En la árida región de Ladakh, situada a una altitud media de 4.000 metros en la India, la escasez de agua ha condicionado históricamente la vida de sus 300.000 habitantes. Con una precipitación anual de apenas 100 milímetros y temperaturas invernales que alcanzan los 30 grados bajo cero, la agricultura local depende críticamente del deshielo estacional. Para responder a este desafío, en el año 2013 el ingeniero Sonam Wangchuk ideó un sistema innovador de glaciares artificiales conocidos como conos de hielo, mejorando una técnica anterior desarrollada por Chewang Norphel y contando con el respaldo de personalidades como Aamir Khan.
El funcionamiento de los conos de hielo
El mecanismo ideado aprovecha las condiciones extremas del invierno y la propia orografía del terreno mediante tuberías y la fuerza de la gravedad. El agua sobrante de los arroyos durante los meses más fríos se canaliza hacia zonas de sombra situadas a menor altitud. Al salir a presión por las tuberías verticales, el agua pulverizada se congela al entrar en contacto con el aire gélido, formando estructuras cónicas verticales que recuerdan a estupas budistas. Estas formaciones heladas ocupan menos superficie que un bloque plano de hielo y, por tanto, reciben menos radiación solar directa, lo que retrasa su fusión hasta la primavera.
Un remedio ante el retroceso del Himalaya
Esta solución tecnológica responde directamente a una crisis climática y ambiental documentada por la ciencia. Un estudio de la Universidad de Aberdeen sobre 2.200 glaciares del Himalaya reveló que el 86% experimenta una subida en su línea de nieve, con un retroceso de 300 metros en los últimos 42 años. Además, este retroceso se ha acelerado hasta alcanzar los diez metros anuales en las dos últimas décadas, dejando a las comunidades locales sin el agua de deshielo tradicional en los momentos más críticos para la siembra.
Evolución y capacidad de almacenamiento
Lo que comenzó en 2013 con un primer prototipo capaz de almacenar 150.000 litros de agua ha evolucionado de manera notable con los años. En la actualidad, algunas versiones de estos glaciares artificiales alcanzan una capacidad de un millón y medio de litros, garantizando el riego de los campos en primavera en un valle de 470 kilómetros de longitud. Esta iniciativa demuestra cómo la combinación del ingenio local y el conocimiento técnico puede ofrecer soluciones prácticas y sostenibles frente a los efectos del cambio climático en los entornos más vulnerables del planeta.
Por la redacción de GUAY.news.
Imagen generada con IA.





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