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Salud

El hospital La Paz trata la hemofilia B con una terapia génica

El Hospital La Paz de Madrid aplica una terapia génica en una sola infusión para detener los sangrados de un paciente con hemofilia B.

Enfermera ajustando una vía intravenosa en el brazo de un paciente en una sala de infusión hospitalaria

El Hospital público La Paz, en la Comunidad de Madrid, ha aplicado por primera vez en la región una terapia génica a un paciente con hemofilia B con el objetivo de detener los sangrados que sufre. El tratamiento consiste en una única infusión intravenosa que pretende que el propio organismo del enfermo fabrique la proteína que le falta para coagular la sangre. El equipo médico del centro ha seguido el procedimiento y mantiene ahora un control estrecho del paciente.

La información no precisa la fecha de la intervención ni la edad o el sexo del enfermo, que no ha sido identificado, y tampoco indica cuántas personas han recibido ya este tratamiento. Además, el titular habla de un tratamiento aplicado «por primera vez a un paciente», mientras que el cuerpo de la información señala que es la primera vez «en la región». Por eso no queda del todo claro si el caso es el primero de este tipo en la Comunidad de Madrid o si se trata solo del primer paciente tratado con esta técnica.

Cómo funciona la terapia

La terapia aplicada se basa en un vector viral modificado e inofensivo que transporta el gen correcto hasta los hepatocitos, que son las células del hígado. Una vez allí, las células hepáticas reciben las instrucciones genéticas necesarias para sintetizar por sí mismas, de forma continuada, la proteína responsable de la coagulación sanguínea.

La diferencia con los tratamientos tradicionales está en el punto de partida. Según los hechos, la terapia proporciona al organismo la información para fabricar el factor que le falta, en lugar de reponerlo desde fuera. El objetivo es que el organismo mantenga niveles de coagulación suficientes para reducir drásticamente las hemorragias.

En la mayoría de los casos se pretende además suspender la profilaxis permanente, es decir, la administración regular de medicación que hasta ahora condicionaba la vida diaria de estos enfermos. La intervención se resuelve con una única infusión intravenosa, frente a la pauta de administraciones periódicas que estos pacientes seguían hasta ahora.

Qué es la hemofilia B y por qué afecta a la vida diaria

La hemofilia B es un trastorno hereditario en el que los afectados sufren sangrados frecuentes. Estos pueden aparecer de forma espontánea o tras pequeños golpes, lo que obliga a los pacientes a vigilar constantemente su actividad física.

Las hemorragias afectan especialmente a las articulaciones, como tobillos, rodillas y codos. Las hemorragias repetidas provocan dolor, daño articular progresivo y severas limitaciones de movilidad. Es esa acumulación de episodios, y no solo cada sangrado aislado, lo que condiciona la vida diaria de quienes padecen la enfermedad.

Antecedentes: la pauta de tratamiento hasta ahora

Hasta la fecha, los pacientes con hemofilia B debían recibir inyecciones periódicas del factor deficitario durante toda su vida. Los tratamientos actuales con factor IX de vida media extendida ya habían permitido espaciar esas administraciones, pero no eliminarlas.

Según el texto, la terapia génica supone un cambio de paradigma para esta patología, porque actúa directamente sobre la causa de la dolencia en lugar de limitarse a reponer el factor desde el exterior. Los especialistas describen este tipo de resultado como una «cura funcional», una expresión que aparece entre comillas en la información y que no se atribuye a una persona concreta.

Lo que sí dicen los hechos: el paciente deja de necesitar medicación continua y no sufre sangrados. Al mismo tiempo, la alteración genética original se mantiene en el resto de sus células y sigue siendo transmisible a la descendencia.

Seguimiento clínico y posibles efectos a vigilar

El equipo médico mantiene un estrecho seguimiento del paciente, con evaluación de la función hepática y de la evolución de los niveles de transaminasas, que son enzimas que indican cómo responde el hígado. Esa vigilancia es clave porque la terapia actúa precisamente sobre las células de este órgano.

En algunos casos, la evolución de las transaminasas puede requerir el uso temporal de corticoides. Como la respuesta individual puede variar, el control clínico se prolongará durante años para monitorizar la eficacia y la seguridad de la terapia a largo plazo.

Qué no se sabe todavía

Los hechos disponibles no especifican si el tratamiento se ha aplicado en el marco de un ensayo clínico o de forma asistencial, ni identifican el producto o el nombre del vector utilizado. Tampoco se indica la fecha de publicación de la información.

Esos datos, junto con la evolución del paciente a medio y largo plazo, serán los que permitan valorar el alcance real del caso. Hasta entonces, la información disponible se limita a la intervención en un paciente no identificado y a la descripción del mecanismo de la terapia.

Por la redacción de GUAY.news.

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