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Ciencia

Países Bajos somete una marisma real a olas de dos metros

Una marisma auténtica sufrió olas de dos metros en un canal de pruebas: las plantas se dañaron, pero el suelo resistió.

Vegetación de marisma con agua y olas en un canal de pruebas de laboratorio.

Un fragmento de marisma auténtica, con su vegetación, sus raíces y buena parte de su suelo original, ha viajado desde la costa neerlandesa hasta un laboratorio para someterse a olas artificiales. El objetivo era comprobar con un experimento a gran escala algo que hasta ahora se estudiaba sobre todo con maquetas: cuánto protege un ecosistema natural frente a los temporales.

Los resultados, publicados en la revista Nature el 21 de octubre de 2026, dejan un panorama matizado. Las plantas sufrieron daños importantes, pero el suelo apenas retrocedió. Deltares, el instituto de investigación que alojó el ensayo, difundió ese mismo día un comunicado oficial con los detalles.

La pregunta de fondo preocupa cada vez más a los ingenieros costeros: ¿puede un ecosistema natural proteger una ciudad de las tormentas con una eficacia comparable a la de una barrera de hormigón? El experimento aporta pruebas, aunque sus autores y las instituciones implicadas insisten en que no sustituye a los diques en todos los casos.

Un trozo de marisma real, trasladado a un laboratorio

El material procede de las marismas de Peazemerlannen, junto al mar de Frisia. Los científicos extrajeron grandes bloques de suelo y vegetación, de varias toneladas de peso cada uno. Para llevarlos hasta las instalaciones de Deltares, en Delft, hicieron falta aproximadamente veinte camiones.

Una vez allí, el equipo reconstruyó 306 metros cuadrados de marisma conservando las plantas, las raíces y gran parte del suelo original. No se usaron plantas de plástico ni maquetas a pequeña escala, algo que distingue este trabajo de buena parte de los ensayos habituales en este campo.

El escenario fue el Delta Flume, un canal experimental de 300 metros de longitud y cinco de anchura. Está diseñado para estudiar cómo responden diques, playas y estructuras de protección ante oleajes extremos. El texto de referencia lo describe como uno de los generadores de olas más potentes del mundo, aunque esa afirmación no cuenta con una fuente verificable.

Cómo se probó: olas cada vez más fuertes

Con la marisma instalada, los investigadores aplicaron olas con intensidad creciente, hasta alcanzar alturas significativas de dos metros. La idea era observar dos procesos concretos: cuánto podían frenar las plantas el avance del oleaje y qué le ocurría al terreno cuando la fuerza del agua empezaba a arrancar parte de la vegetación.

La infraestructura permitió medir los cambios del ecosistema casi en tiempo real y aislar las variables que provocan la erosión, algo muy difícil de hacer durante una tormenta real. Los ensayos duraron aproximadamente 29 horas, aunque el análisis de daños menciona 21 horas de exposición al oleaje, y los datos disponibles no aclaran si se trata de periodos distintos. Tampoco consta la fecha en que se realizaron.

Lo que mostraron los datos: plantas dañadas, suelo firme

Tras la exposición, las plantas perdieron gran parte de su masa. La biomasa aérea se redujo entre un 75% y un 80%, y la longitud de los tallos disminuyó en torno a un 47%. El suelo, en cambio, perdió de media unos siete milímetros de sedimento en la superficie.

Las cifras del experimento

  • Superficie reconstruida: 306 metros cuadrados.
  • Canal de pruebas: 300 metros de largo y 5 de ancho.
  • Altura máxima de las olas: hasta 2 metros.
  • Pérdida media de sedimento: 7 milímetros.
  • Biomasa aérea perdida: entre el 75% y el 80%.
  • Reducción de la longitud de los tallos: alrededor del 47%.

El suelo de la marisma siguió funcionando como una plataforma relativamente estable, sostenida por el entramado de raíces. Las marismas no actúan como muros rígidos, sino como sistemas que disipan parte de la energía del oleaje: los tallos pueden doblarse o romperse sin que el conjunto deje de ofrecer protección.

La eficacia de la vegetación depende mucho del tamaño de las olas. Con olas de hasta aproximadamente un metro, las plantas pueden reducir su altura hasta un 50% en determinadas condiciones. Con olas mayores, su aportación disminuye y generalmente no supera el 10%.

Qué cambia para la protección de la costa

Estos resultados podrían llevar a combinar defensas artificiales con marismas restauradas que reduzcan la fuerza del oleaje antes de que llegue a las infraestructuras. En costas muy expuestas, las marismas no sustituyen necesariamente a las estructuras convencionales, pero sí pueden complementarlas y rebajar sus exigencias de mantenimiento.

Como ejemplo estimado, la contribución de la vegetación podría evitar elevar un dique 20 centímetros por kilómetro, con un ahorro cercano a 1,25 millones de euros. Es una cifra ilustrativa: no es aplicable automáticamente a cualquier litoral, y la eficacia de estas barreras, como destaca la Universidad de Twente, varía según la intensidad del oleaje y las características locales.

Los límites que advierten los investigadores

Las marismas tienen una condición de partida: necesitan acumular sedimentos para mantener su elevación frente al aumento del nivel del mar. Si el agua sube demasiado rápido o si dejan de recibir sedimentos, pueden perder superficie y, con ella, su capacidad protectora.

Tampoco conviene extrapolar sin cautela. El ensayo se hizo con un fragmento concreto de una marisma concreta, y los datos disponibles no detallan próximos pasos del proyecto.

Por qué importa

El experimento no demuestra que la naturaleza pueda reemplazar todos los diques. Lo que sí muestra es que un ecosistema aparentemente frágil puede soportar condiciones extremas y contribuir a reducir riesgos de inundación. Con pruebas a escala real y no solo con modelos, la conservación y restauración de marismas gana peso como parte de la solución a la protección costera, siempre combinada con defensas convencionales.

Por la redacción de GUAY.news.

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