Panamá quiere recuperar una tradición rural casi olvidada: la meliponicultura, la cría de abejas nativas sin aguijón. El Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y el Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá (IDIAP) impulsan formación e investigación para que los apicultores aprendan a criar y cuidar estas especies de forma sostenible.
Uno de los últimos pasos fue una capacitación en el Centro de Gestión Socioambiental de la Cuenca, en Chilibre (distrito de Panamá). Allí, 11 apicultores recibieron orientación sobre buenas prácticas y vieron una demostración del trasiego de dos nidos, es decir, cómo trasladar una colonia a una colmena manejable.
Abejas «que no pican»
Las meliponas pertenecen a la tribu Meliponini. En Panamá se las conoce también como angelitas o abejas «que no pican», porque tienen el aguijón atrofiado. Conviven con la abeja europea (Apis mellifera), que domina la apicultura comercial.
Su miel es distinta. Tiene más humedad, es más líquida y más ácida que la de la abeja europea, y contiene compuestos bioactivos como polifenoles y flavonoides. Se produce en menor cantidad y se vende sobre todo en mercados locales, pero ha despertado interés por esas características.
Su valor va más allá de la miel. Son polinizadoras eficaces de cultivos como el café, el aguacate, el coco y las cucurbitáceas (la familia de la calabaza, el pepino o el melón), además de la vegetación silvestre de los ecosistemas tropicales.
Miel de manglar
En marzo, las comunidades de París y Santa Ana, en las provincias de Herrera y Los Santos, cosecharon los primeros litros de miel obtenidos en un ecosistema de manglar. La recolección se planteó como una alternativa económica para esas poblaciones y como una forma de proteger un entorno amenazado por la crisis climática.
El IDIAP investiga la secuenciación genética de las abejas, su nutrición en los periodos críticos, el potencial de las meliponas como polinizadoras en cultivos de invernadero y la composición de las mieles de manglar.
La meliponicultura parte en desventaja: sufre la pérdida de hábitat, la presión de la apicultura convencional y el abandono de las prácticas tradicionales. Por eso el Estado la incluye en sus programas de desarrollo rural. El Programa Apícola del MIDA reúne a más de 400 apicultores con 9.344 colmenas de abeja europea, y desde 2011 el Programa de Sanidad Apícola vigila plagas y enfermedades. Junto a ellos crecen ahora los cursos y festivales dedicados a las abejas nativas.
Por la redacción de GUAY.news.





Deja una respuesta