En un aula de quinto curso de Newcastle, en Australia, una profesora presentó a sus alumnos la poesía slam. Ninguno imaginaba entonces adónde llevaría aquella clase. Unos dos meses después, uno de ellos, Blake Mackenzie, de 12 años, subía al escenario de la Casa de Óperas de Sídney para proclamarse campeón joven del Australian Poetry Slam de 2026, la principal competición nacional de poesía hablada del país.
Su trayectoria es breve y llamativa: del primer contacto con el género a la final nacional apenas pasó ese par de meses, el tiempo justo para escribir, ensayar y superar las eliminatorias regionales.
De un aula de Newcastle al escenario de Sídney
Todo empezó en la clase de quinto año de Newcastle, la ciudad natal de Mackenzie. Su profesora llevó al aula el formato del slam y propuso a los alumnos escribir sus propios versos. Los textos del joven llamaron la atención de la docente por su calidad. Impresionada, lo animó a inscribirse en las eliminatorias regionales del torneo.
Mackenzie fue avanzando ronda a ronda hasta obtener una plaza en la fase final, que se celebró en uno de los escenarios más reconocibles del mundo y reunió a competidores de todo el país. El nombre de la profesora no ha trascendido, pero su papel fue decisivo: sin aquella clase y sin ese empujón, la historia no habría existido.
Dos poemas, dos temas de actualidad
En la final, el joven poeta declamó dos obras de su autoría. La primera, titulada «I Love My Country» («Amo mi país»), abordó la desigualdad y el racismo en Australia, un asunto poco habitual en boca de alguien de su edad.
La segunda, «Dear ChatGPT» («Querido ChatGPT»), reflexionó sobre la presencia y el impacto de la inteligencia artificial en la vida escolar y en la sociedad. Con ella, un niño de 12 años habló desde su propia experiencia en el colegio de una herramienta que ya forma parte de la conversación pública.
Las dos piezas, de temática social, se presentaron de forma performática, como exige el género: versos originales dichos en voz alta ante un jurado.
Cómo funciona un slam
La poesía slam nació en Chicago en la década de 1980 y se basa en la transmisión oral, en formato de batalla performática. Cada participante dispone de hasta dos minutos para actuar y, si se pasa del tiempo, pierde puntos.
El jurado se sortea entre el público del propio auditorio, de modo que quienes deciden son personas corrientes sentadas en la sala. El modelo de evaluación tiene en cuenta tres elementos: el recurso literario, la presencia escénica y el poder de conmoción sobre el público. No basta con escribir bien: hay que saber decir el poema y llegar a quien lo escucha.
Un título compartido con la categoría adulta
El título joven de 2026 se repartió con la categoría adulta, que ganó Bivor, poeta y consultor ambiental, inmigrante de Bangladesh. Sus textos giraron en torno al compromiso y la alfabetización política.
Los dos vencedores compartirán un premio de 20.000 dólares estadounidenses. El galardón incluye invitaciones a festivales literarios internacionales y el derecho a actuar como embajadores del proyecto de poesía australiano. Por ahora no se han dado a conocer fechas concretas para esas actividades ni cómo se reparte la cantidad entre ambos.
Un logro que habla de talento y de aulas
La victoria de Mackenzie se presenta como un logro notable precisamente por la brevedad de su recorrido en el género. Su caso ilustra el alcance que pueden tener las batallas de rima y palabra hablada en la formación de nuevos talentos de la literatura contemporánea.
Más allá del premio, la historia empieza donde muchas empiezan: en un aula, con una docente que supo reconocer una voz y animarla a salir a escena. Lo que viene ahora para el joven campeón será representar, junto a Bivor, al proyecto de poesía de su país en los festivales a los que ha sido invitado.
Por la redacción de GUAY.news.





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