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Medio ambiente

Una pareja fotografía 39 de los 40 felinos salvajes del planeta

Una pareja de California ha fotografiado 39 de los 40 felinos salvajes del mundo y destina lo recaudado a su conservación.

Cámara trampa instalada en el tronco de un árbol en un bosque tropical, con vegetación húmeda al fondo.

Una pareja de California ha convertido su pasión por los gatos salvajes en una misión de conservación. Sebastian Kennerknecht, de 41 años, y Rachel Tobias, de 37, han viajado a 33 países de cinco continentes para fotografiar a las 40 especies de felinos salvajes del mundo. Hasta ahora han captado 39 de la familia Felidae y les falta una: el oncilla del norte.

Su método es lento y poco glamuroso: cámaras trampa en bosques, desiertos y praderas, sin cebos ni señuelos, para observar el comportamiento natural de animales esquivos. Y su objetivo va más allá de la foto: usar esas imágenes para que la gente conozca a los felinos que tiene cerca y quiera protegerlos.

El problema: felinos que casi nadie conoce

Entre los felinos salvajes hay figuras famosas, como el guepardo, el tigre o el leopardo, y muchas especies pequeñas que apenas se conocen. La pareja quiere dar a conocer a 33 de esas especies pequeñas relativamente desconocidas para que se pueda hacer más por protegerlas.

Para Tobias, ese desconocimiento tiene consecuencias. «Hay muchas actividades humanas que podrían afectar negativamente a los felinos sin que la gente lo sepa», explica. Si nadie sabe que un felino vive en su entorno, difícilmente va a cuidarlo.

Tobias resume así la lógica de su trabajo: «Si proteges a los felinos pequeños, proteges a los grandes». La conservación de los más discretos, defiende, beneficia a todos.

La respuesta: fotografía, vallas y expediciones

Kennerknecht fotografía felinos desde la universidad. Estudió ecología en la Universidad de California, Santa Cruz, para entender a los animales, y se interesó especialmente por el lince rojo, que sigue siendo su felino favorito. Se conocieron con Tobias por internet, conectaron al instante por su amor a la naturaleza y su primera cita consistió en buscar linces rojos.

En 2024, Kennerknecht se dio cuenta de que ya tenía fotos de 30 de los felinos salvajes del mundo. De ahí nació el reto de completar las 40 especies. Desde entonces han captado imágenes de un guepardo en Tanzania, un tigre en India y un ocelote en Panamá.

Además de fotografiar, la pareja dirige expediciones en grupos pequeños para que otras personas observen a los felinos en su hábitat y aprendan a fotografiarlos. También han colocado vallas publicitarias en zonas con felinos salvajes, con fotos de los gatos locales y un eslogan directo: «Soy tu vecino».

La idea es acercar al animal a quienes comparten territorio con él. Según Tobias, contar una historia entre el espectador y el animal es «realmente poderoso para la conservación», y esa historia resulta «mucho más eficaz» que una simple imagen.

Las pruebas de que funciona

Los resultados más tangibles son económicos. Una sola foto de un gato de Borneo les reportó 120.000 dólares para labores de conservación. Durante cinco años, además, recaudaron unos 70.000 dólares al año para proteger leones en el Parque Nacional de Kafue, en Zambia.

Trabajan asociados con Panthera, descrita como la principal organización mundial de conservación de felinos salvajes. Esa alianza da un cauce a los fondos que consiguen con sus imágenes.

También hay un efecto en la percepción. Tobias asegura que la gente quiere proteger los espacios naturales y ayudar a la convivencia, y que las fotos de los animales que viven cerca despiertan ese interés. Las vallas con el lema «Soy tu vecino» buscan precisamente eso.

El trabajo duro detrás de cada imagen

Conseguir las fotos exige paciencia y resistencia. Kennerknecht lo resume sin adornos: «Trabajamos 99 % frustración y 1 % alegría».

Los obstáculos son constantes. Los elefantes aplastan sus cámaras trampa, los insectos se cuelan dentro y la humedad empaña las lentes, de modo que las imágenes quedan inservibles. En Malasia, cuenta Tobias, instalaron seis trampas, tuvieron que dormir en la selva llena de insectos y cargar 60 libras de equipo, unos 27 kilos.

La pareja renuncia a cebos y señuelos para ver el comportamiento natural de los felinos, aunque eso complique el trabajo. Para lograr imágenes más cuidadas, a veces recurren a montajes más elaborados: «Montamos un estudio en el bosque», dice Tobias.

Límites y lo que queda por hacer

El proyecto tiene límites claros. Kennerknecht reconoce que, aunque la experiencia ha sido «bastante increíble», medir la conciencia local ha sido difícil. Las vallas y las expediciones llegan a la gente, pero no es sencillo saber cuánto cambian sus actitudes.

Queda además la última pieza. El oncilla del norte, que vive en Centroamérica, es uno de los felinos salvajes más pequeños de América y uno de los menos vistos. Las cámaras trampa llevan instaladas en Paraguay desde abril, con un equipo en tierra que las revisa con frecuencia. No hay plazo fijado para conseguirlo.

Aun así, el camino recorrido deja una lección aprovechable: la divulgación y la conservación pueden ir de la mano. Una imagen bien contada puede financiar la protección de leones en Zambia y, a la vez, convencer a un vecino de que ese felino misterioso del monte merece cuidado. Como dice Tobias, «no hay nada más bonito que una leopardo hembra».

Por la redacción de GUAY.news.

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