Durante años, Bu y Tyapa no supieron lo que era caminar sobre la hierba. Hoy exploran un bosque en el condado de Donegal, en el noroeste de Irlanda, después de una operación de rescate que duró cinco años, atravesó varios países y movilizó a más de cien personas.
Los dos osos pardos proceden de la República de Dagestán, en Rusia. Han llegado al santuario Wild Ireland, en Burnfoot, tras un viaje que los llevó por Moscú, Abu Dabi y Dublín. Su caso es un ejemplo de cómo un compromiso sostenido en el tiempo puede abrirse paso entre guerras, cierres de espacio aéreo y retrasos repetidos.
Lo más relevante no es solo el rescate, sino lo que ha venido después: los análisis de seguimiento muestran que la función renal de ambos ha vuelto a la normalidad, han ganado peso y su pelaje ha mejorado.
El problema: años de encierro y desnutrición en Dagestán
Bu había pasado años en una jaula pequeña, en interior, después de haber sido obligado a actuar en un circo. Tyapa vivía en otra jaula, sin techo, que lo dejaba expuesto a los inviernos duros y al calor intenso del verano. Sus medidas eran de 2,5 metros por 2,5 metros por 2 metros, y era tan baja que el animal no podía ponerse de pie.
Las condiciones eran aún peores en lo cotidiano: Tyapa no tenía bebedero y dependía de una manguera para beber agua. Según Killian McLaughlin, fundador de Wild Ireland, el animal estaba siendo criado para ser sacrificado y disecado para una exposición.
Cuando fueron rescatados, ambos osos estaban gravemente desnutridos y mostraban signos de trauma psicológico. Las analíticas de sangre revelaron además problemas renales graves asociados a una deshidratación prolongada.
La respuesta: una misión de cinco años que cruzó varios países
McLaughlin conoció el caso de Bu y Tyapa en 2021 y se comprometió a llevarlos a un lugar seguro en Donegal. Wild Ireland, un santuario para animales rescatados que alberga osos pardos, monos, lobos y linces, había abierto sus puertas en octubre de 2019.
El plan original contemplaba una ruta de transporte por Ucrania. La invasión rusa de ese país, en febrero de 2022, la hizo imposible. Se exploró entonces una alternativa por Oriente Medio, que a su vez se vio alterada en febrero de 2026 por el conflicto escalado en torno a Irán, con cierres de espacio aéreo e interrupciones de vuelos en la región.
Tras meses de preparación y retrasos repetidos, el rescate se hizo realidad. A finales de octubre de 2025, Dima Kim y Yana Kim, que trabajan en Tiger House, un santuario cerca de San Petersburgo que cuida a tigres de circo retirados, viajaron en coche durante 36 horas hasta Dagestán para recoger a los osos.
Según los hechos recogidos, los osos tuvieron que ser cortados de sus jaulas de acero oxidado, sedados y colocados en cajas de transporte seguras. Después emprendieron la ruta aérea que pasó por Moscú, Abu Dabi y Dublín, y llegaron a Irlanda en agosto.
El viaje, paso a paso
- Dagestán: los rescatistas cortaron las jaulas de acero oxidado, sedaron a los animales y los colocaron en cajas de transporte seguras.
- Tiger House: los osos regresaron allí, donde recibieron tratamiento veterinario y pasaron por cuarentena.
- Moscú, Abu Dabi y Dublín: la ruta aérea que los llevó finalmente a Irlanda, en agosto.
- Burnfoot (Donegal): destino final, en Wild Ireland.
Las pruebas de que funciona: peso, pelaje y riñones
Desde su llegada, ambos osos han ganado peso y su pelaje ha mejorado. Las analíticas de seguimiento muestran que la función renal ha vuelto a la normalidad, un cambio notable respecto a los problemas graves detectados en el momento del rescate.
Chloe McElhatton, miembro del equipo de Wild Ireland, lleva algo más de un año en el santuario y es zoóloga: estudió cuatro años en la Queen’s University Belfast. Describe su trabajo como «muy único y bastante distinto de lo que haría la mayoría de la gente».
Según ella, la clave está en recuperar los comportamientos naturales: «Hemos hecho mucho trabajo escondiendo comida por los hábitats de los osos, animándolos a buscarla y forrajearla por sí mismos; esto promueve sus comportamientos naturales y les ayuda a sentirse más cómodos en ese nuevo espacio abierto».
«Con el tiempo hemos visto cómo su confianza ha crecido, y se aprecian grandes cambios, tanto físicos como mentales, en ambos.»
Chloe McElhatton, miembro del equipo de Wild Ireland
El hábitat ofrece bosque, agua y espacio para explorar, además de zonas resguardadas donde los osos pueden retirarse o alejarse de la vista del público.
Lo que se puede aprender: recuperar al animal, no solo salvarlo
Para McLaughlin, el primer paso de la recuperación es devolver a los animales a un entorno que se parezca a su vida natural: «Estos osos han sufrido traumas y el primer paso de esa recuperación es devolverlos al bosque, que pongan sus patas en la tierra y la hierba, y que empiecen a explorar».
La experiencia de Bu y Tyapa muestra que el rescate físico es solo el principio. Después hacen falta tratamiento veterinario, cuarentena, un espacio amplio y un trabajo cotidiano de estímulo para que los animales recuperen su conducta natural. Y también cooperación entre santuarios de países distintos, algo que en este caso fue decisivo.
Los visitantes de Wild Ireland perciben el resultado. Liam, que viene de Francia, los describe como «muy grandes y muy impresionantes» y cuenta: «Vi gallinas, unos lobos y unos monos, y luego los osos, que sin duda fueron mis favoritos».
Chris Roberts, vecino de Manorcunningham, a unos 20 minutos en coche del santuario, ha visitado el lugar tantas veces que ha perdido la cuenta, pero quería ver en persona a Bu y Tyapa: «Fue fantástico verlos en persona. Nos encantó y nos alegra verlos tan bien, sobre todo teniendo en cuenta su historia y las terribles condiciones en las que estuvieron antes».
Qué viene ahora: una vida por delante
Los osos continúan su adaptación en Wild Ireland. No se han especificado nuevas fases, y el objetivo que expresa McLaughlin es sencillo: «Esperamos que ahora puedan tener una vida plena y feliz».
Queda por ver cómo evolucionan en los próximos meses, pero el punto de partida es esperanzador: dos animales que estuvieron encerrados en jaulas hoy caminan por un bosque, beben agua con libertad y buscan su propia comida entre la vegetación.
Por la redacción de GUAY.news.





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