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Salud

El CNIC halla cómo los vasos sanguíneos crecen sin VEGFR2

Un estudio del CNIC muestra que los vasos sanguíneos pueden formarse sin la señal VEGF-VEGFR2, clave para entender la resistencia tumoral.

Investigador de laboratorio observando una muestra bajo el microscopio, con un monitor de imágenes celulares al fondo

Un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), con colaboradores internacionales, ha descubierto mecanismos hasta ahora desconocidos que permiten el crecimiento de los vasos sanguíneos incluso cuando falta la señalización VEGF-VEGFR2. El trabajo se ha publicado en la revista Nature.

Hasta ahora, esa señalización se consideraba esencial para todos los aspectos de la angiogénesis, es decir, la formación de nuevos vasos a partir de los ya existentes. Era una idea ampliamente aceptada. Los resultados del CNIC la matizan de forma importante: las células endoteliales, que recubren el interior de los vasos sanguíneos, pueden sobrevivir, proliferar y contribuir a formar nuevos vasos aunque no tengan esa vía.

Quién es

Rui Benedito dirige el Grupo de Genética Molecular de la Angiogénesis del CNIC y es jefe del Departamento de Genética Funcional del Max Planck Institute for Molecular Biomedicine, en Alemania. Irene García González, investigadora del CNIC, es co-primera autora del estudio.

Una estrategia para seguir células con y sin receptor

Para entender qué ocurre cuando falta VEGFR2, el equipo desarrolló una estrategia de mosaicos genéticos. Esta técnica permite distinguir y seguir al mismo tiempo células endoteliales normales y células que carecen por completo de VEGFR2, tanto durante el desarrollo embrionario como después del nacimiento.

Irene García González, co-primera autora, explica el alcance del método: «Esto nos ha permitido observar cómo se comportan ambas poblaciones celulares durante todo el desarrollo embrionario y después del nacimiento».

La pérdida de VEGFR2 afectaba sobre todo a las células endoteliales que participan activamente en la formación de nuevos vasos en una primera fase de crecimiento. En las fases posteriores, en cambio, ese efecto no aparecía.

Cada órgano responde de manera distinta

Los investigadores comprobaron que la respuesta varía según el tejido. Los vasos sanguíneos del cerebro mostraron una fuerte resistencia a la pérdida de VEGFR2. Las células endoteliales del corazón, el riñón y el hígado, por el contrario, resultaron mucho más sensibles, con menor supervivencia y menor proliferación.

Otro hallazgo llamativo es que las células sin VEGFR2 recuperaban de forma progresiva su capacidad de contribuir a la red vascular. Lo hacían especialmente en las venas y en los pequeños vasos asociados a ellas. Esa adaptación iba acompañada de la adquisición de características genéticas propias de las células endoteliales venosas, un proceso que los autores denominan venosización. Según el estudio, se trata de un cambio de identidad celular fundamental para sobrevivir y expandirse sin VEGFR2.

El trabajo también identifica la participación de otros dos receptores de VEGF, VEGFR1 y VEGFR3. Ambos contribuyen a mantener la supervivencia y la migración de las células endoteliales cuando falta VEGFR2, y actúan en paralelo con el programa de venosización. En conjunto, algunas células endoteliales se adaptan, resisten y activan programas moleculares alternativos que hacen posible la angiogénesis.

Qué implica para los tratamientos contra el cáncer

Los autores señalan que los vasos sanguíneos tienen una capacidad de adaptación frente a la pérdida de la señalización VEGF-VEGFR2 mucho mayor de la que se pensaba. Los resultados revelan, según el texto, un grado inesperado de plasticidad endotelial.

Esto enlaza con un problema conocido: los tumores desarrollan con el tiempo resistencia a las terapias anti-angiogénicas, que buscan frenar su crecimiento cortando el suministro de nuevos vasos. Rui Benedito, codirector del estudio, lo plantea así: «Estos resultados también pueden ayudar a explicar por qué algunos tumores se hacen resistentes a los tratamientos que bloquean la señalización VEGF-VEGFR2».

El descubrimiento cuestiona la idea de que esa señalización sea indispensable para la angiogénesis en cualquier contexto. También sugiere que las terapias dirigidas exclusivamente contra VEGF-VEGFR2 podrían no bastar para lograr respuestas duraderas.

De ahí que el estudio abra la posibilidad de desarrollar terapias combinadas que bloqueen además las vías compensatorias. El objetivo sería inhibir de forma más eficaz la angiogénesis y, con ella, el crecimiento tumoral o la metástasis. Por ahora se trata de un escenario abierto por la investigación, sin calendario concreto para nuevas fases.

Por la redacción de GUAY.news.

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