¿Estamos solos en el universo? Michel Mayor, premio Nobel de Física 2019 por descubrir el primer planeta fuera del sistema solar, responde con prudencia y con optimismo a la vez: la pregunta es difícil, pero «lo suficientemente importante» como para seguir buscando la respuesta. En su opinión, será la próxima generación de científicos la que dé con señales de vida fuera de la Tierra.
El investigador suizo, nacido en Vaud en 1942, participó en Granada en el encuentro «Hacia los planetas», organizado en el Centro Federico García Lorca por el Proyecto de Excelencia Severo Ochoa del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). Allí repasó cómo se llegó al hallazgo que le valió el Nobel, qué instrumentos harán falta para detectar vida y por qué considera una fantasía la idea de colonizar otros planetas.
Mayor lo resume con una frase: emigrar a otro planeta «es totalmente diferente a explorar» y, hoy por hoy, «no es factible». Cuidar de la Tierra, subraya, será la tarea pendiente. Entre la búsqueda científica y el sueño de colonizar otros mundos, el Nobel traza una línea clara que recorre toda su intervención en Granada.
Un hallazgo que los astrónomos miraban con recelo
Mayor y Didier Queloz descubrieron en 1994 el primer exoplaneta, 51 Pegasi b, y lo verificaron en 1995, año en que se hizo público. La Academia sueca los galardonó por ello en 2019, el mismo año en que también fue premiado el físico James Peebles.
Aquel logro llegó tras años en los que el terreno era resbaladizo. Según recordó el propio Mayor, «ese ámbito, la detección de posibles exoplanetas, estaba mal considerado por los astrónomos». Durante décadas hubo varias falsas alarmas en la búsqueda de exoplanetas, lo que había erosionado la confianza en este tipo de trabajos. Un anuncio que luego no se sostenía dejaba una huella difícil de borrar en la comunidad científica.
Por eso la prudencia presidió todo el proceso. El Nobel confesó que estaba «extremadamente preocupado por no añadir nuevas discusiones erróneas». Para descartar que la señal detectada fuera en realidad una mancha solar, las observaciones de Mayor y Queloz requirieron un año de paciencia y medir dos veces. Conviene recordar por qué esa comprobación era necesaria: cuando un exoplaneta pasa por delante de su estrella, provoca una pequeña mancha en su superficie, un efecto que puede confundirse con otros fenómenos de la estrella si no se analiza con cuidado.
Cronología de un descubrimiento
- 1994: se produce el hallazgo de 51 Pegasi b, el primer exoplaneta.
- 1995: se verifica el descubrimiento y se hace público.
- 2019: Michel Mayor y Didier Queloz reciben el Nobel de Física; también es premiado James Peebles.
Una órbita de 4,2 días que la teoría no esperaba
La primera sorpresa de 51 Pegasi b fue su órbita: tarda solo 4,2 días en completarla. Mayor explicó que la teoría de entonces apuntaba a algo muy distinto; según recordó, el periodo «tenía que ser mayor de diez años». Aquel resultado inesperado revolucionó la astrofísica y obligó a repensar cómo se forman y se distribuyen los sistemas planetarios.
El propio investigador admite que, al principio, la propuesta sonaba disparatada. «Era una locura», dijo al evocar aquellos primeros momentos. Hoy el panorama es radicalmente otro: «Hoy tenemos más de 6.000» exoplanetas conocidos, señaló, aunque no precisó la fecha de ese recuento.
Del paso de una cifra prácticamente vacía a más de 6.000 mundos conocidos, según Mayor, se pasó gracias a un esfuerzo instrumental sostenido. Ese es el hilo que une el hallazgo de 1994 con la técnica actual, y que el Nobel desarrolló en Granada.
De diez metros a diez centímetros: la instrumentación
El descubrimiento del primer exoplaneta impulsó la creación de instrumentación cada vez más sensible para hallar planetas más y más pequeños. Mayor lo ilustra con una comparación: «Por ejemplo, el primer instrumento que usamos para descubrir el primer exoplaneta tenía una precisión de diez metros». Hoy, en cambio, se pueden detectar cambios de velocidad de las estrellas de diez centímetros.
Esa mejora no es un capricho técnico. «Y la razón de estos es que simplemente queremos detectar un planeta análogo de la Tierra», explicó. Se buscan, según el investigador, gemelos de la Tierra en los que además la temperatura sea compatible con las reacciones químicas necesarias para la vida. Cada reducción de la escala de medida acerca la posibilidad de encontrar un mundo parecido al nuestro.
El Nobel fue claro sobre el límite actual. La sensibilidad de los telescopios disponibles «no es buena para detectar la vida en un planeta tipo Tierra». Hará falta, por tanto, una nueva generación de instrumentos para dar ese salto, y de ahí su convicción de que será la siguiente generación de científicos la que lo consiga.
Las cifras de Mayor
4,2 días es el periodo orbital de 51 Pegasi b, el primer exoplaneta descubierto.
Diez metros era la precisión del primer instrumento usado para descubrir un exoplaneta.
Diez centímetros es el cambio de velocidad de las estrellas que se puede detectar hoy.
Más de 6.000 son los exoplanetas conocidos, según Mayor.
Un año de paciencia y dos mediciones fueron necesarias para descartar que la señal fuera una mancha solar.
Qué entiende Mayor por «vida» y dónde buscarla
«El gran desafío de la próxima generación es detectar vida», afirmó. Pero conviene precisar a qué se refiere. «Cuando hablo de vida, en mi mente, sobre todo es algo parecido a la vida unicelular», aclaró, lejos de las imágenes de civilizaciones extraterrestres que suele evocar el cine.
En esa búsqueda no todo pasa por los exoplanetas. Mayor señaló que los satélites Encélado y Europa, con agua líquida bajo una capa de hielo, podrían ofrecer resultados valiosos sobre formas de vida. Su apuesta muestra que la búsqueda no se limita a los planetas que orbitan otras estrellas: también el sistema solar tiene lugares donde el agua líquida existe, aunque esté oculta bajo el hielo.
Esa línea de trabajo tiene nombre propio. «Hay un gran número de personas que trabajan en exobiología», recordó el Nobel. Su premisa es detectar biomarcadores, no solo en planetas fuera del sistema solar, lo que amplía el campo de observación a cualquier entorno donde pudiera existir vida.
Las claves de la búsqueda de vida según Mayor
- Los telescopios actuales no tienen sensibilidad suficiente para detectar vida en un planeta tipo Tierra.
- Hay que encontrar gemelos de la Tierra con temperatura compatible con las reacciones químicas de la vida.
- Por vida se entiende sobre todo vida unicelular.
- Encélado y Europa, con agua líquida bajo el hielo, son candidatos interesantes.
- La exobiología busca biomarcadores, no solo en exoplanetas.
Marte, Elon Musk y la física del viaje
Mayor reconoce que alcanzar otros planetas forma parte del sueño humano, pero establece una distinción nítida entre emigrar y explorar. No se mordió la lengua al hablar de las ideas de Elon Musk sobre colonizar Marte: «Es tan ingenuo, estúpido. Es una locura. Marte no tiene oxígeno. Eso nunca pasará».
Para explicar por qué viajar a otro sistema es inviable, propuso un ejercicio mental: «Imaginemos que descubrimos un gemelo perfecto de la Tierra digamos a 30 años luz. Cuando el hombre llegó a la Luna tardó tres días. La luz necesita solo un segundo para llegar a la Luna». La comparación pone en perspectiva la distancia: la luz que tarda un segundo en llegar a la Luna necesitaría 30 años para recorrer la distancia hasta ese gemelo hipotético.
De ahí concluye que «necesitas acelerar cerca de la velocidad de la luz», con una energía que calificó de «completamente imposible, fantasía». Para el Nobel, la idea de colonizar otros mundos pertenece al terreno de la ficción, no al de la física.
El científico no demoniza la ficción: «No tengo nada contra las ficciones, pero tenemos que separar claramente la ficción y la física». Y de ahí extrae una lección práctica: «Somos humanos, y nuestro pequeño planeta no es tan malo. Así que tendremos que cuidarlo».
«Emigrar es totalmente diferente a explorar. No es factible».
Michel Mayor, premio Nobel de Física
Curiosidad como motor y recelo hacia lo privado
Frente a la fantasía de la colonización, Mayor defiende otra razón para mirar al cielo: la curiosidad, a su juicio el verdadero motor de la investigación espacial. Es esa misma curiosidad la que, décadas atrás, llevó a un grupo de astrónomos a perseguir un planeta que casi nadie esperaba encontrar.
También dejó clara su posición sobre el papel de las empresas en este campo. Se mostró contrario a la colaboración privada en el ámbito espacial: «No soy muy partidario de ese tipo de desarrollo».
Qué viene ahora: la próxima generación
El horizonte que dibuja Mayor es, sobre todo, generacional. Sostiene que será la próxima generación de científicos la que dé con señales de vida fuera de la Tierra, y que el gran desafío de esa etapa es detectar vida. Para llegar ahí hace falta un instrumental que hoy no existe: los telescopios actuales no son lo bastante sensibles para detectar vida en un planeta tipo Tierra.
Mientras tanto, la hoja de ruta incluye buscar gemelos de la Tierra con temperatura compatible con las reacciones químicas de la vida, y explorar lugares como Encélado y Europa. No se mencionaron fechas concretas para estos avances, por lo que el calendario sigue abierto.
Granada, una visita que repite
El Nobel no es nuevo en la ciudad. Mayor visitó Granada como turista el año anterior para conocer su Semana Santa, y su regreso lo vivió con entusiasmo: «Fue fantástico», dijo sobre aquella experiencia. En el encuentro con jóvenes investigadores destacó lo que le aportan estos intercambios: «Nuevos estudiantes, nuevas ideas… da mucha vida estar con este tipo de gente».
La cita de Granada sirvió, en definitiva, para recordar que la pregunta sobre si hay vida más allá de la Tierra viene de lejos y sigue abierta, y que para responderla hacen falta paciencia, mejores instrumentos y nuevas generaciones de científicos dispuestos a medir dos veces antes de anunciar nada.
Por la redacción de GUAY.news.





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