Uno de los primates más amenazados del planeta está volviendo a casa. La marimonda del Magdalena, también conocida como mono araña café o choibo (Ateles hybridus), está regresando a zonas del Magdalena Medio, en Colombia, de las que había desaparecido. La clave ha sido una decisión de propietarios de fincas de Yondó (Antioquia) y Cimitarra (Santander): reservar parte de sus tierras para conservar el bosque.
Los resultados proceden del seguimiento del Proyecto Vida Silvestre (PVS) de WCS Colombia. Entre 2014 y 2015, por cada 100 hectáreas revisadas, la marimonda estaba presente en el 15 % de ellas. En 2016 esa cifra subió al 34 %; en 2017 superó el 56 %, y desde 2020 está por encima del 65 %. El primate también volvió a más de la mitad de las fincas con acuerdos de conservación. En cambio, en los terrenos sin esos compromisos, el regreso de marimondas y paujiles nunca superó el 10 %.
Una especie al borde
El avance es especialmente valioso por la situación de partida. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), las poblaciones de esta especie se han reducido un 80 % por la pérdida de hábitat, a lo que se suman la caza y la captura para el tráfico. La marimonda del Magdalena está catalogada En Peligro Crítico y figura en la lista de los 25 primates más amenazados del mundo.
Leonor Valenzuela, coordinadora de Análisis y Síntesis de WCS Colombia, destaca el efecto que puede tener el compromiso de los propietarios. Un estudio de la organización comprobó que la colonización aumenta a medida que crecen las áreas bajo conservación y que las especies desaparecidas de algunos predios pueden regresar cuando disminuyen las amenazas. Algunas de las fincas participantes fueron El Silencio, San Bartolo y Lucitania.
Corredores que reconectan el bosque
La marimonda necesita árboles altos para desplazarse por el dosel y agruparse. Por eso, además de proteger bosque dentro de las fincas, el proyecto restauró corredores ecológicos en zonas fragmentadas, sobre todo por la ganadería. Se establecieron 10 corredores, que suman unas 15 hectáreas en restauración y que buscan conectar cerca de 1.000 hectáreas de bosque.
Las cámaras trampa instaladas en esos corredores registraron 21 de las 32 especies de vertebrados observadas en los bosques de referencia, entre ellas mamíferos y aves medianos y grandes. Y tras cuatro o cinco años, los corredores ya no mostraban diferencias estructurales significativas con esos bosques. La conclusión es esperanzadora: no siempre hace falta recuperar grandes extensiones para reconectar un paisaje, y conservar y producir pueden convivir.
El paujil de pico azul también regresa
La recuperación alcanza a otra especie en peligro crítico que comparte territorio con la marimonda: el paujil de pico azul (Crax alberti), un ave endémica de Colombia de la que, según la UICN, quedan poco más de 1.000 adultos. En 2014, el paujil aparecía en apenas el 8 % de un bosque de 100 hectáreas; con los acuerdos, pasó al 19 % en 2016, al 32 % en 2017 y desde 2020 supera el 34 %. En el 56 % de las fincas donde los propietarios ya no lo veían, el ave volvió tras la firma de los acuerdos. Hoy hay 18.000 hectáreas conservadas bajo este modelo, y un estudio de WCS concluye que, si el paujil deja de ser cazado en los mayores remanentes de Yondó, la especie podría tener una opción de supervivencia superior a 100 años.
A partir de este año, el Proyecto Vida Silvestre extenderá el trabajo a otras zonas rurales de Yondó y Cimitarra. El estudio contó con la participación de la Fundación Biodiversa Colombia y la Fundación Proyecto Primates.
Por qué importa
Esta historia demuestra que la naturaleza responde cuando se le da una oportunidad. Propietarios que deciden conservar una parte de su tierra, corredores de bosque bien situados y menos presión de caza han bastado para que dos especies al límite vuelvan a lugares donde ya no se las veía. Es un modelo que protege la biodiversidad sin renunciar a la vida productiva del campo.
Por la redacción de GUAY.news.





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