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Ciencia

Un brazo robótico blando movido por algas agarra objetos con luz

En Delft crean un brazo robótico blando recubierto de algas que agarra y levanta objetos movido solo por luz.

Pequeño brazo robótico blando cubierto de algas verdes bajo el agua sujetando una piedra iluminada por un haz de luz

Unas algas diminutas se mecen bajo el agua. Se enciende una luz y, de pronto, forman unos brazos parecidos a los de un robot. Esos brazos recogen pequeñas piedras y las dejan en cestas flotantes. Es la escena que describen los investigadores de la Universidad Tecnológica de Delft, en los Países Bajos, para explicar su invento: un pequeño brazo robótico blando recubierto de algas que puede agarrar y levantar objetos. Y que se mueve con luz.

El trabajo se ha publicado en la revista científica Nature Communications. Los autores lo presentan como un nuevo paso en la biotecnología, el campo que une organismos vivos y tecnología para crear soluciones nuevas.

Qué han creado en Delft

Hay cuatro claves para entender el invento:

  • Es un brazo robótico pequeño.
  • Es blando, no rígido como los brazos metálicos de las fábricas.
  • Está recubierto de algas minúsculas.
  • Funciona con luz y es capaz de agarrar y levantar objetos.

Con esos cuatro ingredientes, el equipo de Delft ha conseguido algo que hasta hace poco parecía ciencia ficción. Así lo reconocen ellos mismos al describirlo: la imagen de unas algas que forman brazos y mueven piedras bajo el agua suena a película, pero ya es un resultado publicado.

La demostración que plantean es sencilla de imaginar. Las algas están en el agua, la luz las ilumina y el brazo responde. Las piedras pequeñas pasan del fondo a unas cestas que flotan. No hace falta un motor visible ni un mando: el estímulo que pone todo en marcha es la luz.

Por qué un robot blando

Cuando pensamos en un robot, solemos imaginar piezas de metal, tornillos y movimientos bruscos. Los robots blandos van por otro camino. Están hechos de materiales flexibles que se doblan y se adaptan a lo que tocan.

Esa flexibilidad es lo que hace interesante el brazo de Delft. Un brazo blando puede rodear un objeto pequeño y levantarlo sin necesidad de unas pinzas duras. En la escena que describen los investigadores, el brazo recoge piedras pequeñas y las coloca en cestas flotantes, una tarea delicada para algo tan diminuto.

La novedad está en la combinación. Al recubrir el brazo con algas, el equipo ha juntado un material blando con organismos vivos. El resultado es un dispositivo que se mueve cuando recibe luz, sin la maquinaria habitual de un robot convencional.

Algas que trabajan con luz

Las algas son organismos que viven en el agua y que dependen de la luz. En este caso, son tan pequeñas que los investigadores las describen como minúsculas. Cubren el brazo y son las protagonistas del movimiento: según el equipo de Delft, el brazo está impulsado por algas y funciona con luz.

La información disponible no detalla cómo responden exactamente las algas a la luz ni qué tipo de algas se han usado. Tampoco aparecen el tamaño exacto del brazo, el peso de los objetos que puede levantar ni el tiempo que tarda en moverse. Son datos que forman parte del estudio científico, pero que no se recogen en la presentación del trabajo, así que preferimos no ponerlos antes que inventarlos.

Lo que sí queda claro es la idea de fondo. Una luz que se enciende basta para que el brazo actúe. Eso abre la puerta a controlar un pequeño robot desde fuera, solo iluminándolo, sin cables ni baterías a la vista en la escena que describen los investigadores.

Qué viene ahora

El equipo de la Universidad Tecnológica de Delft habla de este trabajo como un nuevo paso, no como un producto terminado. Es investigación básica: demuestra que un brazo blando recubierto de algas puede agarrar y levantar objetos con luz. A partir de aquí, la comunidad científica puede revisar el estudio publicado en Nature Communications, repetirlo y mejorarlo.

La biotecnología avanza así, con pruebas pequeñas que confirman que una idea funciona. En este caso, la prueba es visual y fácil de entender: algas, luz, un brazo que se mueve y unas piedras que acaban en una cesta flotante. Lo que antes parecía una escena de ciencia ficción ya está descrito en una revista científica.

Para quien sigue la ciencia con curiosidad, el invento de Delft deja una imagen difícil de olvidar. Organismos diminutos que se mecen con la corriente y que, con un poco de luz, se ponen a trabajar.

Otros brazos blandos que copian a la naturaleza

El brazo de Delft no es el único que aprende de los seres vivos. La robótica blanda busca a menudo en la naturaleza ideas para moverse mejor. Un buen ejemplo llega de la Universidad Nacional de Singapur, donde un equipo se ha fijado en los pulpos.

Un pulpo puede doblar una parte de uno de sus brazos alrededor de un obstáculo mientras otra zona se mueve en una dirección completamente distinta. Sus extremidades no tienen articulaciones rígidas y se deforman casi en cualquier dirección. Imitar eso en un robot blando suele exigir varios actuadores, cables y conexiones repartidos por toda la estructura.

Los investigadores de Singapur encontraron una forma más sencilla. Se inspiraron en las uniones neuromusculares, que en los pulpos controlan distintas regiones de cada brazo. Así consiguieron que un único músculo artificial genere varios movimientos independientes.

Ese músculo está hecho de una aleación con memoria de forma. Es un material que se contrae cuando recibe corriente eléctrica y recupera su forma original al enfriarse. El equipo le añadió pequeñas conexiones eléctricas repartidas a lo largo del actuador. Al cambiar el voltaje entre ellas, el sistema activa solo algunas secciones del músculo. Una parte del brazo se dobla mientras otra se queda quieta o hace un movimiento diferente.

Las pruebas dejaron cifras llamativas. Según los investigadores, el sistema alcanza aproximadamente el doble de espacio de trabajo y manipulabilidad que los diseños tradicionales formados por varios segmentos superpuestos. Y como solo se contraen las zonas que hacen falta, gasta menos: registraron reducciones del consumo de hasta el 40 % en determinadas condiciones. Con menos actuadores, cables y piezas de montaje, el robot puede ser más ligero y compacto.

La comparación ayuda a ver qué tiene de especial lo de Delft. En Singapur, el movimiento depende de la corriente eléctrica. En Delft, según su equipo, basta con una luz que ilumina las algas.

Robots blandos que ya ayudan a personas

Los brazos blandos también salen del laboratorio. En Estados Unidos, investigadores de la Escuela John A. Paulson de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de Harvard y del Hospital General de Massachusetts desarrollaron un dispositivo robótico blando que ayuda a mover la parte superior del brazo y el hombro a personas con esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Es una enfermedad neurodegenerativa que daña las células del cerebro y de la médula espinal necesarias para el movimiento.

El prototipo está hecho de tela y globos inflables, y funciona sin cables gracias a una batería. Un sistema de sensores detecta el movimiento que le queda al brazo y ajusta cuánto se infla el globo para moverlo de forma suave y natural. «Esta tecnología es muy sencilla en esencia», explica Tommaso Proietti, primer autor del artículo, publicado en la revista Science Translational Medicine.

El equipo lo probó con diez personas con ELA. Tras una calibración de 30 segundos para detectar la movilidad y la fuerza de cada usuario, el dispositivo mejoró la amplitud de movimiento de los participantes, redujo la fatiga muscular y aumentó su rendimiento en tareas como sujetar o alcanzar objetos. Aprender a usarlo les llevó menos de 15 minutos.

La seguridad es una de las grandes bazas de estos robots. «A diferencia de los robots rígidos tradicionales, cuando un robot blando falla significa que los globos simplemente dejan de inflarse. Pero el usuario no corre ningún riesgo de lesionarse con el robot», señala Proietti. Conor Walsh, autor principal del estudio, añade: «Este estudio nos da esperanzas de que la tecnología de robótica portable puede ayudarnos a desarrollar nuevos dispositivos capaces de restaurar las capacidades funcionales de las extremidades en personas con ELA y otras enfermedades que privan a los pacientes de su movilidad».

Son proyectos de equipos distintos al de Delft, pero comparten la misma idea: materiales que se doblan y se adaptan en lugar de piezas duras. El brazo de algas suma a esa familia una forma nueva de moverse, con luz.

Un brazo con nombre de cuerpo humano

Llamar «brazo» a un robot tiene su lógica. Según el Diccionario de la lengua española, la palabra viene del latín brachĭum, y este del griego brachíōn. La RAE recoge muchos significados. El primero es el miembro del cuerpo que va del hombro a la extremidad de la mano. Otro es la pértiga articulada de una grúa. La robótica toma ese sentido mecánico.

El modelo original es el nuestro. Según los textos de anatomía, la extremidad superior tiene cinco regiones: hombro, brazo, codo, antebrazo y mano. El brazo, en sentido estricto, va del hombro al codo. Tiene un único hueso largo, el húmero. Este hueso se une a la escápula en la articulación del hombro, la más móvil del cuerpo humano. El antebrazo suma otros dos huesos, el radio y el cúbito, y está lleno de músculos que giran la palma, mueven la muñeca y controlan los dedos.

Huesos, articulaciones y músculos: así funciona un brazo humano. El de Delft se mueve de otra manera. Es blando, va recubierto de algas y responde a la luz.

Preguntas frecuentes

¿Quién ha creado el brazo robótico de algas?

Un equipo de investigadores de la Universidad Tecnológica de Delft, en los Países Bajos.

¿Qué puede hacer este brazo?

Es un pequeño brazo robótico blando recubierto de algas diminutas que puede agarrar y levantar objetos, como piedras pequeñas que coloca en cestas flotantes.

¿Cómo se mueve?

Está impulsado por algas y funciona con luz: cuando una luz ilumina las algas, el brazo actúa.

¿Dónde se ha publicado el estudio?

En la revista científica Nature Communications.

Por la redacción de GUAY.news.

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