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Salud

Una empresa uruguaya prueba nanopartículas contra el cáncer de pulmón

Nanoprox, nacida en la Udelar, desarrolla nanopartículas que buscan hacer más eficaz la radioterapia. Los datos son preliminares.

Investigadora con guantes sostiene un frasco de vidrio en un laboratorio de investigación.

Una empresa de biotecnología uruguaya, Nanoprox, trabaja en unas nanopartículas de sulfuro de bismuto que se administran por vía intravenosa antes de una sesión de radioterapia. Su objetivo es que el tratamiento sea más eficaz contra el tumor y que hagan falta menos sesiones, con lo que se reducirían también los efectos secundarios. Los resultados conocidos son preliminares: ensayos in vitro y primeras pruebas in vivo sobre cáncer de pulmón.

La compañía surgió de una investigación de la Facultad de Química de la Universidad de la República (Udelar) que se prolongó durante más de quince años y que llevaron a cabo cuatro investigadoras. Hoy esas científicas, Ivana Aguiar, María Eugenia Pérez Barthaburu, Isabel Galain y Camila Pérez, figuran como fundadoras de la empresa, que dirige Federico Kramer.

Qué significa

La tecnología se apoya en un principio sencillo de explicar. Las nanopartículas, miles de veces más pequeñas que el grosor de un cabello humano, están hechas de sulfuro de bismuto, un material que, por su elevado número atómico, puede interactuar con los rayos X. Funcionan como radiosensibilizador: aumentan la sensibilidad de las células tumorales a la radiación, de modo que el mismo tratamiento resulta más eficaz sobre el tumor.

En las primeras pruebas in vitro sobre células cancerosas, la tecnología consiguió una respuesta ocho veces superior a la de una sesión de radioterapia convencional. En las pruebas preliminares sobre cáncer de pulmón, la reducción tumoral fue aproximadamente un 40 % superior a la obtenida con radioterapia convencional. Son cifras de laboratorio y de un estadio muy inicial de la investigación: no se han detallado ni el número de pacientes ni las condiciones de los ensayos in vivo, y nada de ello equivale todavía a un resultado en personas.

«El objetivo principal es la reducción de los tumores con menor sesiones de radioterapia, haciendo que se reduzcan los efectos secundarios», explicó Kramer. Para el director ejecutivo, otra ventaja está en la forma de administración: «Al ser intravenoso, se puede acceder a tumores de difícil acceso o metastásicos». Esa vía es, precisamente, lo que distingue a Nanoprox de otra empresa internacional que trabaja con un compuesto diferente, ya en fase 2 de investigación clínica, pero que recurre a la inyección intratumoral.

Con todo, Kramer fue prudente sobre el momento en que se encuentra el proyecto. A su juicio, para una startup biotecnológica llegar a la fase de ensayos in vivo ya representa un avance importante, pero la empresa sigue lejos de demostrar eficacia y seguridad en seres humanos.

El contexto

El camino hasta aquí ha sido largo. El proyecto científico comenzó en 2016. En 2020 se sumó una colaboración con la Universidad de São Paulo, en Brasil, y en 2022 la tecnología se validó en ensayos in vitro sobre cáncer de mama. En 2025 avanzaron las pruebas sobre cáncer de pulmón y ese mismo año se constituyó Nanoprox como empresa. Ahora ha comenzado los primeros ensayos in vivo, que evalúan el comportamiento de las nanopartículas en organismos vivos.

La compañía está tramitando una patente internacional bajo el sistema PCT. Su estrategia comercial apunta principalmente a Estados Unidos y Europa, y también contempla Brasil. Si obtiene las aprobaciones correspondientes, el producto podría incorporarse después en Uruguay.

Kramer situó además el proyecto en el panorama uruguayo. Señaló que pocas empresas del sector han llegado en el país a etapas de investigación clínica y citó como antecedente a Eolo Pharma, que llevó uno de sus desarrollos a fase 1 en humanos. Según explicó en una conversación con la diaria, el ecosistema local tiene dificultades para sostener emprendimientos de base científica, y las resumió en tres: la distancia entre academia y empresa, el acceso limitado a financiamiento sostenido y los largos plazos e inversiones que exige la biotecnología.

«Sobre todo, falta la conexión entre la investigación y la academia tradicional con el mundo de las startups y el mundo emprendedor tradicional.»

Federico Kramer, director ejecutivo de Nanoprox

El director de Nanoprox reconoció que están surgiendo fondos e iniciativas para biotecnología, inteligencia artificial aplicada a la salud y dispositivos médicos, pero consideró que siguen faltando herramientas para sostener a las empresas en las distintas etapas de maduración. Los tiempos de desarrollo en este campo suelen ser extensos, la inversión necesaria es elevada y los riesgos son mayores que en otras áreas de la salud.

«Muchas surgen como soluciones muy innovadoras, pero luego, si no pueden mantenerse en el mercado o no tienen el tiempo y la madurez, es muy difícil que esas empresas puedan mantenerse», advirtió Kramer. También echó en falta espacios que vinculen a investigadores con perfiles empresariales y que faciliten contactos con compañías internacionales, centros tecnológicos e industrias farmacéuticas.

Qué queda por hacer

El siguiente paso inmediato son dos nuevos ensayos in vivo, con los que la empresa espera contar con resultados más completos y cuantificados. A la vez, la patente internacional sigue en trámite y la compañía pretende avanzar en el plano regulatorio en Estados Unidos, Europa y Brasil.

Si los resultados continúan siendo favorables, Kramer estima que Nanoprox podría acercarse a la fase 1 en humanos en algunos años. Esa fase sería la primera ocasión de evaluar la tecnología en personas, y es la que debería aportar los primeros datos sobre seguridad y eficacia.

El camino exige también financiación. Kramer confía en que la inversión del exterior puede llegar si el proyecto es bueno, pero advierte de que los contactos no deberían surgir solo del sector privado: «Para llegar a esos contactos no solamente tiene que surgir del sector privado, sino también del gobierno o del Estado», sostiene. Desde esa convicción, atribuye al Estado un papel relevante a la hora de facilitar conexiones con ecosistemas de innovación y con socios internacionales.

Kramer espera que en los próximos diez años Uruguay logre transformar más investigaciones científicas en empresas capaces de competir internacionalmente. Nanoprox aspira a ser una de ellas, aunque por ahora lo que ofrece son resultados prometedores en laboratorio, no un tratamiento disponible.

Por la redacción de GUAY.news.

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