María Ciudad Romero afronta su rutina diaria con una perspectiva muy clara sobre el sufrimiento físico que padece desde hace décadas. En su día a día siente un dolor intenso en las piernas y con frecuencia tiene que darse golpecitos para evitar que se le duermen, una realidad que convive con su pasión por el montañismo extremo. Lejos de dejarse vencer por las limitaciones, ha demostrado que es posible alcanzar cimas internacionales como el Kilimanjaro, la montaña más alta de África, y el campo base del Everest, la montaña más alta del mundo, enfrentándose a sus dolencias con una fortaleza mental poco común.
Su historia es la de una transformación personal profunda que la ha llevado de una situación de reclusión en su domicilio y baja laboral constante a practicar el montañismo a gran escala. Su motivación principal incluye dar visibilidad a sus patologías, servir de inspiración a sus hijos y padres, y aplicar la fuerza mental aprendida en la naturaleza a su propia existencia cotidiana, alternando sus periodos de actividad con los necesarios descansos en casa.
Los inicios y el largo periplo médico
Los problemas de salud de María comenzaron cuando era pequeña, hace más de 40 años. Durante esa etapa sufrió dolores musculares, sensación de rigidez, insomnio, problemas digestivos y sequedad de las mucosas, especialmente en los ojos, la boca y el aparato reproductor. En aquellos primeros años se enfrentó a la incomprensión de su entorno y de los médicos, quienes le decían que era una manera de llamar la atención o le recetaban una medicación inadecuada que terminó por causarle cinco úlceras gástricas debido a los diagnósticos erróneos.
El punto de inflexión en su diagnóstico llegó a los 15 años, cuando una reumatóloga de Zaragoza le puso nombre a la fibromialgia. A esta dolencia se sumaron con los años otras enfermedades autoinmunes, reumáticas, degenerativas y digestivas crónicas. Tras pasar por una etapa en la que no quería salir de casa, decidió estudiar para obtener un mejor trabajo y sacar a sus hijos adelante, superando el aislamiento y sentando las bases de lo que vendría después.
El amor por la montaña y los grandes retos
Su relación con la naturaleza comenzó hace unos 30 años con paseos largos y pequeñas rutas que poco a poco fueron ganando en exigencia. Con los años, su determinación la llevó a coronar el Toubkal, Monte Perdido, Posets, Taillón y Garmo Negro, hasta dar el salto a cumbres internacionales de gran envergadura. Su preparación física requiere una cautela extrema debido a la fatiga muscular y el dolor: realiza estiramientos en casa, acude dos días a la semana al gimnasio y sale a andar para mantener una base física adecuada.
Las expediciones han estado marcadas por situaciones límite que ponen a prueba su resistencia física. Había sido operada por quinta vez tan solo un mes antes de emprender su viaje al Kilimanjaro, y a dos etapas de la cima sufrió una lumbalgia además de su dolor diario. En otra ocasión, logró terminar el reto del campo base del Everest con dos costillas y un dedo de una mano rotos. En cada descenso, la primera llamada que realiza es a sus padres para decirles que lo ha conseguido y que se encuentra bien.
Superación mental frente al dolor crónico
La clave de su éxito radica en la gestión de la mente y la aceptación de su condición médica. Como ella misma explica al valorar su recorrido: Llegar hasta aquí me ha costado muchos años, pero lo he conseguido. Lo he conseguido a base de aceptar y de quitarme miedos. Antes dejaba de hacer las cosas que me apetecían por el dolor, pero llegué a un punto en el que me di cuenta de que la enfermedad no debía mandar en su día a día, sino mi cabeza. Esta filosofía se resume en la frase que lleva en la bandera que porta a sus retos, junto a las imágenes de sus hijos y sus padres: A la cima no se llega superando a los demás, sino superándose a sí misma.
Su perspectiva sobre la enfermedad se sustenta en una convicción inquebrantable que repite al valorar su presencia en los entornos naturales: El dolor va a estar igual en el sofá que en una montaña, entonces prefiero estar en la naturaleza. La montaña me regenera. Al mismo tiempo, en los momentos de mayor intensidad física, refleja la dureza de sus patologías con expresiones sinceras como Ahora mismo me las arrancaría del dolor, demostrando que su triunfo no es la ausencia de sufrimiento, sino la capacidad de actuar a pesar de él.
Reconocimientos y próximos proyectos
La trayectoria de superación de María ha sido reconocida públicamente en numerosas ocasiones. Ha recibido dos premios nacionales entregados por reconocidos alpinistas como Alex Txikon, Ferran Latorre y Juanito Oiarzabal. Además, el año pasado ejerció como pregonera de su pueblo, Bardenas, y en Ejea de los Caballeros van a nombrar una ruta local en su honor bajo el nombre de «María Ciudad Romero, camino por la superación». En su día a día, además de mantenerse activa físicamente, acude a clases de historia de Aragón y de inglés.
Lejos de dar por concluida su trayectoria en la alta montaña, ya tiene la vista puesta en el futuro. Tiene previsto un nuevo reto para octubre de 2027 para volver a Nepal y coronar la cima del Mera Peak, situada a unos 6.476 metros de altitud, con el objetivo de ascender sin oxígeno. Para alcanzar esta nueva meta deberá someterse previamente a una operación de hombro, manteniendo intacta la actitud que la ha guiado durante toda su vida adulta.
Por la redacción de GUAY.news.
Imagen: «Hiking boots, fashion» (CC0 1.0), vía Openverse.





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