La empresa costarricense Itanwix no nació en una oficina, sino en la mesa de una casa de Santa Ana, cerca de San José. Allí, Laura Ortiz García, con formación en Recursos Humanos, veía cómo su hijo German, al que en casa llaman Itan, sufría para aprenderse las tablas de multiplicar.
«Mi hijo no tenía manera de aprenderse las tablas de multiplicar, era todo un problema en la casa. Entonces agarré una cartulina y le hice un juego ahí mismo para enseñárselas yo».
La maestra pidió la cartulina
El cambio fue tan rápido que la maestra del niño le preguntó qué había pasado: la semana anterior no sabía nada y ahora se sabía las tablas perfectamente. Laura le habló del juego y la maestra le pidió la cartulina para dos alumnos que no conseguían aprenderlas. «Le presté la cartulina y los dos chiquillos se aprendieron las tablas rapidísimo. Ya después me buscaban otras maestras, la tía, la sobrina y todo el mundo», recuerda.
Fue a una fotocopiadora a hacer copias y, en la cola, una señora le preguntó si aquello era para las tablas y si podía darle una. Ahí pensó que quizá todas las madres tenían el mismo problema. Dobló la cartulina, salió de la fila y decidió convertirlo en negocio.
Trescientos juegos y mucho miedo
No tenía capital, así que pagó la primera tirada con sus tarjetas de crédito. «Hice un Excel para ver cuánto me cobraban por cada copia y busqué la mejor opción para tirarme al agua», cuenta. Lo más difícil, dice, fue explicar a un diseñador lo que tenía en la cabeza.
Encargó solo 300 juegos «porque tenía mucho miedo». Apenas ganó dinero con ellos, porque imprimir poco sale caro, pero se agotaron en un mes. Una aparición en televisión le dio el empujón definitivo y llegó a tener lista de espera.
Educación financiera y memoria
Cuando su hijo creció, lanzó un juego de educación financiera. El Banco Nacional de Costa Rica lo compró y, tras participar en un evento de promoción exportadora, empezó a venderlo en República Dominicana. Después llegó a Perú y Panamá. El lema de la empresa es «un ratico feliz»: «Queremos que la gente deje el celular a un lado y se siente a jugar en familia», explica.
El catálogo sigue creciendo. Con el juego Todos Juegan se ha adentrado en la estimulación cognitiva para ayudar a prevenir el alzhéimer, prepara manteles con juegos para restaurantes y ha dibujado a mano un juego, junto a la Asociación Protectora de Animales, que enseña a cuidar de las mascotas.
Doce años después, Itan estudia mecánica de aviación, una carrera con mucha matemática. «Verlo hoy como un hombre seguro es la prueba de que todo el esfuerzo valió la pena», dice su madre.
Por la redacción de GUAY.news.





Deja una respuesta