Salir a caminar juntos puede ayudar a una pareja a hablar mejor. Es lo que revela un estudio de la Universidad Brigham Young (BYU), en Utah (Estados Unidos), publicado en agosto en la revista Family Relations.
Los investigadores analizaron las encuestas de casi 1.700 parejas jóvenes casadas de todo el país. Todas forman parte del estudio CREATE, un proyecto de la BYU que sigue desde hace más de una década a parejas recién casadas.
Qué encontraron
Tras descontar otros factores personales y del hogar, el ejercicio compartido seguía asociado a una mejor comunicación, más capacidad para resolver desacuerdos y menos conflictos, tanto en ellas como en ellos. Quienes hacían ejercicio con su pareja decían sentirse más escuchados y apoyados.
«Nuestros resultados sugieren que el ejercicio en pareja facilita, de forma pequeña pero significativa, la capacidad de resolver conflictos de manera pacífica», explica Jeremy Yorgason, autor principal y profesor de la Escuela de Vida Familiar de la BYU.
Su coautora Ashlyn Hiatt Mildenhall añade que, de los tres aspectos medidos, donde más se notó el ejercicio fue en la comunicación.
Alrededor del 60 % de los participantes hacía ejercicio, pero solo un tercio lo hacía con su pareja. Caminar fue, con diferencia, la actividad compartida más habitual. El estudio no demuestra que sea mejor que nadar o ir en bicicleta, pero tiene una ventaja: encaja fácilmente en el día a día y permite conversar.
Hablar sin sentarse frente a frente
El terapeuta familiar y mediador Gregorio Gullón, de la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), en España, coincide. Las parejas, dice, necesitan momentos para «reconectar y crear una burbuja que las aísle del mundo exterior», y dejar a un lado las distracciones, «sobre todo el móvil».
Según Gullón, caminar al lado del otro favorece una conversación más espontánea y menos tensa, y reduce la presión de responder en el acto. En cambio, sentarse cara a cara con un problema sobre la mesa pone a las personas en «modo resolución» y puede volverlas defensivas.
Eso sí, el paseo no debe convertirse en otra obligación. «No debe convertirse en una reunión de junta directiva con una agenda de temas a resolver», advierte. Charlar del día, bromear o hacer planes vale igual. Y no hace falta un horario rígido: si una pareja consigue pasear una o dos veces por semana y le sienta bien, «es más que suficiente».
No es una fórmula mágica
Los propios investigadores advierten de que no hay pruebas de que caminar resuelva por sí solo los conflictos, aunque sí crea un ambiente más relajado para abordarlos. Gullón recomienda buscar ayuda profesional si la distancia emocional se vuelve la norma, si se repiten los reproches y el desprecio o si hay violencia o conductas de control. «Un paseo por el parque nunca debe confundirse con una terapia», resume.
Por la redacción de GUAY.news.





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