«Era la primera vez que Hasen se sentaba con ellos en un comedor». Así recuerda Midori Uehara uno de los momentos que más marcaron a su equipo mientras probaba el prototipo de Guimo, un sistema de soporte postural para niñas y niños con parálisis cerebral que acaba de ganar el James Dyson Award México 2026. Detrás del proyecto están tres estudiantes de Diseño del Tec de Monterrey, campus Querétaro: Midori Uehara García, Judith Gutiérrez Rodríguez y Diego Díaz Barriga Chávez.
Un asiento que crece con el niño
Guimo es un sistema postural modular pensado para niños de entre 5 y 11 años. Su estructura se adapta a diferentes tipos de silla y a las necesidades concretas de cada usuario mediante módulos que se ajustan progresivamente, de modo que puede acompañar al pequeño a medida que crece en lugar de tener que sustituirlo cada vez que cambia su tamaño o su postura.
La inspiración llegó de la columna vertebral humana y de su funcionamiento. «Cada niño tiene sus necesidades específicas y fue de ahí donde nace la idea de hacerlo modular y ajustable», explica Judith Gutiérrez. Además, es ligero y transportable, para que pueda usarse en casa, en la escuela, en una visita familiar o incluso en un restaurante. Según la ficha oficial del proyecto, busca tener un coste inferior al de muchas alternativas especializadas y utiliza piezas comerciales y herrajes estándar para facilitar su fabricación.
Diseñar escuchando a las familias
El proyecto nació en la asignatura Forma, Función y Sentido, en la que el equipo hizo investigación etnográfica con familias del Centro de Rehabilitación Integral de Querétaro (CRIQ). Allí descubrieron lo difícil que es acceder a sistemas que se adapten a cada niño y que, además, acompañen su crecimiento, y que muchos equipos son voluminosos y complicados de trasladar.
«Si no tienes un contacto real con las personas usuarias, lo que desarrolles, tu producto, nunca va a llegar a los puntos verdaderamente relevantes que necesitan las personas», resume Midori Uehara.
El camino fue de prueba y error. Construyeron versiones de cartón y de madera, además de modelos digitales, y las llevaron al CRIQ para escuchar a fisioterapeutas, familias y usuarios. Una fisioterapeuta les hizo cambiar un planteamiento clave: al principio querían que el sistema acompañara el movimiento del cuerpo de forma dinámica, pero ella les explicó que los niños necesitan mantener ciertas posiciones de manera estable y segura. «Cada cosa que cambiábamos era para mejorar», cuenta Judith. El prototipo presentado en clase fue el número nueve; ya van por la décima iteración.
Rumbo a la final internacional
Como ganador nacional, Guimo recibe un premio de 115.460 pesos y pasa a la fase internacional del concurso, organizado por la James Dyson Foundation para impulsar a estudiantes y recién titulados que resuelven problemas reales con ingeniería y diseño. El 14 de octubre los ingenieros de Dyson elegirán 20 finalistas internacionales y el 4 de noviembre se anunciarán el ganador internacional y el Premio de Sostenibilidad.
El equipo ya piensa en el futuro: módulos compatibles con sillas de ruedas y otros dispositivos de transporte, y una versión más grande para adolescentes y adultos. «Queremos llegar a la mayor cantidad de niños con parálisis cerebral para poder ayudarlos a vivir una vida con más calidad y con más conexión», afirma Midori.
Por qué importa
Un buen soporte postural no es solo una cuestión médica: decide si un niño puede comer con su familia, jugar en el colegio o salir a un restaurante. Guimo propone una solución más asequible, que crece con quien la usa y que nace de escuchar a familias y terapeutas. Como resume Diego Díaz Barriga, integrarlos en la vida cotidiana «puede impulsar su desarrollo más allá de lo postural, también en lo emocional y social». Y el propio equipo lo dice mejor que nadie: si más niños pueden sentarse a la mesa y convivir con los suyos, «el diseño habrá cumplido su propósito».
Por la redacción de GUAY.news.





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