanopartículas de oro y plata al vidrio. Esas partículas bloquean los tonos azules y verdes cuando la luz atraviesa la pieza, de modo que pasan sobre todo el rojo y el naranja. Cuando la luz se refleja, las partículas la dispersan, y de ahí sale ese característico verde opaco.

El efecto cromático romano tiene, por tanto, una antigüedad cercana a los 1.600 años. La taza es el ejemplo de referencia de esa tecnología, y por eso su comportamiento ante la luz ha sido objeto de estudio durante generaciones de especialistas.

Cómo se hizo la receta

Hollands y Jackson empezaron usando materiales modernos para obtener una base de vidrio similar a la romana. A partir de ahí, Hollands llevó a cabo una serie de experimentos en los que fue modificando los ingredientes, los tipos de horno y los niveles de oxígeno, e incluso probó a utilizar azúcar en la composición. Cada variación permitía comprobar qué factor influía en el resultado final.

El resultado es una receta que produce el cambio de color de forma consistente usando solo materias primas al alcance de los artesanos de la Roma antigua. Es decir, el efecto no depende de componentes que la tecnología actual proporcione y que los romanos no tuvieran a su disposición.

Uno de los hallazgos más llamativos es lo sensible que resulta el proceso: la posición del vidrio dentro del horno bastaba para modificar su coloración. Esto indica que los artesanos antiguos, para obtener un color concreto, tenían que controlar variables muy precisas del horneado, algo que el trabajo de Sheffield ha puesto de relieve al reproducirlas.

Una técnica distinta a la moderna

La técnica de Sheffield se aleja de la que se usó en el siglo XX. Los científicos recrearon el vidrio dicroico en la década de 1960 y, por esa misma época, la Nasa perfeccionó su producción para proteger a astronautas y equipos de la radiación solar sin filtrar.

Aquellos investigadores modernos empleaban haces de electrones para vaporizar metales y depositarlos en capas extremadamente finas sobre las superficies. Los romanos, en cambio, probablemente mezclaban los metales directamente con el vidrio fundido. La diferencia no es menor: en un caso el metal se aplica sobre el vidrio como capa; en el otro, el metal forma parte de la masa del propio material.

Esa diferencia de método es lo que hace relevante el resultado de Sheffield. La receta reproduce el efecto con una lógica de fabricación antigua, y no con la deposición de capas que caracterizó la producción moderna.

Una escultura para mostrarlo

El vidrio desarrollado en Sheffield ya tiene una aplicación artística. El artista británico Elliot Walker ha creado con él una escultura que combina referencias al mito de Licurgo y al Atlas Farnesio, sustituyendo el globo celeste de esa célebre obra por una taza.

La pieza se presentará en el Festival de la Mente de la Universidad de Sheffield y, después, pasará a formar parte de forma permanente de la colección del Museo del Vidrio Turner, de la misma institución. Con ello, el material que se ha reproducido en el laboratorio llegará a un público que podrá verlo fuera de la investigación.

Lo que falta por saber

El avance es sólido, pero conviene medir bien su alcance. La explicación sobre la composición original sigue siendo una hipótesis: que los romanos usaran nanopartículas de oro y plata se presenta como algo que se cree, no como un hecho plenamente confirmado. Lo que demuestra el trabajo de Sheffield es que se puede obtener el mismo efecto con medios y materiales de la época, lo cual refuerza la plausibilidad de que así lo hicieran, pero no equivale a una prueba definitiva de cómo trabajaban en realidad.

Tampoco se ha precisado el año exacto en que se divulgaron los resultados ni si el estudio ha pasado por revisión de otros expertos, un paso habitual en la ciencia para validar este tipo de hallazgos. Son detalles pendientes de aclarar que no restan valor al logro experimental, pero sí piden cierta prudencia.

Los propios investigadores subrayan además que el vidrio recreado tiene, por ahora, una finalidad principalmente decorativa. Las posibles aplicaciones prácticas aparecen como posibilidades a futuro, no como resultados obtenidos.

Qué puede venir después

Según los textos, el conocimiento adquirido podría contribuir al desarrollo de nuevos materiales fotónicos capaces de controlar la interacción con la luz. La fotónica se ocupa precisamente de ese control, y el vidrio de la Taza de Licurgo es un ejemplo de material que actúa sobre la luz según su composición.

En segundo lugar, las fuentes apuntan a la mejora de las técnicas de vitrificación para almacenar de forma segura y permanente residuos radiactivos. La vitrificación consiste en incorporar residuos a una matriz de vidrio para aislarlos, y el aprendizaje sobre cómo se comporta el vidrio en la fabricación podría aportar mejoras en ese proceso.

De momento, lo más tangible es que un truco de vidrieros de hace 1.600 años ha dejado de ser un enigma y puede repetirse con ingredientes antiguos. Lo que venga después, de los materiales fotónicos a los residuos radiactivos, dependerá de que ese conocimiento se traduzca en nuevos desarrollos.

Cronología de la taza y de la técnica

  • Siglo IV: se produce la Taza de Licurgo, cáliz romano.
  • Hace unos 1.600 años: los romanos utilizan la tecnología del vidrio dicroico.
  • 1958: la taza ingresa en el acervo del Museo Británico.
  • Década de 1960: científicos recrean el vidrio dicroico, y la Nasa perfecciona su producción en la misma época.

Por la redacción de GUAY.news.

¿Qué te ha parecido?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Los comentarios se moderan (de forma automática con IA y por una persona) conforme a nuestras normas de la comunidad. Protección de datos. Responsable: WEBSITESYSEO S.L. Finalidad: publicar y moderar tu comentario. Legitimación: ejecución del contrato y, en su caso, tu consentimiento. Destinatarios: no se ceden datos salvo obligación legal; encargados con contrato. Derechos: acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación y portabilidad en info@guay.news. Más información.