En 1983, el empresario chino Wang Zhanfeng tenía un negocio hotelero próspero. Aquel año lo dejó para volver a Shipaogou, el valle de su infancia en el condado de Youyu, en la provincia de Shanxi, al norte de China. Las laderas estaban peladas y castigadas por la erosión. Su objetivo era devolverles la vegetación.
Cuatro décadas después, aquel barranco árido es un bosque con pinos de Mongolia y alerces. Wang ha convertido en arbolado más de 200 hectáreas, y el condado entero ha pasado de tener menos del 0,3 % de su superficie cubierta de bosque a cerca del 57 %.
Prueba y error en la montaña
Wang invirtió parte de su dinero en recuperar la tierra. Vivió temporadas en una choza en la montaña y levantó pequeños diques que frenaban las escorrentías y retenían la humedad del suelo. Probó distintas plantas hasta dar con las especies capaces de aguantar las condiciones del terreno, en una zona que recibe menos de 400 milímetros de lluvia al año y está a menos de 100 kilómetros del desierto de Mu Us.
Al principio sobrevivían pocos árboles. Con los años mejoró la técnica y la supervivencia de los plantones subió al 80 o 90 %. Además de bosque, recuperó tierras de regadío, plantó albaricoqueros y construyó pequeñas reservas de agua. Así, el terreno pedregoso y agrietado se transformó en un paisaje que combina bosque y cultivos. Su lema lo resume: no hay que abandonar a medio camino, y con los árboles pasa lo mismo.
Un trabajo de generaciones
La historia de Wang forma parte de un esfuerzo colectivo mucho más largo. A finales de los años cuarenta, Youyu apenas tenía un 0,3 % de cobertura forestal y la erosión arrasaba cultivos y pueblos. En 1956, más de 1.000 vecinos plantaron unos 90.000 árboles. Los vendavales destruyeron muchos brotes, pero la comunidad perfeccionó sus métodos para fijar la arena y siguió adelante.
Más tarde, un programa oficial del condado encargó la restauración de pequeñas cuencas degradadas a unas 3.900 familias, y el proyecto de Wang se sumó a esa estrategia. En unos 70 años se han plantado en Youyu cerca de 130 millones de árboles.
El Centro de las Naciones Unidas para el Desarrollo Regional (UNCRD) ha documentado el caso como ejemplo de lucha contra la desertificación. Su registro lo deja claro:
«El resultado actual no corresponde únicamente al esfuerzo de Wang Zhanfeng, sino a una política continuada durante generaciones en la que participaron residentes, familias y autoridades locales».
Hoy, ya septuagenario, Wang recorre a diario el bosque que ayudó a levantar, reconocido en su provincia como modelo de gestión de cuencas.
Por la redacción de GUAY.news.





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