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Medio ambiente

Jóvenes k’iche’ salvan cosechas de las heladas leyendo el clima

En Totonicapán (Guatemala), 25 jóvenes indígenas, 18 de ellas mujeres, convierten datos meteorológicos en avisos por WhatsApp, SMS y radio que ya han salvado cultivos de las heladas.

Jóvenes indígenas cubren con mantas plántulas de árboles en un vivero comunitario del altiplano de Guatemala
Imagen generada con IA

Totonicapán, en el altiplano occidental de Guatemala, ha sido históricamente la región más fría del país. Su población, mayoritariamente indígena k’iche’, vive de la agricultura, sobre todo del maíz y el frijol. Pero en la aldea de Tacajalve, en San Francisco El Alto, los vecinos calculan que desde hace unos diez años el clima ya no es el mismo. «Dicen que esta es tierra fría, pero ya no», cuenta la joven lideresa comunitaria Antonela Huinac. Ahora hace más calor… y las heladas llegan de forma más imprevista, capaces de arrasar cultivos enteros en una sola noche. Frente a eso, un grupo de jóvenes k’iche’ ha decidido aprender a leer el cielo.

Promotores climáticos con anemómetro y WhatsApp

Son 25 jóvenes, 18 de ellas mujeres, formados como promotores climáticos. Interpretan los datos de las estaciones meteorológicas de la Asociación de Cooperación para el Desarrollo Rural de Occidente (CDRO), una organización comunitaria que desde hace 40 años trabaja con más de 132 comunidades, y elaboran boletines con recomendaciones agrícolas y forestales para Tacajalve, Chivarreto, Chuicruz, Chuipachec, Xejuyup, Juchanep y Paxtocá.

Una de esas estaciones, instalada en 2018 en el Sendero Ecológico El Aprisco, un bosque de 13 hectáreas de pinos y cedros donde en invierno se han llegado a registrar -5 °C, mide la velocidad y dirección del viento y la lluvia. CDRO tiene cuatro en Totonicapán y ha sumado otras cuatro en Quiché. Los avisos se difunden por grupos de Facebook, WhatsApp, mensajes de texto y carteles en centros de salud, y se han grabado 33 cuñas de radio en k’iche’ y kaqchikel.

El brócoli que sobrevivió

Una historia resume el valor del proyecto. Los promotores lograron avisar a una productora de hortalizas de Santa María Chiquimula de que al día siguiente llegaría una helada. Ella no sabía leer ni tenía teléfono inteligente, así que enviaron un SMS a su hija para que le transmitiera las indicaciones: regar de noche o de madrugada y cubrir las plantas con tapescos de caña. Su brócoli y su coliflor sobrevivieron; los de su vecina, que no se enteró, se perdieron. «Es una cosa tan sencilla, pero que le cambia la vida a una familia», dice Antonia Xuyup, directora del Sistema Ambiental Comunitario de CDRO.

El monitoreo no predice una helada con muchos días de antelación, pero sí permite detectar las condiciones que la favorecen: noches despejadas, sin viento y con temperaturas cercanas a 0 °C. El boletín, además, incluye la fase lunar, porque la ciencia no sustituye el saber ancestral, sino que lo complementa: «Los abuelos y abuelas saben que no en cualquier momento se puede sembrar un árbol», explica Xuyup.

Un vivero levantado a pico y pala

Todo empezó en 2024, cuando Huinac y la pastoral juvenil de su parroquia notaron que en el tramo de carretera sin árboles el calor apretaba más. En mayo de ese año, CDRO les donó 150 cipreses y 150 pinos blancos, especies nativas, y les ofreció después instalar un vivero en la aldea. Las mujeres del grupo nivelaron a pico y pala un terreno en pendiente prestado por la familia de Antonela. El último invierno, con varias heladas fuertes, tapaban cada noche con mantas y chaquetas las semillas de aliso recién germinadas y las destapaban al amanecer. «Las plantas se cuidaron de la mejor manera porque nos adaptamos», celebra Huinac.

En 2026 ya han plantado 500 alisos criados en el vivero y, junto a las autoridades comunitarias, planean sembrar 2.000 más con la llegada de las lluvias en los bosques de siete comunidades.

Por qué importa

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que apoya estas estaciones a través de su proyecto Altiplano Resiliente, lo define como «una forma de justicia climática»: llevar información útil a quienes nunca la tuvieron. «La información climática ya no es un lujo al alcance de pocos», afirma su representante en Guatemala, Raquel Sigüenza. En Tacajalve, esa información se traduce en cosechas salvadas, árboles nuevos y una generación joven que protege a su comunidad combinando datos y sabiduría ancestral.

Por la redacción de GUAY.news.

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