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Salud

Una investigadora de Arrasate trabaja para hacer crónica la ELA

La investigadora Jone López Erauskin repasa avances, límites y retos de las terapias génicas contra la ELA.

Investigadora trabajando con muestras en un laboratorio de investigación biomédica.

Jone López Erauskin, investigadora natural de Arrasate, lleva doce años dedicada a la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) desde San Diego, en California. Allí trabaja en la investigación de una enfermedad sin cura que va destruyendo las motoneuronas, las neuronas que ordenan moverse a los músculos.

Con motivo del simposio ArrasatELA, que organiza la asociación dalecandELA en Arrasate y reúne a más de un centenar de investigadores internacionales, repasa las causas conocidas, los tratamientos que ya existen y los que están en camino. Su mensaje combina esperanza y prudencia: hay mejoras reales en algunos grupos de pacientes, pero la cura sigue lejos.

12 años lleva la investigadora dedicada a la ELA

De la leucodistrofia a la ELA: una trayectoria entre Barcelona y San Diego

López Erauskin estudió Biotecnología en Barcelona y se doctoró investigando la leucodistrofia ligada al cromosoma X, una enfermedad neurodegenerativa poco frecuente. Tras terminar la tesis se trasladó a San Diego, en California, para realizar una estancia posdoctoral en el grupo de Don Cleveland, referente en el desarrollo de terapias para enfermedades neurodegenerativas.

Según cuenta la investigadora, en ese entorno de investigación se desarrolló la estrategia que dio lugar a Tofersen, el primer medicamento para la ELA basado en la modulación de la expresión genética. Tofersen se aprobó en Estados Unidos en 2023 y en Europa en 2024. La propia entrevistada no precisa a qué grupo o institución concreta se refiere al hablar de «nuestro entorno de investigación», y el texto no detalla la parte de su trayectoria anterior a la tesis.

Desde esa etapa, su trabajo se ha centrado en la ELA. El texto la sitúa como investigadora dedicada a esta enfermedad durante doce años, un periodo que coincide con su residencia en San Diego y que sirve de marco a la mayoría de los avances que describe en la entrevista.

Qué se sabe de las causas de la ELA

La investigadora recuerda que la ELA es una enfermedad sin cura. Afecta a las motoneuronas, cuyos axones, las prolongaciones que conectan la neurona con el músculo, pueden medir hasta aproximadamente un metro. Una de las primeras cosas que ocurren en la enfermedad es que esa conexión entre la neurona y el músculo desaparece, aunque no se sabe exactamente por qué se rompe.

Hasta aproximadamente un metro es la longitud de los axones de las motoneuronas

El origen de la ELA es diverso y los casos se reparten en dos grandes grupos:

  • Casos con componente hereditario: aproximadamente el 10%. En estas familias hay uno o varios genes implicados; se conocen ya muchos, pero aún quedan algunos por identificar.
  • Casos esporádicos: el 90%. Puede haber causas genéticas, ambientales o una combinación de ambas, pero es muy difícil determinar el origen.

Esa diversidad es una de las razones por las que, según la investigadora, la cura todavía está lejos para el conjunto de pacientes. Un mismo diagnóstico puede esconder orígenes distintos, y eso complica tanto el desarrollo de tratamientos generales como la interpretación de los resultados de cada ensayo.

Claves para entender la ELA

  • Es una enfermedad sin cura, según la investigadora.
  • Destruye las motoneuronas, las neuronas que ordenan moverse a los músculos.
  • Una de las primeras alteraciones es la desaparición de la conexión entre neurona y músculo.
  • Entre el 10% de casos hereditarios y el 90% de casos esporádicos, el origen varía mucho.

Terapias que actúan sobre la expresión de los genes

Las terapias basadas en ADN buscan actuar sobre los mecanismos de la enfermedad desde sus primeras etapas, a nivel de la expresión genética. «Actuamos sobre los mecanismos de la enfermedad desde sus primeras etapas, a nivel genético», resume López Erauskin.

La lógica depende del problema concreto. Se puede inhibir o aumentar la expresión de un gen: si falta una proteína, se busca restaurar su producción; si una proteína se expresa en exceso y resulta tóxica, se intenta reducirla. Esta distinción explica que no exista una única estrategia válida para todos los pacientes.

Algunas de estas estrategias ya han llegado a ensayos clínicos y otras se están comercializando. El texto no precisa cuántas ni cuáles se encuentran en cada fase, por lo que no es posible describir con más detalle el estado de cada una.

Tofersen: un avance real, pero para un grupo reducido

Tofersen es el primer medicamento para la ELA basado en esta tecnología y se dirige a pacientes con una alteración del gen SOD1, un grupo reducido dentro del conjunto de enfermos. Se administra mediante una punción lumbar mensual y, en España, se da de forma gratuita a los pacientes que cumplen los criterios correspondientes.

Alrededor del 25% de los pacientes tratados con Tofersen recupera fuerza muscular

Para la investigadora, lo relevante es que la enfermedad puede modificarse: no solo se busca frenar el deterioro, sino que algunas personas tratadas pueden recuperar determinadas capacidades. Pero insiste en la cautela: «Hay que ser prudentes, porque los números siguen siendo limitados y no podemos generalizar los resultados a todos los pacientes». Y añade: «Empezamos a ver mejoras, pero para los casos diagnosticados estamos lejos de tener una cura».

La cifra del 25% procede de la propia entrevistada, que subraya precisamente esa limitación de los datos disponibles. Por eso el dato debe leerse como una orientación sobre la experiencia con este fármaco y no como una proporción aplicable al conjunto de personas con ELA.

Tofersen en cifras

  • Aprobado en Estados Unidos en 2023 y en Europa en 2024.
  • Se dirige a pacientes con alteración del gen SOD1.
  • Se administra con una punción lumbar mensual.
  • Alrededor del 25% de los tratados recupera fuerza muscular, según la entrevistada.
  • En España se da de forma gratuita a los pacientes que cumplen los criterios.

La siguiente apuesta: el gen FUS

Otra estrategia se dirige al gen FUS, relacionado con una forma genética de la ELA, y se investiga mediante oligonucleótidos antisentido. Según López Erauskin, los resultados preliminares son muy esperanzadores, incluso mejores en algunos indicadores que los observados con Tofersen.

Aun así, esos datos todavía no son oficiales: deben hacerse públicos y analizarse con rigor antes de sacar conclusiones, y la investigadora pide la misma prudencia que con cualquier otro avance. La comparación con Tofersen se basa en su valoración, sin cifras publicadas en la entrevista que permitan verificarla.

Diagnóstico sin marcador y la búsqueda de biomarcadores

Hoy no existe un marcador que permita confirmar de forma directa que una persona tiene ELA. El diagnóstico se establece descartando otras enfermedades, un proceso que complica la detección temprana en una enfermedad cuya supervivencia media desde el diagnóstico es de entre tres y cinco años.

Entre 3 y 5 años es la supervivencia media desde el diagnóstico de ELA

Por eso hay muchos grupos investigando biomarcadores. Su utilidad sería triple: confirmar el diagnóstico, determinar la fase de la enfermedad y evaluar los tratamientos. La investigadora explica además que convertir los descubrimientos en tratamientos es difícil porque se desconocen los factores que provocan la muerte de las motoneuronas. Sin conocer ese mecanismo, un fármaco puede actuar sobre una parte del proceso sin llegar a detenerlo por completo.

Qué falta: inversión, menos burocracia y ciencia básica

Preguntada por lo que necesita la investigación, López Erauskin es directa: «Más inversión y menos burocracia. Los investigadores deberíamos dedicar menos tiempo a hacer papeles y más a investigar». Reclama también apostar por la ciencia básica, la que permite entender cómo funciona la enfermedad antes de poder tratarla.

Esta petición enlaza con lo que la propia investigadora considera el gran obstáculo: el desconocimiento de los factores que provocan la muerte de las motoneuronas. Sin esa comprensión básica, la búsqueda de biomarcadores y de nuevas terapias avanza con más dificultad.

Qué significa el avance y hacia dónde va la investigación

Su aspiración de futuro es clara: «Me gustaría que pudiéramos convertir la ELA en una enfermedad crónica, con los menores efectos posibles sobre el paciente». Eso significaría que las personas vivan más años con dignidad, con menos dependencia y conservando capacidades como comer, tragar o hablar.

Para los pacientes ya diagnosticados no hay un tratamiento curativo. Por eso, la investigadora distingue entre lo que ya se empieza a ver, mejoras reales en algunos grupos de pacientes, y lo que todavía queda lejos: una cura para el conjunto de los casos.

Mientras tanto, el simposio ArrasatELA, organizado por dalecandELA, servirá para que más de un centenar de investigadores internacionales compartan avances en una enfermedad en la que, según la investigadora, ya se empiezan a ver mejoras reales en algunos grupos de pacientes.

Por la redacción de GUAY.news.

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