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Cultura

Un campesino buscaba guano en 1905 y halló La Pileta

Hace 120 años, un campesino de Benaoján siguió a los murciélagos y descubrió la cueva de La Pileta, con más de tres mil figuras rupestres.

Entrada estrecha de una cueva en una ladera de caliza, con murciélagos volando al atardecer

Buscaba abono y encontró una de las grandes joyas de la prehistoria europea. En 1905, el campesino José Bullón Lobato reparó en una grieta de la roca en el cerro de la Pileta, en Benaoján (Málaga), de la que brotaban densas bandadas de murciélagos. Su intención era sencilla: hallar guano para fertilizar sus campos de cultivo.

Entró con una antorcha improvisada, superó un angosto paso y avanzó entre la penumbra hasta una galería cubierta de figuras. Aquella cavidad de la Serranía de Ronda, en tierras arrendadas del Rancho del Harillo, guarda hoy más de tres mil figuras y grabados rupestres del Paleolítico Superior. Han pasado 120 años desde aquel hallazgo, y cinco generaciones de la familia Bullón han custodiado la cueva.

Una grieta con murciélagos

Bullón no sabía que estaba ante un santuario. Bautizó el lugar como la Cueva de los Letreros, un nombre que refleja cómo interpretó los trazos y signos que veía en las paredes: letras que alguien había escrito en la roca, no el arte de cazadores de hace milenios.

El campesino había entrado en la cavidad con un objetivo agrícola. El guano de los murciélagos era un fertilizante que podía aprovechar en sus tierras de cultivo, y fue esa búsqueda la que le llevó a superar el paso estrecho y a internarse en la oscuridad, donde encontró la galería decorada.

Del boca a boca a la fama internacional

La noticia circuló primero entre los vecinos de los pueblos colindantes. Nadie en la zona imaginaba aún el alcance científico de lo encontrado, pero el rumor fue creciendo hasta cruzar fronteras gracias a un aficionado a la arqueología llegado de Gran Bretaña.

En 1907, el coronel británico retirado Willoughby Verner, afincado en la zona, supo de los rumores del hallazgo durante una estancia en Jimera de Líbar. Entre 1909 y 1911 organizó varias expediciones de exploración. Después publicó un artículo en la revista londinense The Saturday Review que dio a conocer la cueva internacionalmente.

Hasta entonces, el conocimiento de La Pileta había circulado sobre todo en el entorno local. La publicación en Londres abrió la cueva a un público científico fuera de España y preparó el terreno para las investigaciones que llegarían después.

La expedición de 1912

El salto definitivo llegó en 1912 con una expedición científica en la que participaron Henri Breuil, Hugo Obermaier, Paul Wernert y Juan Cabré. El equipo documentó los pasajes subterráneos y el conjunto pictórico, y sus integrantes publicaron la monografía sobre La Pileta.

Con esa monografía, la cueva quedó situada en el mapa de la prehistoria y del arte rupestre mundial. El trabajo de estos investigadores convirtió un hallazgo hecho por un campesino en un yacimiento estudiado con método científico, con el conjunto pictórico y los pasajes registrados por escrito.

El Pez y otras figuras

Entre las pinturas, la más célebre es la del Pez: una silueta en ocre de más de un metro de longitud que contiene una foca en su interior. Se trata de una manifestación marina casi única en el continente, lo que la convierte en una pieza singular para entender cómo representaban su entorno los grupos prehistóricos.

El repertorio es amplio. Otros paneles citados son la Yegua Preñada, bisontes, renos, caprinos, además de signos neolíticos. Esta variedad permite seguir la presencia humana en la cueva a lo largo de periodos distintos, desde el Paleolítico hasta el Neolítico.

La cavidad fue moldeada por las aguas del río Guadiaro sobre la caliza jurásica. Ese mismo espacio sirvió como punto de reunión para comunidades de cazadores-recolectores, y la ocupación humana se mantuvo de forma ininterrumpida a lo largo de milenios, lo que hace de La Pileta un santuario con una secuencia excepcional.

Cronología del yacimiento

  • 1905: José Bullón Lobato descubre la cueva.
  • 1907: Willoughby Verner conoce los rumores del hallazgo en Jimera de Líbar.
  • 1909-1911: Verner organiza varias expediciones de exploración.
  • 1912: Expedición científica con Henri Breuil, Hugo Obermaier, Paul Wernert y Juan Cabré.
  • 1924: La cueva es declarada Monumento Nacional mediante Real Orden de Alfonso XIII.
  • 1933: Hallazgo de las Nuevas Galerías y esqueletos prehistóricos.
  • 1934: Hallazgo de la Venus de Benaoján.
  • 1992: Descubrimiento de un tramo virgen de 250 metros.

Protección y nuevos hallazgos

Los descubrimientos no cesaron. En 1924, la cueva fue declarada Monumento Nacional mediante Real Orden de Alfonso XIII, y consagrada como Bien de Interés Cultural. Esa figura de protección reconoció el valor del conjunto más allá de su interés para la familia que lo había descubierto.

En 1933 se halló las Nuevas Galerías y esqueletos prehistóricos. En 1934 apareció la figura femenina tallada conocida como la Venus de Benaoján, que se encuentra en el Museo de Málaga. Ambos hallazgos ampliaron el conocimiento de la cueva tanto en su parte pictórica como en los restos humanos que guardaba.

En 1992, los descendientes de la familia junto al Grupo Espeleológico Alpino Rondeño descubrieron un tramo virgen de 250 metros preservado desde la Prehistoria. Se trata de un espacio que no había sido alterado desde entonces, según los datos recogidos sobre el hallazgo.

Cinco generaciones de custodia

Tomás Bullón García, hijo del descubridor, continuó explorando el laberinto y fue quien halló la entrada que se utiliza en la actualidad. Con esa entrada, la cueva pudo visitarse de forma más accesible, y la familia asumió su custodia a lo largo de cinco generaciones.

Sus descendientes continúan guiando a los visitantes, en lo que se considera un modelo ejemplar de conservación patrimonial. La combinación de custodia familiar, protección oficial y trabajo espeleológico ha permitido que el yacimiento llegue hasta hoy con su conjunto pictórico y su tramo virgen.

Lo que significa La Pileta, según los textos que la describen, es que el hallazgo de 1905 la situó en el mapa de la prehistoria y del arte rupestre mundial, con un valor histórico incalculable. Han pasado 120 años desde aquel día en que un campesino siguió a los murciélagos hasta una grieta de Benaoján.

Por la redacción de GUAY.news.

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