El cáncer de mama es el tumor más frecuente entre las mujeres. Según recordó el divulgador científico Marcos Pérez en la sección CurioCiencia de La Ventana de las Rías, en Radio Coruña, una de cada ocho tendrá esta enfermedad a lo largo de su vida. Sin embargo, la noticia que Pérez quiso poner sobre la mesa es esperanzadora: la mortalidad ha caído de forma notable en las últimas décadas.
La charla se emitió con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, que se celebra el 19 de octubre. El divulgador explicó que la investigación científica está transformando la manera de afrontar la enfermedad. Los avances en diagnóstico, la detección precoz y los tratamientos personalizados han permitido reducir de forma considerable las muertes. Pérez cifró ese descenso en aproximadamente un 40% desde los años noventa, una cifra que él mismo aportó en el programa.
No es una historia de personas concretas, sino de una colectividad: la de las pacientes, los profesionales sanitarios y los investigadores que, durante más de tres décadas, han ido sumando conocimiento. Hay, en palabras de la propia exposición, un camino recorrido y un tramo que aún queda por andar.
Menos muertes gracias a tratar mejor y a llegar antes
Según explicó Pérez, la bajada de la mortalidad por cáncer de mama está relacionada con dos factores que se refuerzan entre sí: las mejoras en los tratamientos y los programas de detección temprana. Detectar un tumor en sus primeras fases aumenta las posibilidades de aplicar tratamientos eficaces y mejora el pronóstico de las pacientes.
En el terreno de los tratamientos, el divulgador destacó la incorporación de nuevas terapias dirigidas, los avances farmacológicos y un mayor conocimiento de las características biológicas de los tumores. Todo ello permite abordar la enfermedad de forma cada vez más individualizada: no todos los tumores son iguales y, cuanto mejor se conoce su biología, más ajustada puede ser la respuesta terapéutica.
Pérez insistió en que estos avances han mejorado las perspectivas de supervivencia y han ampliado las opciones terapéuticas. Precisó, eso sí, que los resultados dependen del tipo de tumor, de su estadio y de las circunstancias de cada paciente. No hay una respuesta única, y el divulgador no la presentó como tal.
Las cifras clave
- 1 de cada 8: mujeres que tendrán cáncer de mama a lo largo de su vida.
- Aproximadamente un 40%: descenso de las muertes por cáncer de mama desde los años noventa, según Marcos Pérez.
- 45 años: edad desde la que se incorpora de forma progresiva a las mujeres al programa público de cribado en Galicia (antes, 50 años).
El valor de acudir a las citas del cribado
De todo lo dicho en el programa, el mensaje más práctico de Pérez fue el de la prevención secundaria, es decir, la que busca encontrar la enfermedad cuanto antes. El divulgador defendió acudir a las citas de cribado programadas por el sistema sanitario y conocer las posibles señales de alerta.
En Galicia, la ampliación del programa público contempla la incorporación progresiva de mujeres a partir de los 45 años, cuando hasta ahora el cribado empezaba a los 50. El objetivo de esta ampliación, según se explicó, es facilitar la detección de posibles tumores en fases tempranas y mejorar las posibilidades de tratamiento. Pérez subrayó que las estrategias de prevención deben diseñarse teniendo en cuenta la evidencia científica y los recursos disponibles en el sistema sanitario.
El divulgador recordó también que no hay que esperar a la siguiente mamografía programada si aparecen síntomas. Entre las posibles señales de alerta están la aparición de un bulto en la mama o en la axila, los cambios en la forma o el tamaño del pecho, las alteraciones en la piel y las secreciones anormales por el pezón. Estos síntomas no significan necesariamente que exista un cáncer, pero requieren valoración médica.
Cuándo consultar sin esperar al cribado
- Si aparece un bulto en la mama o en la axila.
- Si cambian la forma o el tamaño del pecho.
- Si hay alteraciones en la piel.
- Si se observan secreciones anormales por el pezón.
Ninguno de estos signos implica por sí solo un cáncer, pero todos merecen la valoración de un profesional sanitario.
El gran interrogante: por qué se diagnostica más, sobre todo a mujeres jóvenes
No todo son buenas noticias, y Pérez tampoco las presentó así. El aumento de los diagnósticos, especialmente entre mujeres jóvenes, plantea nuevos interrogantes para la comunidad científica. La exposición no cifra ese incremento, por lo que debe entenderse como una tendencia señalada por el divulgador y no como un dato medido en la emisión.
Los investigadores trabajan en dos líneas para entenderlo. La primera analiza la influencia de los hábitos de vida, como la alimentación, el sedentarismo y otros comportamientos relacionados con el estilo de vida, en el aumento de la incidencia. La segunda estudia la posible relación entre determinados tumores y la exposición a contaminantes ambientales, compuestos químicos industriales o pesticidas.
Aquí la cautela es la clave. La exposición a estas sustancias no implica necesariamente que provoquen cáncer de mama, y hace falta seguir investigando para determinar las relaciones causales. Por eso Pérez destacó la importancia de las regulaciones sanitarias y ambientales europeas y de mantener la inversión pública en investigación.
Ciencia y sistema público, de la mano
La idea que atraviesa la intervención de Pérez es que el progreso frente al cáncer de mama depende de dos pilares: la investigación científica y un sistema público de salud capaz de garantizar el acceso a la prevención, al diagnóstico y a los tratamientos. Sin uno, el otro no llega a las pacientes.
Por eso el divulgador defendió mantener la inversión científica y fortalecer los programas públicos de prevención. La investigación abre las puertas, pero son los programas de cribado, las consultas y los tratamientos los que hacen que ese conocimiento se traduzca en mejores resultados para las pacientes.
El texto de la emisión no detalla próximos pasos concretos ni plazos para la ampliación del cribado o para las líneas de investigación citadas, por lo que no es posible precisar qué vendrá después.
Del cáncer de mama a los neutrinos: la sección completa
La sección CurioCiencia de La Ventana de las Rías, en Radio Coruña, no se quedó en la salud. Dedicó parte de su espacio al cáncer de mama y otra parte a los neutrinos, unas partículas subatómicas de masa extremadamente pequeña que viajan a velocidades próximas a la de la luz y apenas interactúan con la materia. Cada segundo, enormes cantidades de ellas atraviesan el cuerpo humano sin que podamos percibirlas.
Pérez recordó que la existencia de los neutrinos fue propuesta teóricamente en 1930 para resolver un problema relacionado con la desintegración beta, y que décadas después se detectaron experimentalmente. Su estudio abre una vía para investigar fenómenos extremos del universo, como las supernovas y los agujeros negros supermasivos. Al hablar de ellas, el divulgador dijo: «Son las cosas más bonitas que hay en la naturaleza».
Un observatorio bajo el hielo antártico
Para estudiar estas partículas existe el IceCube Neutrino Observatory, instalado bajo el hielo antártico. Es un observatorio que detecta neutrinos de alta energía procedentes del espacio. Cuenta con miles de sensores distribuidos a profundidades de unos 2.500 metros y utiliza alrededor de un kilómetro cúbico de hielo como volumen de detección.
Su objetivo es registrar las escasas interacciones de los neutrinos y reconstruir su dirección de procedencia. Gracias a esta tecnología se pueden estudiar regiones del cosmos difíciles de observar únicamente mediante la luz. La investigación sobre neutrinos contribuye así al desarrollo de la astronomía de neutrinos, una disciplina que observa el universo desde una perspectiva diferente.
En la lista de personas asociadas a la información figura también el físico Francis Halzen, relacionado con el proyecto IceCube. El texto no recoge declaraciones suyas, por lo que no se le atribuye ninguna afirmación en esta noticia.
Neutrinos en cifras
- 1930: año en que se propuso teóricamente la existencia de los neutrinos.
- Aproximadamente 2.500 metros: profundidad a la que se distribuyen los sensores de IceCube.
- Alrededor de un kilómetro cúbico: volumen de hielo que utiliza IceCube como volumen de detección.
Que una misma emisión enlace la lucha contra una enfermedad que afecta a una de cada ocho mujeres con unas partículas que cruzan nuestro cuerpo sin ser notadas dice mucho del espíritu de la sección: la curiosidad científica sirve igual para entender el universo que para cuidar de la salud.
Por la redacción de GUAY.news.





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