La paleontología argentina suma una especie a su catálogo patagónico. Un equipo de investigación encabezado por Ariel Hernán Méndez, del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (Conicet), ha presentado formalmente a Rinconraptor pipoae, un dinosaurio carnívoro de la familia de los megaraptóridos cuyos restos aparecieron en la provincia de Neuquén.
El animal habitó la región durante el Cretácico Superior, en el período Santoniano, hace aproximadamente 86 millones de años. Según las proporciones de sus vértebras y de los huesos de las patas, alcanzaba unos siete metros de longitud y llevaba grandes garras curvadas en las extremidades anteriores.
Más allá de la novedad, el hallazgo importa por lo que dice sobre su entorno: en la zona vivían al menos dos grandes familias de superdepredadores, y la presencia de una segunda obliga a repensar cómo se repartían el alimento. El trabajo, firmado por 18 especialistas, se ha publicado en la revista científica Palaeontologia Electronica.
Un terópodo de garras largas y esqueleto aligerado
Rinconraptor pipoae pertenecía al grupo de los megaraptóridos (Megaraptoridae), un linaje de terópodos depredadores de tamaño mediano y grande. Los terópodos son los dinosaurios carnívoros que caminaban sobre dos patas, y dentro de ellos los megaraptóridos se distinguían por unas extremidades anteriores armadas con grandes garras curvadas. Esas garras eran el rasgo más visible de su anatomía de cazador.
Su esqueleto tenía además una estructura ósea liviana, con cavidades neumáticas y tejido interno camelado, es decir, con pequeñas cámaras, tanto en la columna vertebral como en las extremidades. Es un rasgo que aligeraba el peso del animal sin renunciar a un cuerpo de buen tamaño. Las proporciones de las vértebras y de los huesos de las patas son la base de la estimación de unos siete metros de longitud.
Hay un dato que conviene no confundir con este. Según Ariana Paulina-Carabajal, investigadora del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Inibioma, Conicet-Universidad Nacional del Comahue) y coautora del trabajo, algunos restos asignados a megaraptóridos podrían haber pertenecido a individuos de más de ocho metros. Esos restos son atribuibles al grupo, pero no se confirma que correspondan a esta misma especie, por lo que la cifra de siete metros se refiere solo a Rinconraptor pipoae.
De dónde viene el nombre
El nombre científico tiene dos homenajes. El género, Rinconraptor, rinde tributo a la localidad de Rincón de los Sauces, cerca de la cual aparecieron los fósiles. La especie, pipoae, se eligió en memoria de Laura Pipo, becaria doctoral que participó activamente en la campaña de rescate fósil y que falleció en 2020.
Los fósiles proceden del área de Cerro Overo–La Invernada, en Neuquén, y pertenecen a la Formación Bajo de la Carpa, una unidad geológica en la que se han identificado varios carnívoros de gran tamaño. El yacimiento de La Invernada es también el lugar donde se halló el abelisáurido Viavenator exxoni, como se detalla más adelante.
El nombre de la especie une así la memoria personal de una investigadora con el paisaje en que vivió el animal. Pipo formó parte del equipo que hizo posible el rescate de los restos, y la dedicatoria la deja asociada para siempre a un descubrimiento que se presenta años después de aquel trabajo de campo.
De los primeros fósiles de 2016 a la presentación
La historia del material fue larga. Los primeros restos se hallaron en 2016 por personal del Museo Municipal Argentino Urquiza. Después, los fósiles se rescataron en una campaña paleontológica realizada a fines de 2019, en la que participó Laura Pipo. La preparación posterior del material se demoró por la pandemia de Covid-19, y eso explica que la presentación llegue varios años después del rescate.
El proceso, desde el hallazgo inicial hasta la publicación, ha sido el de una investigación en la que intervienen campañas de campo, preparación en laboratorio y análisis comparado. El equipo lo formaron 18 especialistas, y el resultado se ha publicado en la revista Palaeontologia Electronica.
Para situar las fechas, estos son los hitos que constan:
- Hace unos 86 millones de años (Cretácico Superior, Santoniano): Rinconraptor pipoae habita la región.
- 2016: personal del Museo Municipal Argentino Urquiza halla los primeros fósiles.
- Fines de 2019: campaña paleontológica en la que se rescatan los restos.
- 2020: fallece Laura Pipo, becaria doctoral que había participado en el rescate.
- Ahora: el equipo presenta la especie y publica la investigación en Palaeontologia Electronica.
Las claves del hallazgo
- Especie: Rinconraptor pipoae, megaraptórido de unos siete metros.
- Dónde: Cerro Overo–La Invernada, cerca de Rincón de los Sauces (Neuquén), Formación Bajo de la Carpa.
- Cuándo vivió: hace unos 86 millones de años, en el Santoniano.
- Rasgos: garras curvadas en los brazos y esqueleto liviano con cavidades neumáticas y tejido camelado.
- Equipo: 18 especialistas, con Ariel Hernán Méndez al frente.
- Compañeros de ecosistema: abelisáuridos como Viavenator y Llukalkan, saurópodos titanosaurios y ornitópodos medianos.
Dos familias de superdepredadores en el mismo lugar
Una de las claves del trabajo es que, en la zona de Rincón de los Sauces, coexistieron dos grandes familias de superdepredadores: los megaraptóridos y los abelisáuridos (Abelisauridae). Los abelisáuridos eran otro gran grupo de carnívoros, distinto del de Rinconraptor, y su presencia en la misma zona es lo que hace que el hallazgo sea relevante para el ecosistema.
Entre los carnívoros identificados en la Formación Bajo de la Carpa figura Viavenator exxoni, un abelisáurido hallado en el yacimiento de La Invernada. Otro abelisáurido es Llukalkan aliocranianus, de unos cinco metros de largo. Tenía un cráneo rugoso provisto de protuberancias y un seno auditivo en el oído medio que le otorgaba una audición más fina, comparable con la de los cocodrilos actuales.
Los investigadores han identificado además otros ejemplares que todavía no han sido formalmente nombrados. Con ellos, el panorama es el de un ecosistema con varios grandes carnívoros conviviendo, algo que el nuevo hallazgo contribuye a documentar con más detalle. La suma de especies conocidas y de ejemplares pendientes de nombre permite ver que el área no tenía un único depredador dominante.
Qué significa para la competencia entre depredadores
Para Méndez, lo más relevante es lo que el descubrimiento dice sobre la relación entre depredadores. «Esta nueva especie aporta información clave sobre la interacción entre depredadores. Ahora sabemos que este fue el segundo grupo de dinosaurios carnívoros presente en el área, por lo que la competencia por el alimento pudo haber sido mayor de lo que se imaginaba hasta el momento», explica el investigador.
El propio Méndez desarrolla la idea en el trabajo: «Por un lado, resulta clave documentar la coexistencia de dos grupos de predadores tope en el mismo lugar y en el mismo momento. Eso nos ayuda a entender cómo estaban estructurados esos ecosistemas y cómo pudieron haberse relacionado sus componentes faunísticos».
Según el investigador, la presencia simultánea de megaraptóridos, como Rinconraptor, y abelisáuridos, como Viavenator y Llukalkan, sugiere que estos carnívoros desarrollaron una partición del nicho ecológico. Es decir, diferenciaban sus presas o sus técnicas de caza para reducir la competencia directa y coexistir dentro del mismo ecosistema. Se trata de una hipótesis que plantean los investigadores, no de un hecho confirmado.
2 grandes familias de superdepredadores (megaraptóridos y abelisáuridos) coexistieron en la zona de Rincón de los Sauces.
Un parentesco que se estrecha con los tiranosauroideos
El trabajo aporta también una pista sobre el árbol genealógico de estos animales. Méndez señala que existe una cuestión vinculada a las relaciones de parentesco entre los megaraptóridos y los tiranosauroideos, y que el estudio de Rinconraptor la aborda directamente.
«En este trabajo, a partir de las vértebras caudales de Rinconraptor, pudimos sumar más evidencia sobre el estrecho vínculo entre ambos grupos de dinosaurios carnívoros», afirma el investigador. Las vértebras de la cola, por tanto, no solo sirven para estimar el tamaño del animal: ofrecen datos para ordenar sus relaciones de parentesco.
Un ecosistema de titanosaurios, ornitópodos y carnívoros
Méndez subraya además un aspecto del descubrimiento: «Este aspecto resulta especialmente relevante porque aporta más información no solo sobre la diversidad animal que habitó el área hace millones de años, sino también sobre sus posibles estrategias de alimentación en un entorno donde compartían territorio con gigantescos saurópodos titanosaurios y ornitópodos de tamaño mediano».
El paisaje que se dibuja es el de un ecosistema poblado por herbívoros de tamaños muy distintos, desde gigantescos titanosaurios hasta ornitópodos medianos, y por varios grandes carnívoros que convivían con ellos. Cómo se repartían esas presas y cómo cazaban es, precisamente, lo que los investigadores quieren seguir comprendiendo.
La combinación de esqueletos de depredadores con la fauna herbívora que los rodeaba es lo que convierte a la zona de Rincón de los Sauces en un punto de interés para reconstruir cómo funcionaban estos ecosistemas del Cretácico Superior en la Patagonia.
Por la redacción de GUAY.news.





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