Bruno tenía 17 años y llevaba una vida completamente normal hasta que un día, sin previo aviso, se desmayó. «Era la primera vez que me pasaba algo así», recuerda. Varios estudios genéticos pusieron nombre al problema: nefronoptisis, una enfermedad renal. Cuando llegó el diagnóstico, sus riñones funcionaban ya a solo un 7 %. Hoy, tras recibir un riñón de su padre en uno de los primeros trasplantes renales robóticos de donante vivo del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, lo resume así: «Ahora me encuentro mejor que antes».
De la diálisis a la donación de un padre
Con el diagnóstico llegó la diálisis, y Bruno la afrontó con una madurez sorprendente: «Me lo tomé como una rutina, como ir a clase, como comer». A la segunda semana de ingreso le dijeron que necesitaba un trasplante. Aceptarlo no fue inmediato; reconoce que necesitó tiempo y ayuda. Su padre, Manuel, admite que «como padre es complicado», pero la familia buscó refugio en el humor y en el apoyo de los sanitarios: «Te están dando una salida y eso te relaja». Tanto él como la madre de Bruno se ofrecieron como donantes; el compatible fue Manuel.
«El robot no le va a operar. Nosotros lo vamos a hacer»
Entonces surgió una opción inesperada. El Reina Sofía estaba poniendo en marcha su programa de trasplante renal robótico de donante vivo, y Bruno se convirtió en uno de sus dos primeros receptores. La operación se hizo a principios de junio: el riñón del padre se extrajo por laparoscopia y el robot se usó para implantarlo en el hijo. Ambos estaban anestesiados a la vez y dos equipos coordinados, 14 profesionales en total, trabajaron en paralelo.
El doctor Pablo Campos, jefe de Urología del hospital y cirujano que lideró la intervención, insiste en que la máquina no sustituye a nadie: «El robot no le va a operar. Nosotros lo vamos a hacer, solo que tenemos la suerte de que nos va a ayudar a hacerlo». La visión tridimensional ampliada y la precisión de movimientos son clave para unir los vasos del riñón donado con los del receptor mediante suturas finísimas y con rapidez. Según el hospital, los resultados son equiparables a los de la cirugía abierta, con las ventajas de la mínima invasión: menos dolor y sangrado, menos complicaciones en la herida, recuperación más rápida y mejor resultado estético.
Dos años de preparación
Nada fue improvisado. El equipo se preparó durante unos dos años, con formación específica, estancias en hospitales con experiencia y la colaboración de los servicios de Urología de Bellvitge (Barcelona) y Puerta del Mar (Cádiz). «Si algo tiene que salir bien, es aquí», resume Campos, para quien el robot «ha venido a democratizar la cirugía compleja», porque permite extender técnicas muy especializadas a más centros y facilita la formación de nuevos cirujanos. El Reina Sofía, que instaló su primer sistema Da Vinci en 2018, supera ya las 3.000 intervenciones robóticas en seis especialidades y aspira a extender la técnica a trasplantes de donante fallecido.
Por qué importa
Detrás de palabras como «precisión» o «cirugía mínimamente invasiva» hay historias como la de Bruno: un adolescente que recupera su vida gracias a la generosidad de su padre y al trabajo de un equipo que se preparó a conciencia. Que un hospital público andaluz incorpore esta técnica acerca a más pacientes una cirugía con menos dolor y una recuperación más rápida, tanto para quien recibe como para quien dona.
Por la redacción de GUAY.news.





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